11 de marzo de 2022, 4:00 AM
11 de marzo de 2022, 4:00 AM


Hoy asume en Chile el presidente más joven de la historia de ese país y también el más radical de izquierda, desde Salvador Allende en la década de los 70 del siglo pasado. Se trata de Gabriel Boric, quien incursionó con fuerza en la política chilena durante las jornadas estudiantiles de 2011 cuando él y muchos de su generación salieron a protestar por las carencias sociales de un modelo económico que se mostraba exitoso en las cifras, pero que en la realidad dejaba insatisfacciones, por lo que exigieron una educación más igualitaria y menos costosa, y que el Estado garantice calidad y gratuidad, entre otras cosas.

El nuevo mandatario del país vecino entra con fuerza y muchas expectativas de cambios, los mismos que comenzaron con el nombramiento de un gabinete compuesto mayoritariamente por mujeres (14 ministras entre las 24 carteras) y un promedio de edad relativamente bajo, de 42 años entre sus más cercanos colaboradores.

A diferencia de otros izquierdistas que ignoran la historia, pretenden borrar el pasado de un plumazo y creen que la historia comienza con ellos -como el caudillo que tenemos en casa- Boric es consciente de que, si bien con él se escribe un nuevo capítulo en la historia de su país, nada comienza con él, sino que se da una continuidad a procesos más largos.

“No empezamos desde cero, sabemos que hay una historia que nos eleva y nos inspira”, dijo Boric el pasado 21 de enero, cuando anunciaba su gabinete, con casi dos meses de anticipación al día de su juramento; otra abismal diferencia con nuestro país, donde los gabinetes de estreno de gestión se negocian hasta después del juramento y en ocasiones se posterga la posesión para hacer las últimas selecciones, normalmente cuoteadas entre aliados políticos.

Ese es el contexto de una nueva izquierda chilena que toma el poder y un presidente que se empeña en dar señales de seguridad y confianza principalmente en la sólida economía chilena, con la elección de un ex presidente del Banco Central, Mario Marcel, como ministro de Hacienda, quien en sus primeras declaraciones se comprometió a reducir la incertidumbre, generar reglas de juego claras, sentar las bases para un mayor crecimiento y mejorar la capacidad de la economía.

El nuevo ministro de Hacienda no habló de nacionalizar, no protestó contra el “imperio norteamericano”, no dijo que “expropiará” nada ni que inventará nuevos impuestos para los empresarios ni para los ricos, como lo hicieron los sucesivos gobiernos bolivianos del Movimiento al Socialismo.

En ese escenario, el presidente Luis Arce, que asiste a la posesión de Boric y se reunirá con él, tiene el enorme desafío de reconducir las relaciones con Chile con un sentido de responsabilidad, prudencia, diplomacia y paz, alejado de los escenarios de confrontación a los que Evo Morales llevó al país, incluso con históricas e imperdonables derrotas como la propinada por Chile en La Haya por el irresponsable juego de intereses políticos que llevó al Gobierno boliviano a intentar forzar el diálogo con Santiago para obtener una salida al mar.

El resultado ya lo conocemos: fue un sonoro revés que cerró las puertas, quien sabe si definitivamente, para volver algún día al Pacífico.

El encuentro se producirá a pocas semanas del inicio de la exposición de alegatos en el juicio instalado esta vez por Chile contra Bolivia en La Haya para reclamar su derecho a recibir las aguas del Silala, al que considera un río internacional y de uso equitativo.

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