8 de septiembre de 2023, 4:00 AM
8 de septiembre de 2023, 4:00 AM

La planta de amoniaco y urea volvió a producir el fertilizante desde el lunes. El reinicio de operaciones de la industria –paralizada desde el 17 de junio de 2023- fue oportunidad elegida por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos para anunciar que la estatal abastece el 99% de la demanda nacional. Llamó la atención el dato porque hasta 2021 Bolivia importaba el producto.

Hace tres meses, la planta de urea ingresaba en mantenimiento, en su momento surgió la duda de si era para ajustar los equipos o para cumplir con el mercado argentino en momentos de mayor demanda (invierno) cuando el vecino país paga un ‘premio’ por volumen de acuerdo a las últimas adendas.

La urea es considerada el producto estrella de la industrialización de gas natural. El complejo que opera en Bulo Bulo (Cochabamba) costó una inversión de $us 900 millones, pero a lo largo de su corta vida ha sufrido más tropiezos que avances. De acuerdo con los informes de Gas Energy Latin America, en siete años ha operado al 27% de su capacidad instalada.  

En septiembre de 2017, cuando fue inaugurada la factoría, se celebró en Bolivia el inicio de una era de industrialización del gas que cambiaría para siempre el agro y la economía nacional. Sin embargo, hasta 2022 y de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), los productores bolivianos siguieron importando urea de Rusia, Perú y China.

La actividad agropecuaria no se detiene y por ello, crece la demanda de fertilizantes para incrementar los rendimientos sin ampliar la superficie cultivada. Bolivia requiere más de 178.000 toneladas (t) de abonos y productos similares, de las cuales el 60% se cubre con las importaciones y la mayoría es urea, aunque se produce en el país.

El principal proveedor de urea para el agro boliviano es Rusia (60%), le sigue Perú (29%) y en tercer lugar China. El año pasado, YPFB vendió a los productores bolivianos urea a $us 510 la tonelada. Y el uso adecuado de estos y otros productos denominados insumos agropecuarios, permite aumentar los rendimientos en un rango de entre 40 y 70%.

Por eso llama la atención que YPFB hable de que abastece el 99% de la demanda nacional, cuando productores y vendedores de insumos revelan que, debido a la producción intermitente de la planta de urea, se ha tenido que importar más fertilizantes de base.

Es posible que el Gobierno gire su mirada al comprador local, porque el precio cayó desde los $us 600 la tonelada a $us 330 en el último año. EL DEBER publicó el 18 de agosto de este año sobre la caída en los ingresos por exportaciones de urea en $us 100 millones al primer semestre de 2023 con respecto al mismo periodo de 2022. Pero Yacimientos insiste en que la urea boliviana excedente se vende a Brasil, Paraguay, Argentina, Ecuador, Perú y Chile.

Desde 2012 el Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) impulsa proyectos de producción de fertilizantes para apoyar el incremento de la productividad agrícola y la seguridad y soberanía alimentaria del país, y para la exportación de excedentes y generación de divisas.

En esa línea, YPFB planifica la construcción de una segunda planta de amoniaco y urea con una capacidad estimada de entre 2.100 y 4.000 toneladas. Esto cuando la demanda nacional de urea asciende a 46.000 toneladas, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Ahora, la pregunta es ¿de dónde va a salir el gas natural para alimentar la nueva planta de urea?

Revisando los resultados de la primera planta, ¿conviene adquirir una nueva deuda millonaria estimada en $us 1.200 millones para construir una nueva planta? ¿No sería mejor trasladar la industria actual a Santa Cruz (lo que costaría $us 500 millones) para estar más cerca del mercado brasileño que consume el 70% de la oferta nacional y puede volver más competitivo el producto y buscar la eficiencia?

Tags