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POR:  THE CONVERSATION


Cuando nos contagiamos podemos ser portadores asintomáticos del SARS-Cov2 o enfermos covid-19, y en ambos casos, transmitir el virus a personas que podrán ser portadores o enfermar.

Contagiar es transmitir el virus, no la enfermedad

Los virus, las bacterias y otros microorganismos forman parte de la naturaleza, incluso de nuestro cuerpo. Sin ir más lejos, ahí tenemos al microbioma humano, que es como se denomina al conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, formando distintos ecosistemas que cumplen funciones vitales para nuestro correcto desarrollo y bienestar.

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La enfermedad dependerá de muchos factores, pero fundamentalmente de la capacidad de nuestro sistema inmunitario para reconocer al agente extraño (virus, bacteria, etc) y luchar contra él. Esta capacidad es menor cuando el contacto se produce por primera vez. Sin embargo, cuando el sistema inmune ya conoce al “agresor”, su capacidad para combatirlo es mucho mayor. De esto se encargan las vacunas: de mostrarnos al microorganismo o una parte de él de forma segura para aumentar nuestra capacidad inmunológica y evitar la enfermedad.

Estas vacunas, independientemente del diseño (vacunas con virus inactivados o atenuados, vacunas basadas en proteínas, vacunas con vectores víricos, vacunas de ADN o ARN, etc.) comparten un objetivo común: enseñar a nuestro sistema inmunitario a reconocer y bloquear de manera segura el virus SARS-CoV-2 para evitar la enfermedad covid-19. Este reconocimiento y defensa se produce a través de los anticuerpos y otras células de nuestro sistema inmune.

Vacunas seguras

Lo primero que hay que tener claro es que las vacunas frente a la covid-19 son seguras.

El proceso de inmunización no es inmediato. El sistema inmunitario necesita tiempo y, por lo tanto, una persona recién vacunada podría contagiarse (enfermar o no) y contagiar. Una vez alcanzada la inmunidad individual, en el caso de las vacunas comercializadas a día de hoy, parece ser que no se logra la inmunidad estéril. Es decir, no se inhibe completamente la replicación del virus en la mucosa de las vías respiratorias. En consecuencia, es posible contagiar a otras personas.

Las vacunas son eficaces porque consiguen reducir el riesgo de infección y, en consecuencia, la probabilidad de transmitir el virus a otras personas. Eso implica menos contagios, menos enfermedad, menos secuelas y menos muertes. Esta reducción del riego es necesaria como medida esencial para luchar contra la pandemia. Cuando una persona se vacuna se reduce el riesgo de infección y la probabilidad de transmisión en un porcentaje X. La manera de reducir aún más esa probabilidad se consigue aumentando el número de personas vacunadas. Así de simple.

 

Inmunidad colectiva

La inmunidad de grupo o inmunidad colectiva es la protección que se alcanza cuando la población se vuelve inmune. Si tenemos en cuenta que, además de disminuir la transmisión, algunas personas no pueden vacunarse por tener alguna contraindicación clínica (por ejemplo, alergia grave a algún componente de la vacuna) y esta inmunidad colectiva las protege.

Necesitamos alcanzar la inmunidad de grupo para movernos libremente, recuperar el tiempo perdido y volver a abrazar a nuestros seres queridos. Mientras tanto, tendremos que seguir cumpliendo con las medidas sanitarias y aprender de lo vivido.



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