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Hay más de 200 vacunas en ejecución. Por ahora, 50 pasaron a fase clínica o humana, y solo 11 están listas en fase 3, para continuar a la fase 4.

A quienes sienten desconfianza, de solo pensar en inocularse, ante la confusa avalancha mediática, el médico internista, broncopulmonar y geriatra boliviano radicado en Chile, Marcelo Blacutt, hace algunas aclaraciones, basadas en la ciencia, “y sin conflicto de intereses”, enfatiza.

A los que se preguntan por qué otras vacunas han demorado varios años en aprobarse, y la del Covid-19 menos de uno, les responde que los coronavirus vienen estudiándose desde el año 2003, cuando aparecieron como Sars1 y Mers.

Según Blacutt, como se controló esa epidemia, ya no hubo necesidad de producir la vacuna. Explica que la mayoría de los coronavirus que se conocen hoy, se saben desde hace 17 años, y que en todo este tiempo los intentos de vacuna pasaron por la fase inicial preclínica o de laboratorio, demostrando eficacia y seguridad.

“Esta es la razón de la falsa sensación de haberse saltado pasos. Por el contrario, tiene muchos años de estudio, pero no de fase clínica o humana”, argumenta.

El portal digital The Conversation enumera seis tipos de vacunas; sin embargo, Blacutt dice que las propuestas para Covid-19 se enmarcan en tres de ellos.

“El primer tipo es de RNA Mensajero (RNAm), el segundo es la vacuna de sub unidades proteicas y, por último, está el grupo de los vectores virales. Son formas distintas, pero ninguna tiene el virus vivo, ni tiene capacidad de modificar el ADN de nuestras células”, detalla Blacutt.





En The Conversation, al RNAm lo llama el último grito en vacuna biotecnológica. “No inocula el antígeno para desencadenar la respuesta inmunitaria. En lugar de eso, esclaviza células vivas en laboratorio, hace que produzcan la mayor parte de la respuesta inmune por el cuerpo (como si fueran nuestros linfocitos B) y pincha directamente millones de RNAm (el molde de fabricación de los anticuerpos)”, dice el sitio.

Al tener el organismo enzimas RNAasas que los destruirán, el riesgo de destruir el RNAm antes de que cumpla su papel es altísimo. Para evitarlo, se construye una envoltura lipídica protectora y se hace un lacasito, son millones de moléculas del preciado RNAm. Es una tecnología compleja que ha supuesto una fortísima inversión en investigación; son las vacunas más caras.

Las vacunas RNAm-1273 de Moderna (norteamericana) y BNT162b2, de la norteamericana Pfizer, y la alemana BioNtech, se basan en esta tecnología. Como la envoltura del lacasito es muy resbalosa, necesitará mucho frío para su conservación y transporte (entre -20ºC y -80º, respectivamente). Es esta peculiaridad la que garantiza una inmunización segura, eficaz (95%) y rápida.

En Inglaterra, la vacunación masiva será con Pfizer.

Estas vacunas se encuentran en fase más avanzada de ensayo clínico (fase 3), o han solicitado ya su aprobación a la EMA (Agencia Europea del Medicamento).

El segundo tipo de vacuna Covid-19 es de sub unidades proteicas. The Conversation explica que no trabajan con virus completos, sino con “trocitos” inactivados de virus, con capacidad antigénica fuerte.

Como el sistema inmune confunde esos trozos con virus completos, desarrolla una respuesta fuerte. Con todo, al igual que en el caso anterior, se requieren dosis de refuerzo. Vacunas inactivadas son las chinas de Coronavac (Sinovac) y Sinopharm, que pueden mantenerse en frigoríficos convencionales, como para la realidad de la logística boliviana. Requiere dos dosis.

El tercer tipo de vacunas citado por Blacutt es de los vectores virales. Supone un sustancial avance de la ingeniería biológica.

“Consiste en inocular un virus bueno, al que se le llama vector. El vector lleva en su interior, en vez de su RNA original, uno modificado para sintetizar proteínas del virus malo. Cuando el virus entra en el organismo humano no causa enfermedad ‘porque es bueno’, pero induce la inmunidad contra el virus malo, porque expresa sus proteínas”, describe The Conversation.





De este tipo, en su modalidad no replicante, son las vacunas AZD1122 (Universidad de Oxford/AstraZeneca), la china CanSinoBIO de Petrovax , la británica Ad26.COV2.S de Johnson & Johnson y la rusa Gam-COVID-Vac o Sputnik V, esta última, la más anunciada en Bolivia.

Según Blacutt, la mayoría de las vacunas se dan en dos dosis, con diferencia de semanas entre la primera y la segunda, pero habrá otras vacunas que requerirán una sola dosis para lograr la misma eficacia.

Para conseguir inmunidad individual efectiva, aduce que deben pasar entre tres y seis semanas. “La mayoría de las vacunas ha logrado entre 92 y 95% de efectividad”.

En cuanto a la inmunidad masiva, Blacutt dice que expertos sugieren llegar al menos al 70% de la población mundial. “Y para esto se cree que demoraremos entre uno y dos años, pero en países subdesarrollados puede tomar un poco más de tiempo”.

Entre las reacciones adversas más comunes, Blacutt explica que figuran: dolor en el sitio de la punción, cuadro febril o gripal con cefalea, dolor muscular y articular. “Cualquier otra cosa debe ser reportada de forma inmediata en algún centro de salud”, exhorta.

En la lista de quienes no deben vacunarse aparecen las personas con antecedentes de alergias graves e importantes, “aunque no hay estudios en lactantes ni embarazadas”, asegura Blacutt.

En personas con bajas defensas o inmunocomprometidas, dice que se ha descrito menor respuesta defensiva, pero que falta más experiencia en ese grupo.

Por último, ante la inquietud ética a la hora de gestar vacunas, Blacutt asegura que experimentar con animales y seres humanos no es un acto irresponsable de los científicos ni de las empresas, y que existen muchos filtros para no dañar ni a unos ni a otros.

“Están los comités de ética, y son miles de personas quienes nos representan, desde la esencia humana, para no dañar a nadie al inventar un medicamento o una investigación”, defiende.






PECULIARIDADES

El epidemiólogo boliviano Rodrigo Arce, que radica en Estados Unidos y es docente en la Escuela de Medicina de Nueva York, hace algunas aclaraciones sobre la cuestionada vacuna rusa Sputnik V, del laboratorio Gamaleya.

Dice que está hecha de vector, lo que ocasiona ventajas y tambien desventajas. Cree que la ventaja principal es que es una vacuna que se realiza en dos dosis, utilizando un mecanismo (de vector) diferente al que utiliza la AstraZeneca.

“En el caso de la Sputnik V, en vez de utilizar el mismo vector, o elemento que permite introducir material del virus hacia el cuerpo humano, el vector es un virus diseñado en laboratorio, en este caso tiene dos tipos, uno para la primera dosis y otro para la segunda. Es importante que al colocarse una segunda dosis, sea la que corresponda, no es el mismo frasco que la primera, ni viceversa”, dice.

Con respecto a la AstraZeneca, sostiene que la presencia de dos tipos de vector es importante porque el cuerpo humano desarrolla inmunidad, no solo ante los elementos que se introducen del virus, en este caso del coronavirus a través de este vector, sino al vector mismo.

“AstraZeneca se ha encontrado con problemas relacionados a la respuesta inmune de las personas porque utiliza el mismo vector para ambas dosis”, explica Arce.

Las dosis de RNA, de Pfizer y Moderna, son vacunas extremadamente específicas para el coronavirus que está circulando desde 2019, considera, y agrega que las vacunas de vector son un poquito más amplias porque incluyen más segmentos del coronavirus, por tanto son menos susceptibles a posibles mutaciones de los puntos de anclaje, que las vacunas de RNA.

Otra ventaja que encuentra a la vacuna de Gamaleya es de almacenamiento y distribución, virtud que comparte con AstraZeneca, respecto a Moderna y Pfizer.

Cree que ambas tienen versatilidad de almacenarse en temperaturas de un refrigerador normal.

Arce dice que las dos plataformas, tanto la de vector como la de RNA, son nuevas para enfermedades infecciosas, y que es la primera vez que se aprueban para uso en vacunas y para dar a toda la población.

“Las de RNA son más nuevas que las de vector y la tecnología todavía no está para la distribución a temperaturas de freezers normales, necesitan una cadena de frío muy estricta de -70 grados centígrados, la de Pfizer, la de Moderna a -20, que es con un refrigerador normal, pero que complican la forma de hacer llegar la vacuna de forma adecuada y con buena calidad al usuario, por ejemplo en una ciudad intermedia o un pueblo pequeño”, argumenta.

Entre las desventajas, en general, Arce reconoce que hay muchas cosas que todavía se desconocen de las vacunas, una de ellas es cuánto tiempo dura la inmunidad que producen. “Sabemos que los primeros dos a cuatro meses estas vacunas producen una inmunidad muy muy fuerte, de más de 90% de protección, pero después no”, dice.

Sobre la polémica fase 3 no superada, donde se estudia la efectividad y la seguridad en grupos amplios de gente, Arce aclara que ninguna de las vacunas hasta ahora ha terminado esa fase clínica 3. “De hecho, las autorizaciones de emergencia que han recibido en EEUU, Inglaterra y Europa se han realizado a partir de análisis intermedios a la fase 3. Esta fase terminará en los próximos meses, dependiendo de la vacuna, porque se necesitan seis meses de haber recibido las dosis”, explica.

Otro punto a considerar al elegir tiene que ver con precios: AstraZeneca-Oxford cuesta 3 euros; Sputnik V, 8; Moderna, 31; Coronavac (Sinovac), 25; y Pfizer y BioNTech, 8, según datos de Reuters y The Financial Times.




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