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Pablo ortiz

Si se comparan los resultados de las encuestas de CiesMori de julio y octubre, la ‘foto’ no cambia demasiado. Evo Morales pierde ocho décimas, mientras que Carlos Mesa sube nueve. Óscar Ortiz es el que más cae, 1,2%.

El único ‘fenómeno’ ha sido el comportamiento de la candidatura de Chi Hyun Chung, que ni siquiera alcanzó a ser medida en julio (el PDC no tenía candidato a esas alturas de la campaña, por la renuncia de Jaime Paz) y que trae a Bolivia dos fenómenos que habían recorrido los comicios de todo el continente: el ‘outsider’, un candidato de fuera del circuito político que logra aglutinar parte del descontento y el descrédito del sistema tradicional (Nayib Bukele, de El Salvador, o Donald Trump, en Estado Unidos, son los ejemplos más exitosos) y el voto devocional, la irrupción de los evangélicos en la política que, en Costa Rica, casi conquistan el poder con Fabricio Alvarado y que ayudaron a encumbrar a Jair Bolsonaro en Brasil.

Este fenómeno puede explicar el decrecimiento en la intención de voto de Óscar Ortiz, ya que ideológica y discursivamente Chi aparece a su derecha, con un lenguaje más duro y convincente para ese ‘mercado electoral’ que el de Víctor Hugo Cárdenas, que al abandonar la retórica altisonante y centrarse en propuestas más coherentes con su pasado, desapareció de la contienda electoral.

Sin embargo, eso no explica por qué Morales y Mesa se han quedado congelados. La respuesta esté tal vez en lo que ha pasado con sus campañas. Por un lado, el oficialismo se ha visto afectado por los incendios en la Chiquitania y el Pantanal, donde el Gobierno fue visto como el principal responsable por dos instrumentos legales que permitían la quema controlada sin mucho trámite.

Por el lado de Mesa, que plantea como base de su propuesta un discurso anticorrupción y autoritarismo, se vio afectado por la falta de respuestas a si recibió recursos de gastos reservados o si cobró una especie de caché de $us 1,2 millones a Gonzalo Sánchez de Lozada para ser candidato.

Así, la esperanza de Mesa en llegar a la segunda vuelta se centra de momento en el voto de las capitales (le saca seis puntos a Morales), pero el presidente sigue siendo fuerte en ciudades intermedias y en el ámbito rural, donde supera a su contendiente por hasta un 37% en zonas más dispersas. El de Mesa -al igual que el de Chi- es un voto de gente más instruida, mientras que la base de Morales sigue siendo popular.