6 de julio de 2023, 4:00 AM
6 de julio de 2023, 4:00 AM


No dan ganas de escribir sobre Bolivia porque no hay nada bueno que contar. Como yo no viajo al exterior hace muchos años, es probable que en las naciones vecinas sucedan situaciones similares, pero la verdad es que lo dudo, porque nuestro país está sometido internacionalmente y mejor es no rememorar lo que diariamente padecemos en casa.

Las noticias sobre los feminicidios son el pan cotidiano y mientras las autoridades afirman que están atrapando a las bestias ansiosas de sexo forzado, son cada vez mayores los casos de degüellos, golpes y estrangulamientos a las mujeres descuidadas, que se conocen a través de los medios y de las redes sociales. 

A eso se suman las violaciones o toques impúdicos a menores de edad en los colegios, pero, también, a cuanta niña o niño sea sorprendido desamparado en las calles, plazas o mercados. Los degenerados secuestran a los infantes, los violan y los asesinan. No quieren dejar huellas. Estamos sometidos a unos hechos de violencia que no recuerdo que existieran durante años anteriores.

Pero es imposible referirse a Bolivia, sin tocar el tema político. Juro que hago serios esfuerzos por dejar de lado la sucia política interna y escribir sobre viajes, comidas y libros, que es lo que me gusta, y que hay personas que me ruegan que lo haga. Mas, en momentos como los actuales, a pocos les interesan los viajes, las comidas ni los libros, y lo único que la mayoría de la gente desea es saber, como si las elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina, quiénes serán los candidatos para el 2025: si Evo Morales, Luis Arce, o si por ahí asoma algún fantasmal tapado de la “derecha”, que no sean los mismos de antes.

Santa Cruz, hasta no hace mucho, no se interesaba demasiado en la política. Es más, al cruceño le molestaba hablar de política, porque le parecía un oficio de incapaces, de vagos improductivos. Sin embargo, cuando Santa Cruz ha sentido en carne propia lo que se puede mover desde el poder, cuando se ha dado cuenta que está siendo sometida por forasteros charlatanes y mafiosos, llenos de trampas, y que bajo el pretexto de pertenecer al MAS, están queriendo acabar con nuestro modo de vida y con nuestra forma de trabajar (“Santa Cruz no tiene un modelo de desarrollo”, dicen), los cruceños se han preocupado y ahora deben existir muy pocos –los que están produciendo en el campo, tal vez– que no estén al tanto de lo que sucede en el país y que no lo deploren.

Santa Cruz, nadie lo discute, es la región más productiva del país y la que, con ventaja, más aporta al PIB nacional. Es el auténtico granero que da de comer a la nación, por encima de las trabas que impone el Gobierno, siempre en su afán de disminuir su importancia en la sobrevivencia alimentaria nacional. Si algo detesta el centralismo es que Cainco o la CAO muestren sus logros y les martiriza que los resultados de la producción agropecuaria de nuestros campos ya estén por encima, en divisas, de los minerales y los hidrocarburos.

¿Y frente a esto, qué es lo que se nos ofrece como alternativa? Se nos ofrece un par de furibundos enemigos que se acusan de corruptos, de narcotraficantes, de contrabandistas, de pedófilos, de autócratas y de todo lo malo que hubiera por haber. ¿Acaso no lo decía la oposición desde que empezó con el manipuleo del poder Evo Morales? ¿Acaso no lo defendía todo el MAS como bloque, diciendo que se trataba de inaceptables calumnias? Pues ahora la oposición puede mirar de palco, si quiere, y verá, el país entero, que los masistas siempre fueron lo mismo: unos pícaros que se aprovecharon de la ingenuidad de un pueblo, que creyó que saldría de la miseria, cuando quienes salieron de la miseria fueron ellos, sus jefes.

Hoy, unos bravos parlamentarios de la oposición, son quienes dan la cara por el resto del país. Son los que mueven, alegan, pactan, para censurar a los malos ministros. Pero pocos más. Los ciudadanos hablan, se enteran, se escandalizan, pero se callan en público. Hay temor. Mientras tanto el Gobierno sigue devorándose a la prensa independiente que da pelea. Cae Página Siete, un magnífico periódico por donde se lo mire, que hacía una contundente pero correcta oposición. Además, ya está la guillotina lista para otros medios impresos. Y a Cabildeo Digital de Amalia Pando lo silencian durante semanas. En cuanto a la televisión, mejor es mirar para otro lado.

Aparecen eufóricos defensores del masismo –evista o renovador– que simpatizan con el fallido “proceso de cambio” porque reciben suficiente publicidad oficial.

A este paso, ¿quiénes nos van a contar sobre Evo Morales, que no sea su radio Kawsachum Coca o algún periodiquito “culipandero”? Sin los medios independientes como Página Siete y otros de notable resistencia al poder, ¿cómo nos vamos a enterar de que Evo Morales y Arce acudieron como dos escolares al llamado del régimen cubano para que limen sus asperezas? Aparentemente todo se fue al cuerno en La Habana porque a ninguno de los dos se lo pudo convencer ni siquiera de encontrarse, menos de hacer las paces y ceder la candidatura presidencial uno al otro.

Lo peor es la suciedad con la que se atacan ambos. Los dos son, hoy, curiosamente fanáticos militantes de la lucha contra el narcotráfico. ¡Aleluya! En el Gobierno dicen sentirse preocupados por un contrabando de casi media tonelada de cocaína a España (la “república de España”, al decir del ministro de Gobierno) y sin embargo Evo Morales afirma que el Gobierno ha hecho la vista gorda al contrabando de 17 toneladas de la droga blanca que, por diversas rutas, han salido de Bolivia rumbo a España, según afirma Europol, que ha contado con la ayuda de policías de Brasil, Paraguay y de países europeos. ¡17 mil kilos!

Pero como Evo Morales preside las seis federaciones de cocaleros del Chapare, alguna información muy importante debe tener, que habría que obligarlo a hacerla pública a través de la justicia. Es que no es cuestión de ser el rey del Chapare, presidir a los cocaleros, y decir que, solo de oídas, sabe cómo se mueve la poderosa maquinaria mundial del narcotráfico.

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