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Por: Valeria Nazer de Parada / Life & Family Coach

Sin duda alguna, el pasado año, nos sorprendió con muchas situaciones inesperadas, fue como quedarnos en pausa, como ver irse nuestros planes arrastrados por las turbulentas aguas de un rio sin cause.

De pronto todo lo que era para nosotros seguro y estable, entró en una montaña rusa de emociones, donde la zozobra, el miedo y desazón hacían ronda en nuestros pensamientos.

Intentar sobreponerse a todo lo vivido, es aún para muchos una utopía, sin embargo, otros han comenzado a caminar con pasos más firmes en busca nuevamente de oportunidades y mejores días.

El 2020 básicamente ha sido el tomógrafo que ha revelado nuestro real estado interior, nos ha confrontado con nuestra fe, creencias, valores, carácter y sentido de vida.

Es por eso que hoy es más que justo hacer una pausa, una pausa para comenzar a tomar decisiones que tengan que ver con nuestro modo de ver la vida y enfrentar la adversidad.

Hay quienes continuarán el camino de las quejas, de las lamentaciones, de los reproches y la victimización. Los que sigan este camino, no esperen tener un año diferente, pues con lamentarnos no cambiaremos nada, más al contrario tendremos más de lo mismo.

Asimismo, habrá quienes optarán por vivir desde la gratitud, desde el aprendizaje y desde el gozo. Quizás se pregunten, ¿cómo es posible tener esa actitud cuando todo ha salido mal y no sabemos qué vendrá aún?

¿Qué podemos hacer?

Primero, derriba las especulaciones y supuestos de cosas “malas” que podrían pasar, pues vivir preocupado por situaciones que quizás se den o no, es como decidir morir lentamente, ya que el miedo y la incertidumbre basados en posibilidades, nos roba energía y calidad de vida.

Segundo, no nos desgastemos pretendiendo cambiar lo que no está en nuestro control, más por el contrario enfoquémonos en lo que sí tenemos potestad, como nuestras emociones, actitudes y acciones.

Decidamos por la pro actividad y dejemos el estilo de vida reactivo y cómodo que sólo nos dará más de lo mismo.

Tercero, valoremos cada día de nuestra existencia, porque claro está que no somos dueños de la vida, por lo tanto, cada día es un regalo y no debemos devolverlo sin abrir. Nada más pregunte a un enfermo de cáncer desahuciado, cuanto anhela un día más antes de que sea el tiempo de partir.

Finalmente, fortalezcamos nuestra espiritualidad, ya que son las raíces que nos sostienen y equilibran nuestro ser interior. Activando nuestra fe y conexión con el Creador, estaremos más firmes y estables para hacer frente a las alegrías, pero también a las tristezas, a los vientos que soplen a favor y en contra.

Vive este nuevo año con fe y alegría, como si fuera al último, aprovéchalo, disfrútalo y has cada día una mejor versión de ti misma.


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