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Unos prisioneros perdidos en la Historia

Ricardo Serrano 9/9/2021 05:00

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“Yo, que tantos hombre he sido…”, como decía Borges, antes era belcista. Una simpatía promovida por René Zavaleta que colocó a Belzú como héroe y caudillo de los desposeídos en Bolivia. Ese autor decía que la Historia del siglo XIX en Bolivia puede resumirse en un enfrentamiento entre el “belcismo” y un difuso “ballivianismo”.

Con esa óptica podía ver al “ballivianismo” como el bando de los de la “casta de encomenderos”, un creativo y hasta hermoso adjetivo de Zavaleta. Entonces vino Evo Morales y me curé de populismos. Unas lecturas aún superficiales, demuestran que el ‘Tata’ Belzú, además de persecuciones y mesianismo, solo desmontó la institucionalidad que fueron armando Andrés de Santa Cruz y Ballivián. Nada que ver con esos 15 años de lustre en la Historia y un periodo descollante, hasta de envidia, a nivel sudamericano.

Pero todo lo anterior, solo viene a cuento porque me acerqué a libros sobre Ballivián y su época y me surgió una curiosidad bibliográfica, o más exactamente sobre el destino de los prisioneros de Ingavi.

Como se sabe la Batalla de Ingavi (18 de noviembre de 1841) fue un resonante y hasta apabullante triunfo de las fuerzas bolivianas, comandadas por Ballivián, sobre el ejército del Perú a la cabeza de Agustín Gamarra. Además de recalcarse que este triunfo afianzó la soberanía y existencia misma del Estado de Bolivia, resaltamos que el triunfo fue total, no otra cosa significa que queden en poder del ejército boliviano todo el parque peruano, 170 oficiales y más de 3.000 soldados. Ese número de prisioneros era más de la mitad del ejército invasor.

Interesante sería saber cómo y adónde se llevaron a los prisioneros. ¿A La Paz, a una isla del Titicaca? ¿Los llevaron amarrados, los trataron bien? ¿Daba para alimentarlos? No había convención de Viena todavía. Los libros no dicen nada sobre eso y no aclaran porque siguieron apareciendo citados como “prisioneros peruanos” años después.

Mi primer encuentro bibliográfico se da en una biografía de Ignacio Prudencio sobre Aniceto Arce, quien en 1843, a sus 19 años, había participado de la expedición de Rodríguez Magariños al Pilcomayo. En lo que nos interesa dice que la expedición “llevaba consigo algunos prisioneros peruanos, así como fusiles y cañones tomados al enemigo en Ingavi”. Nótese que es 1843, dos años después de la batalla, y dice “prisioneros”. No se sabe más. ¿Los llevaron de cargadores. Los tenían para trabajos forzados? Por lo que se sabe esa situación no parece posible, ya que Ballivián al poco tiempo quitó fastos sobre la batalla, buscó no ofender el sentimiento nacional peruano y esperó hasta 1847 el Tratado de Amistad y Comercio. Es más probable que algunos chaqueños, ahora de cepa, sean descendientes de esos prisioneros.

Siguen los prisioneros. Según Manuel Carrasco, en su libro José Ballivián, el ideólogo de la invasión a Bolivia y segundo de Gamarra, Gral. Ramón Castilla, estuvo confinado en Santa Cruz, durante casi un año. Volvió al Perú y en 1844 ascendió a la presidencia. Se sabe que quedó con ganas del desquite y mantuvo permanente hostilidad a Bolivia. Lo que no se sabe es ¿dónde se alojaba en Santa Cruz?¿Recordaba gratamente esa ciudad en el medio de la nada?

Otra interesante referencia la da el afamado libro conocido como Manuscrito Lara (libro de narraciones históricas y sucesos de Santa Cruz, desde la Independencia hasta fines de la primera mitad del siglo XIX). Todo sucedió a mediados de 1852, relata el manuscrito, a raíz de una sublevación en Santa Cruz del Coronel Fabián Hoyos y Francisco Ibáñez contra Belzu. A ellos se sumaron los confinados Gral. Gregorio Pérez y Cnl. Mariano Melgarejo y otros.

Los sublevados pensaban preparar un ejército, pero el Gobierno envió un contingente de 500 hombres bien pertrechados y entrenados al mando del Gral. Gonzalo Lanza. El enfrentamiento se iba a dar en la misma ciudad y se iba a iniciar con un cañoneo a la plaza, el que fue paralizado por la capitulación de Hoyos a gestión y ruegos del Obispo José Andrés Salvatierra.

Pero aquí va lo interesante: “El Gral. Lanza con su batallón entró por el levante sin más novedad que los vítores de sus partidarios y al son de una charanga (…) que era soplada a todo pulmón, con acompañamiento de bombos y platillos, por 25 músicos peruanos tomados prisioneros por el Gral. Ballivián”.

Prisioneros once años después de la batalla no puede ser. Peor en esa época. Más parece que Bolivia les gustó y les convenía más que volver. Lo de “prisioneros” más suena a identificación de un momento.

A menos que alguien pueda aportar otras referencias sobre el destino de esos “prisioneros”, quedarán perdidos en nuestra Historia.

Ricardo Serrano Herbas es Editor

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