2 de junio de 2023, 4:00 AM
2 de junio de 2023, 4:00 AM

Casi todos los gobernantes de Sudamérica convergieron en Brasil esta semana, atendiendo la invitación que les hiciera el presidente de ese país, Luiz Inácio Lula da Silva. La presidenta peruana, Dina Boluarte, fue la única mandataria que no acudió a la cita. Hacía ya varios años que no se daba una cumbre de esta naturaleza, más concretamente, desde que la Unasur quedara desahuciada por varios de los países miembros. Justamente por ello, el presidente Lula puso como punto central del encuentro el tema de la integración regional.

La Unasur tuvo su auge en tiempos de Hugo Chávez, pero incluso desde entonces ha sido criticada por tener un propósito mayormente ideológico, quedando relegados los asuntos de orden económico y de relacionamiento con el resto del mundo.

Por supuesto que no todos comparten ese criterio. El presidente argentino, Alberto Fernández, sostuvo que la Unasur hizo posible que dos países con ideologías diferentes en esos momentos, como Colombia y Venezuela (Uribe y Chávez), llegaran a acuerdos importantes. Sin embargo, el propio anfitrión, Lula, no pudo desmarcarse del discurso ideológico al mostrarse solidario con el cuestionado régimen de Nicolás Maduro. “Compañero Maduro, usted sabe la narrativa que se construyó contra Venezuela: la de la antidemocracia, la del autoritarismo”, arengó Lula.

Las reacciones no se hicieron esperar. El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, refutó de manera categórica aquello de “narrativa” indicando que “no se puede tapar el sol con un dedo”, que son varios países del mundo los que ofician de mediadores para que Venezuela recupere la democracia plena. El mismo Lacalle Pou parafraseó a su par de Guyana para remarcar lo que verdaderamente esperan los pueblos de los bloques de integración, llámense lo que se llamen: “Nosotros seremos juzgados por nuestras acciones”, había dicho.

Queda claro que la mayoría de los mandatarios sudamericanos tiene en mente la reactivación de un bloque regional con un enfoque mucho más pragmático que ideológico. Se dan cuenta de que es absurdo pensar en izquierdas y derechas cuando en cada país se alternan en el poder las diferentes corrientes, por lo que se requiere que las acciones que se tomen, a partir de cualquier organismo, tengan continuidad en el tiempo. Que sean verdaderas políticas de Estado.

Por su parte, el presidente de Bolivia, Luis Arce, celebró que los pueblos del sur busquen la unidad una vez más: “Somos una región con gran potencial, y la complementariedad de nuestras economías nos permite ingresar a la transición energética, tecnológica y digital”. En sus palabras también se percibe una intención de dar una dinámica diferente a un nuevo bloque regional o a una refundada Unasur.

Varios analistas coinciden en que es posible que pueda emerger un nuevo bloque, pero dentro de un marco de iniciativas renovadas, sobre todo, de contenido económico. Señalan, sin embargo, que no será nada fácil. Para ellos, las economías sudamericanas no son del todo complementarias en realidad, porque se repiten las unas a las otras. Por tanto, las posibilidades de integración económica son limitadas, aunque sí son reales.

En el balance, la cumbre de Brasil parece haber puesto en movimiento la tan anhelada integración de los países del sur del continente. Más allá de las arengas de Lula, todos los mandatarios reconocen la necesidad de restablecer relaciones internacionales en un contexto muy diferente al que se tenía hace algunos años. Y es bueno que Brasil haya tomado la iniciativa, dada la enorme influencia que tiene ante las potencias económicas del resto del mundo.

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