4 de febrero de 2022, 4:00 AM
4 de febrero de 2022, 4:00 AM


Nadia perdió a su abuelita y tiene amigos intoxicados. Pero no es por la pandemia, sino porque el agua que tomaron no estaba purificada. Hervir el agua antes de tomarla es algo de vida o muerte para ella. Por si fuera poco, hay cortes programados de agua una vez a la semana. La empresa estatal de agua dice que los problemas seguirán por varios años más porque, según esa empresa, “nadie podía estar listo para atender las necesidades del crecimiento demográfico de Santa Cruz”.

Gustavo no sabe cuándo volverá la luz. En lo que va del año, es séptima vez que pierde una clase porque se cortó la luz. Es un joven padre de familia y parece que tendrá que dejar los estudios universitarios ya que los electrodomésticos de su mejor amiga se quemaron por estos cortes.

Óscar vive en La Guardia, pero trabaja en la ciudad capital. A las 4 de la mañana hace fila todos los días para esperar al servicio estatal de transporte, que recién sale a las 6:30 y, luego de tomar otros buses, llega a destino poco antes de las 8:00, que es la hora en que debe comenzar a trabajar. Sabe que hay una red de corrupción para comprar fichas, pero acceder a ese privilegio debe ser parte del sindicato de la empresa estatal.

María Jenny y su esposo buscan alimentos a un buen precio. Al llegar al mercado, ven que predominan la carne argentina, el arroz brasileño y las manzanas de Chile. Se detienen y sueñan con consumir carne de res, huevo y arroz hecho en Santa Cruz. “Tantas cosas que se podría producir en Santa Cruz”, se dicen entre sí mientras se miran a los ojos.

Ronald acaba de terminar el colegio con excelentes notas, quiere estudiar en una universidad privada porque solo ahí está la carrera de sus sueños, pero no puede pagarla a pesar de su excelencia académica. Se frustra y elige otra carrera.

Marco busca un crédito, pero no califica para poder acceder a los requisitos que el Estado le pide a través de la banca. Él ha escuchado de los microcréditos en África y en la India, pero no entiende cómo pueden hacer esa maravilla en lugares tan lejanos. “¿Por qué no podríamos tener algo así como microcréditos?”, se pregunta.

Nadia, Gustavo, Óscar, María Jenny, Ronald y Marco viven en una Santa Cruz en donde todas las cooperativas cruceñas fueron expropiadas en una cacería despiadada que inició a finales de la década de 1960 y duró 14 años. Los líderes y trabajadores de esas importantes iniciativas fueron acusados por la dictadura socialista de separatistas y terminaron en el exilio porque casi nadie los defendió y se rehusaron a tomar decisiones políticas que pongan en riesgo los bienes y servicios que ofrecían al pueblo cruceño y al país.

Para ellos, el cooperativismo cruceño es un sueño.

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