Opinión

Una marcha siempre de subida

12 de julio de 2021, 5:00 AM
12 de julio de 2021, 5:00 AM

Muchas reivindicaciones sociales en Bolivia han estado marcadas por movilizaciones pequeñas, hasta podría decirse que diminutas, pero que en el fondo reflejaban la llama de una demanda genuina. Domitila Chungara lo demostró al debilitar la dictadura militar en 1978 con una huelga de hambre que inició junto a tres mujeres mineras, lo cual aceleró la restitución de la democracia en el país.

La marcha de los indígenas bolivianos desde el oriente hasta La Paz, en 1990, que pedía el respeto a sus territorios, así como la del Tipnis que demandaba también el respeto al Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro-Sécure, son los emblemas de bolivianos que entienden que es preciso ese sacrificio para generar mejores condiciones para sus conciudadanos.

Ahora estamos presenciando la marcha solitaria de Gonzalo Melgar Vaquero, un contador desempleado que hace más de 50 días salió de Santa Cruz para pedirle al presidente Luis Arce que le devuelva sus ahorros de jubilación, una demanda que muchos bolivianos están exigiendo y que fue parte de la promesa de campaña del actual mandatario.

Los medios de comunicación han estado siguiendo esta marcha, e incluso agencias de información internacionales hicieron eco de esta iniciativa de Gonzalo Melgar. Asimismo, en las redes sociales miles de bolivianos son testigos de los obstáculos que este caminante tiene que sortear en su recorrido de 800 kilómetros.

Llegar caminado a la ciudad de La Paz, desde Santa Cruz, es pasar de los 400 metros sobre el nivel del mar a una altitud de más de 3.600 metros, lo que implica no solo ampollas en los pies, sino la falta de oxígeno, las macurcas de todo el cuerpo, los calambres en las piernas, entre otras dolencias. Este es un reto clasificado solo para aquellos atletas que participan en competencias Ironman, que requieren duro y largo entrenamiento. Sin embargo, a sus más de 50 años de edad Gonzalo, diagnosticado con el mal de Chagas y sin la preparación física previa, comenzó esta subida a la sede de Gobierno.

Pero no solo es una marcha de subida que requiere esfuerzo físico y psicológico. Esta es una marcha de subida porque pretende superar la muralla de la política que da giros, que pone trampas, que dice pero que no hace, que sólo promete, jugando con la esperanza de los bolivianos. Y esta práctica no es de este Gobierno, es la reproducción de una forma de manejar el poder que nos está carcomiendo desde el siglo pasado.

Frente a esta muralla hay algunas herramientas que están ayudando a Gonzalo a superar las largas y exhaustas jornadas a pie. Una de las más fuertes es la solidaridad de quienes en la carretera y en los pueblos a los que llega, lo reconocen y aplauden su valentía y tenacidad brindándole, por eso, una comida caliente o un espacio donde pernoctar.

Pero lo más destacable es la solidaridad del propio Gonzalo, porque es consciente que no marcha solo por él. En una entrevista radiofónica señaló que si le devuelven el 10% de sus ahorros de jubilación solo recibiría Bs. 20.000, monto que para el periodista que lo entrevistaba era muy pequeño en relación al sacrificio que estaba realizando. Como respuesta él resaltó que su motivación son los otros bolivianos desempleados como él, que están pasando hambre o que están enfermos y no tienen recursos para tratamientos y sus medicamentos.

Así, este solitario caminante no solo lleva sobre sus hombros una mochila de más de 40 kilos, sino que subió sobre su persona la esperanza de miles de bolivianos afectados por la crisis económica y sanitaria. Y con toda esta carga sigue subiendo, pese a todo y a la incertidumbre de su objetivo.

Gabriel Columba es Comunicador

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