24 de marzo de 2023, 4:00 AM
24 de marzo de 2023, 4:00 AM

Hace más de un año el mundo se desayunó con la invasión del ejército ruso a Ucrania. El impacto en las economías no iba a tardar en manifestarse.

Los precios internacionales reflejaron de inmediato las subidas y la escasez de algunos productos modificaron los mercados impactando en las economías más y menos fuertes del planeta.

La guerra impactó en los precios de importación de gasolina y diésel a escala mundial, llegando a un incremento del 77,7% en la región entre 2021 y 2022. Bolivia, en lo particular, subió sus costos de importación un 83,8% en esos años, según Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

Hace unos días se produjo la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Moscú, quien fue bien recibido por su homólogo ruso, Vladimir Putin, en lo que pareció ser una propuesta de mediación de una guerra que casi nadie pensaba tan larga, absurda y dolorosa.

En este encuentro de tres días en Moscú, el presidente chino llevó un plan de paz para intentar acabar con las turbulencias no solo económicas sino geopolíticas que ha llevado este conflicto bélico y absurdo.

Pero el plan de 12 puntos no convenció, al menos en primera instancia, a ninguna de las partes: China propuso levantar las sanciones de Rusia y ofrecerle garantías de seguridad frente a la OTAN, y por su parte abogaba por restaurar la soberanía territorial de Ucrania, lo que en principio incluiría Crimea.

Así las horas transcurrían vidriosas en un ambiente de alta tensión por la continuidad de los ataques, el pedido de captura a Vladimir Putin de la Corte Penal Internacional por denuncias de deportación ilegal de niños ucranianos y el espaldarazo del gigante oriental a Moscú.

Washington, por su parte, ve con buenos ojos la iniciativa diplomática siempre que sea para una “paz justa y duradera”, pero descree que China esté salvaguardando la “soberanía e integridad territorial” de Ucrania y considera que el retiro de las tropas rusas en Ucrania es condición básica para comenzar un verdadero diálogo de paz. Algo que en la “nueva era” no se ha puesto a consideración.

Después de los tres días de visita analistas internacionales observan un cambio en la dinámica de poder entre ambas naciones. Ahora Moscú pareciera depender más de Pekín, la disposición en el uso del yuan chino para las negociaciones es sintomático, pero no solo sería una dependencia económica, sino también estratégica y política, y a China el traje de prestar servicio a su vecino le queda cómodo, buscando una imagen de pacificador, aunque son evidentes sus preferencias en aras de “un verdadero multilateralismo”.

Y mientras Xi Jinping abandonaba Moscú, el primer ministro polaco calificó de “peligroso” el eje China-Rusia. “Nos llena de preocupación”, dijo Mateusz Morawiecki junto a su homólogo japonés, Fumio Kishida, quien acababa de visitar Ucrania y manifestar su apoyo incondicional.

También Estados Unidos esgrimió desconfianza al mediador “imparcial” entre Moscú y Kiev en el conflicto bélico que ya ha sufrido miles de bajas en ambos ejércitos y un número incierto y variable, según los países, de civiles fallecidos.

El conflicto mientras tanto continúa y los mercados también se volatilizan en medio de incertidumbre. La paz, otra vez lamentablemente, deberá esperar.

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