Escucha esta nota aquí

Es frecuente escuchar que algún boliviano trabajó, hizo prácticas o logró algún premio o reconocimiento de la NASA, pero poco o nada se sabe de alguno que haya hecho carrera dentro de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos. Sin embargo, la paceña Verónica Otero lleva 20 años dentro de la agencia espacial. 

Ha trabajado en el desarrollo de más de una decena de satélites y proyectos aeroespaciales y ha logrado importantes puestos de liderazgo. Hace poco, logró otro reconocimiento a su labor, al ser ascendida al cargo de Branch Head (jefe de departamento o jefe de rama) de la oficina de Ingeniería Térmica del Goddard Space Flight Center (Centro de Vuelo Espacial Goddard), de la NASA, un cargo de gran relevancia y que implica comandar un grupo de más de 80 personas especializadas en el área.

Verónica, que el 30 de agosto pasado cumplió 43 años, no es de hacer aspaviento de sus logros ni de su trabajo, todo lo contrario, es más bien reservada y si se prestó a contar su historia no fue en busca de reconocimiento, sino motivada por las charlas que ha dado para niños en escuelas de Maryland, donde vive y en las que ha tratado de explicar la importancia que tiene para las personas y el planeta la investigación aeroespacial.

“He estado involucrada en muchos proyectos, he aprendido tantas cosas que considero que ahora me toca devolver a la comunidad parte de esos conocimientos e inspirar a niños, otras mujeres y hombres para que puedan estar en roles en los que yo estuve o estoy. Como líder creo que puedo hacer eso: inspirar a más latinos, bolivianos y otras minorías que todavía somos escasos en la industria aeroespacial”, explica.

Inicios

De padre cochabambino y madre argentina (pero de familia boliviana), Verónica nació en La Paz en 1978, donde pasó parte de su niñez y en la que conoció entrañables amigos con los que estableció lazos que siguen hasta hoy. Luego vivió en México, Canadá hasta que en junio de 1991 su familia se estableció en Maryland, que forma parte del área metropolitana de Washington DC donde reside actualmente.

Fue en la secundaria que descubrió lo que quería ser “En aquella época tenía un profesor de ciencias que nos explicó lo que era la astronomía y quedé fascinada y desde ese momento pensé que tenía que pasar el resto de mi vida estudiando el universo”, cuenta entre risas.

Animada por alcanzar su sueño, se graduó con honores en Ingeniería Mecánica de la Universidad de Maryland en el año 2000. Luego de trabajar a tiempo completo en el área de ingeniería térmica decidió continuar estudios a tiempo parcial y completar su maestría en Ingeniería Aeroespacial en la misma universidad, donde se graduó con honores en julio de 2007.


Satélite. La boliviana (primera de la derecha) junto a colegas en el desarrollo del Landsat-8 en 2013.


Trayectoria

Al graduarse trabajó en una compañía aeroespacial, que prestaba servicios para la NASA en el laboratorio de investigación Goddard Space Flight Center de Maryland. Trabajó siete años como contratista. Durante esos años terminó su maestría en Ingeniería Aeroespacial y después continuó trabajando en el mismo laboratorio, pero como empleada del gobierno federal en la NASA.

Su experiencia abarca, desde diseño inicial y desarrollo de los instrumentos payload (carga útil en telecomunicaciones e informática), integración y test de hardware del espacio, lanzamiento y asistencia a las misiones de apoyo operativo.

Desde 2001 ha participado en programas, como el ‘Shuttle Small Payload Project Office’, donde trabajó en la implementación de instrumentos para los transbordadores espaciales. En el ‘Geo Stationary Operational Environmental Satellites Program’, implementando instrumentos que estudian la tierra y otros fenómenos naturales en satélites climáticos.

También ha sido parte de los programas Landsat-8 y Landsat-9, que son los programas satelitales que más tiempo han estado operativos en el mundo. El instrumento en el que ha trabajado en los últimos seis años es parte del Landsat-9, que será puesto en órbita el 27 de septiembre.

“Es el noveno satélite, que desde 1970 brinda información acerca de distintas partes del planeta y el instrumento que implementamos es el sensor de infrarrojos térmico 2 o TIRS-2, una versión mejorada del TIRS, que hay en el Landsat-8, que medirá el calor (temperatura de brillo) de las superficies de la tierra.

“Es muy importante, porque gracias a eso pueden ver cuánta agua se consume en diferentes partes del planeta y como ya sabemos es un recurso valioso y que a veces nos falta”, explica la ingeniera boliviana.

Verónica Otero fue, además parte del programa ICESat-2, un satélite climático para medir el deshielo debido al calentamiento del planeta. ICESat mide la altura de las capas de hielo y ve cómo se va derritiendo con el cambio de clima (climate change) producido por los humanos.

Actualmente se encuentra trabajando en el programa Capture, Contain, Return System o Sistema de Recuperación de Muestras de Marte, que es la segunda fase de la misión de la NASA al planeta rojo y que consiste en traer de vuelta a la tierra material de investigación recogido en dicho planeta para estudiarlo.

Una labor que implica muchas horas de trabajo, dedicación y pruebas. “Equivocarse implica perder millones de dólares, tiempo y en el caso de la misión a Marte, si pierdes la oportunidad de lanzar cuando el planeta está alineado de una determinada manera, te puede retrasar dos a tres años de trabajo”, señala Verónica.




Embarazada. Verónica (centro) junto a dos colegas en el año 2010

Sin embargo, para esta ingeniera, que está casada con un libanés y es madre de dos hijos de 13 y 10 años, le apasiona lo que hace, porque sabe que todo el esfuerzo que haga tendrá un impacto en el desarrollo de la humanidad y del planeta, por eso es que también es de asumir nuevos retos, reflejo de ello es la carrera ascendente que ha tenido en las últimas dos décadas y en especial, ahora que será la cabeza de la Oficina de Ingeniería Térmica del Centro de Vuelos Goddard de la NASA.

“El área de Ingeniería Térmica es un área que está bajo la disciplina de la mecánica y lo que hacemos nosotros es usar diferentes maneras y tecnologías para mantener cada parte del satélite en una temperatura que no les afecte. El espacio es un ambiente con temperaturas muy drásticas, ya sea si estás viendo el sol o si estás en la sombra. Entonces eso requiere que haya un grupo de gente, nosotros, los ingenieros térmicos, que diseñamos maneras y tecnologías para poder mantener todo de una manera más cómoda para el funcionamiento de los satélites. Y mi puesto específicamente será el de jefa del grupo de los ingenieros térmicos del laboratorio Goddard, que es uno de los más grandes de la NASA”, comenta Otero.



Preparación. Imágenes del montaje del satélite Landsat-9 que será puesto en órbita este 27 de septiembre.

Mayor diversidad

Verónica Otero cuenta que desafortunadamente son pocas las mujeres que trabajan en el área en el que ella se desempeña. Incluso cuando estaba en la universidad eran muy pocas las que seguían la carrera de Ingeniería.

“Quizás por razones culturales no se animaban a estas carreras técnicas. Me gustaría atraer a más mujeres y tener equipos diversos, por eso voy y hablo en los colegios y trato de ser un ejemplo para las niñas; en especial con las más chicas para que entiendan que pueden ser ingenieras. Muchas se sorprenden al ver que soy mujer, latina y del trabajo que hago. Mi idea es que ellas digan, ‘wow yo también puedo ir por ese camino’ y eso es lo que trato de aconsejarles. Si les interesa la ciencia, las matemáticas, el lado técnico, que no tengan miedo, que sepan que ellas pueden, que hay mujeres haciendo esas labores tradicionalmente destinadas a los hombres y que estamos aquí para ayudarlas”, sostiene Verónica.

Afectos. Primera de la izquierda junto a sus padres, hermano, hijos, esposo y sobrinos. Con ellos pasa el tiempo libre. Confiesa que lo que más extraña de Bolivia son sus familiares y amigos. La última vez que visitó el país fue en 2018.

Comentarios