4 de marzo de 2022, 4:00 AM
4 de marzo de 2022, 4:00 AM

El gobierno boliviano ha tenido una censurable actuación en la Asamblea General de Naciones Unidas, donde decidió votar por la abstención junto a sus socios de Cuba, Irán, China y Nicaragua, mientras que una abrumadora mayoría de 141 países votó por la condena a la invasión de Rusia a Ucrania y la exigencia de que Vladimir Putin retire de inmediato, por completo y sin condiciones las tropas invasoras.

La lamentable posición boliviana denota una seria contradicción con su inicial pronunciamiento de condena a la invasión, de incumplimiento de la Constitución Política del Estado que rechaza toda guerra de agresión como instrumento de solución a los diferendos y conflictos entre estados, de improvisación o desconocimiento del manejo de la diplomacia del país y finalmente, de sometimiento político a ese grupo de países sin convicciones democráticas a los que el gobierno de Luis Arce decidió unirse.

Primero la Cancillería emitió un comunicado en el que no condenó la agresión como manda la Constitución y el derecho internacional al que Bolivia suscribe, y simplemente hizo un tibio llamado a la paz y a las partes a buscar una solución diplomática. Después, en su discurso ante la Asamblea de la ONU el representante boliviano Diego Pary dijo que Bolivia rechaza todas las invasiones y acciones unilaterales realizadas por potencias; sin embargo, a la hora de la votación, Pary no votó por la condena a la agresión rusa y optó por la abstención.

Es decir, Bolivia dice que condena las invasiones, pero cuando la Asamblea propone exigir el retiro de tropas de Rusia, Pary vota por la abstención, por el ni sí ni no para quedar bien con Rusia, Cuba, Venezuela, Irán y China. ¿Qué tienen en común todos estos países? Que ninguno de ellos es democrático, todas son autocracias con presidentes que gobiernan sus países hasta que la muerte se los lleve. A esa actuación se suma la también peculiar intervención del canciller Rogelio Mayta, que salió a justificar la posición boliviana con el argumento de que Bolivia es un país pacifista, como si la invasión rusa a Ucrania fuera un acto pacífico. Mayta se enredó en generalidades y no logró explicar por qué Bolivia se abstuvo cuando 141 países condenaron la agresión.

“No somos partidarios de las medidas de hecho, nos han quitado la mitad de nuestro territorio en guerras, somos de la cultura del diálogo, pero no va a haber solución si solamente hay posiciones exasperadas… Esa resolución de NNUU no va a ayudar a que se resuelva la conflagración y más bien puede ser más leña al fuego”, dice el canciller.

Hay que escuchar al tranquilo Mayta en sus pasmosos enredos en una entrevista con el canal estatal donde afirma que junto a Bolivia votó la mitad del mundo, porque también están China, la India y Sudáfrica que en su entender “ya de por sí en población es la mitad del mundo”.

La posición del gobierno boliviano parece encajar más que en la improvisación y poca preparación diplomática -que también la tiene- en su alineamiento político en ese bloque de países antidemocráticos tantas veces proclamado por Evo Morales, el jefe de todos los que están en el Ejecutivo.

No se entiende de otra manera el silencio cómplice del presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca que no han dicho esta boca es mía desde que comenzó la invasión de Rusia a Ucrania. El que sí ha hablado, y mucho, marcando línea como siempre, es Morales, que culpó a Estados Unidos de la agresión rusa, condenó a la OTAN y dijo que hubo invasión a Ucrania sino solo una acción de Rusia que “está sentando soberanía de su país para que no sea agredido”. Con esas expresiones, no hace falta ningún cherry, el pastel está completo.

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