30 de diciembre de 2022, 4:00 AM
30 de diciembre de 2022, 4:00 AM

El martes 20 de diciembre una niña de 10 años de edad fue descuidada por la tripulación de BoA en el vuelo 681 que se realizó entre La Paz y Santa Cruz. Cuando la nave se detuvo en la pista de Viru Viru, la niña y otro adolescente recibieron la instrucción de permanecer en cabina hasta nuevo aviso. Los dos menores vieron, que prácticamente se quedaron solos y sin que nadie les oriente, abandonaron el avión, pasaron por todos los pasillos del aeropuerto y llegaron hasta la salida de pasajeros.

La menor llamó a su padre para que le ayude con la maleta y el progenitor encendió las alarmas. ¿Cómo era posible que la pequeña esté sola pretendiendo sacar su maleta? ¿Quién o quiénes estaban a cargo de los dos menores y una persona con discapacidad que, por derecho, merecían el cuidado y protección del personal de BoA?

En ese momento, funcionarios de Naabol y de BoA comenzaron a intercambiar mensajes a través de sus equipos de radio repitiendo nombres y apellidos de los menores; pasaron varios minutos hasta que apareció un trabajador de la empresa, pidió disculpas por el incidente y solicitó la firma del padre en el formulario de control de viajes para menores de edad, como si todo hubiera funcionado a la perfección.

Esta historia pudo tener un desenlace distinto, pero vayamos al fondo del asunto: no puede ser que un viaje por vacaciones o Navidad sea una cuestión de riesgo por el deficiente desempeño de quienes tienen a su cargo la seguridad de los pasajeros. Ciertamente, la historia del gato Tito puede quedar pequeña frente a los peligros que provocan la falta de atención o la incapacidad de quienes prestan el servicio a los usuarios.

¿Cuál fue la respuesta de BoA ante las innumerables denuncias de retrasos, cambios de itinerario, pérdida de mascota o descuidos en la atención a personas vulnerables?

Que es posible que se registren “algunos problemas” debido a que, en promedio, se atienden 120 vuelos diarios. Respuesta fría y hasta indolente cuando se reduce la vida de las personas a simples estadísticas.

BoA es el operador dominante en el transporte aéreo, pero no es la única empresa. También hay operadores privados que tienen denuncias por similares irregularidades.

La Autoridad de Transportes y Telecomunicaciones (ATT) es la entidad llamada por ley para proteger a los usuarios y sancionar las malas prácticas de las empresas aéreas. Recientemente, Néstor Ríos, principal ejecutivo de la institución, apareció en el canal estatal para hablar de su desempeño. Informó que entre el 19 y 25 de diciembre se registraron 191 quejas por mala atención. ¡Gran resultado!, cuando en cada aeropuerto los reclamos se suman por decenas y centenares.

La ATT también informó que, ante tanta denuncia, conminó a BoA a presentar un plan para mejorar la atención a los pasajeros y BoA anunció que presentó su estrategia el 20 de diciembre en el plazo establecido. ¿Alguien pudo ver alguna mejora real en la atención a los consumidores?

Aparentemente, en este desconcierto no hay piloto capaz de darle un buen rumbo a la aviación boliviana. Poco se puede esperar de la ATT o del ministro de Obras Públicas y Servicios que tiene bajo su tuición a Boliviana de Aviación.

Bien ha señalado Jorge Silva, viceministro de Defensa del Consumidor: las empresas aéreas se amparan en un parámetro de dos horas para poder reprogramar o demorar vuelos, cuando pasan ese tiempo reciben una llamada de atención o “una palmadita”. Todo pasa y no pasa nada.

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