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Suena a pregunta banal, pero es más común de lo que muchos podrían sospechar. Nunca faltan los interesados en seguir tomando algunas copas de vino o de cerveza, y ni el Covid-19 les inspira el miedo suficiente como para interponerse con ese placer.

El tema incluso ha sido abordado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su portal digital. Sin embargo, es evidente que hay más material sobre los estragos del virus en los organismos que consumen alcohol de forma consuetudinaria, que acerca de la incidencia de las bebidas etílicas en la eficacia de la vacuna. De eso muy poco material científico se ha generado.

De lo que no queda duda, es que el consumo de bebidas alcohólicas, sobre todo excesivo, debilita el sistema inmunitario, y por consiguiente reduce la capacidad para hacer frente a las enfermedades infecciosas. Además afecta el cumplimiento de las medidas elementales de bioseguridad.

El médico boliviano radicado en Nueva York, Juan Pablo Jaldín, y además uno de los creadores de la plataforma martixa.com, reconoce que no hubo una monitorización de los pacientes que se han vacunado en cuanto a sus estilos de vida, en el caso específico del consumo de alcohol, y que por eso no hay estudios reportados a mano.

“Sin embargo, los prospectos de las vacunas de Pfizer y Moderna que yo conozco, indican que el consumo moderado de alcohol no interferiría en la eficacia de la vacuna”, aclara.

Según Jaldín, ingesta moderada equivale a una copa de vino o un vaso de licor al día en las mujeres, y en los hombres a no más de dos copas de vino, o dos vasos de cerveza. “Si se toma antes o después de la vacuna en estas cantidades, no debería interferir en su eficacia”, aseguró.

Dice que algunos recomiendan ingerir alcohol unos tres a cuatro días antes de la vacunación, de la primera dosis, y hasta dos semanas después de la segunda dosis, “para que nuestro organismo desarrolle adecuadamente y al 100% el sistema inmunológico ante la vacuna”.

El médico dice que, más que tener una relación con la efectividad de la vacuna o no, el alcohol está más en relación con la depresión del sistema inmune y el cómo ese sistema inmune va a contrarrestar los efectos del virus en el momento en que la persona se infecta.

“Se aconseja claramente a todas las personas, para que tengan un buen funcionamiento, una buena respuesta inmunológica ante la vacuna, en lo posible evitar el alcohol, a pesar de que las medidas moderadas todavía son permisibles”, insistió en la abstinencia.

Para el infectólogo Carlos Paz, el uso de alcohol exagerado es nocivo para cualquier organismo y ocasiona muchas veces daño a las células. “Diversos estudios indican que el consumo excesivo de alcohol puede fragilizar nuestro sistema inmunológico”, coincidió con las recomendaciones de la OMS y de Jaldín.

Paz aconseja no consumir en exceso por lo menos hasta dos semanas después de las vacunas. “Obviamente hay personas que toman una copa de vino o un vaso de cerveza al día, esto no interfiere, el exceso sí lo hace”, opina.

VIRUS SOBRE EL ALCOHOL

Jaldín pone un ejemplo que quizás sirva para ilustrar, más que la eficacia o no de la vacuna en su interacción con el alcohol, la afectación de los etílicos en el organismo.

Dice que en los alcohólicos consuetudinarios y especialmente relacionados con la enfermedad de Covid-19, esta interfiere en la maduración de los macrófagos, que son la primera línea de defensa del cuerpo.

Recalca que el sistema inmunológico se deprime, que bajan las defensas, pero que otro efecto muy importante que se ha descrito de la ingesta de alcohol, y relacionada con el Covid-19, tiene que ver con las células de los pulmones.

“También interfiere en la maduración de los cilios que tienen estas células en los pulmones. Esos cilios permiten limpiar todos los desechos y agentes extraños de nuestros pulmones”, explica.

Jaldín dice que los bebedores en bastantes cantidades van a tener esta depresión inmunológica, o interferencia en la maduración de la primera línea de defensa inmunológica, que son los macrófagos, pero además van a derivar en el mal funcionamiento de las células pulmonares.

“Es por eso que hemos visto muchos pacientes con efectos, que se han complicado con el virus, tienen tendencia a presentar mayor enfermedad pulmonar por estos mecanismos”, indicó el especialista.

Para el especialista, en base a lo explicado, y más bien haciendo un análisis de riesgo/beneficio, las personas con ingestas crónicas o bebedores consuetudinarios deberían recibir con mayor razón la vacuna, precisamente porque se complican con la enfermedad pulmonar severa.

“Al final, el consumo de bebidas etílicas está más relacionado con el sistema inmune que con la interacción que tenga con la vacuna. Al menos el prospecto de Pfizer indica que todas las personas deben recibir la vacuna, sin importar el grado de alcohol que consuman”, resalta.

En consonancia con Jaldín, Paz dice que el exceso de alcohol afecta a las células blancas, lo que perjudica la capacidad de combatir infecciones respiratorias.

Dice que el alcohol puede alterar células importantes al combate de enfermedades infecciosas como los virus, no solo se trata del Covid-19.

“El consumo de alcohol no fue evaluado como una variable en los ensayos de fase 3 de ninguna vacuna. Pero si lo que el organismo quiere es crear anticuerpos en las dos semanas posteriores a la vacuna, puede alterar la eficacia de cualquier vacuna. Actúan de la misma forma las vacunas”, dice el infectólogo.



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