Opinión

Violencia como método para retener poder

6 de noviembre de 2019, 3:00 AM
6 de noviembre de 2019, 3:00 AM

¿En qué momento Bolivia se sumergió en un abismo tan profundo y repudiable? La violencia es el arma principal de la sinrazón, de la falta de argumentos para seguir adelante; peor cuando ese método se utiliza para justificar ese afán de poder a toda costa.

Los discursos que parten a la sociedad entre “oligarcas” e “indígenas” y que insisten en dividir son la causa de que las agresiones se hayan convertido en la regla.

Evo Morales critica el racismo de las oligarquías, pero resulta que el racismo había estado instalado entre la militancia masista de El Alto. 

Racismo expresado en que “los cambas no pasan a La Paz”; en expresiones como aquella de la mujer que exigía que una joven se arrodille y le pida perdón (solo por haber nacido en Santa Cruz) para dejarla avanzar hacia la sede de Gobierno. Y es que lo que ocurrió, aparte de doloroso, es intolerable.

Si hay un país que se transforma con energía joven, que es capaz de soñar y construir una nueva realidad en la que se escuche la voz del pueblo, hay otro que se resiste, que prefiere seguir en el pasado, en la obediencia ciega, en acatar lo que le dicen sus dirigentes, aunque ello implique cargar palos y piedras, aunque signifique atacar sin medir consecuencias. Y es que no se puede poner en paralelo el bloqueo de Santa Cruz con el que protagonizaron las huestes masistas la madrugada del miércoles.

Si se observan los 14 días de esta movilización, se puede identificar con claridad dónde y cuándo comenzaron las agresiones. Fue hace 10 días, justo después de que los cocaleros definieron cercar las ciudades y que el presidente se hizo eco y arengó esa determinación. Hay que recordar cómo la militancia del MAS desbloqueó el puente de la Amistad y Montero, lo hizo con armas de fuego (hay presos por el crimen de dos personas). Entonces, ¿cómo se pretende comparar el hostigamiento a los cruceños con el bloqueo en el resto del país?

Peor aún, dirigentes del MAS fueron identificados en ese cerco al aeropuerto. Una diputada electa fue vista bloqueando al presidente cívico cruceño; una exministra estaba fuera de la terminal junto a los violentos que llegaron con palos.

¿Y la Policía? Su rol fue impresentable. Los uniformados se limitaron a observar, no hicieron el esfuerzo de contener a la turba; miraron las acciones de violencia contra los pasajeros que eran obligados a mostrar su carné de identidad para demostrar dónde habían nacido. Las esposas de los policías denuncian que a sus parejas les dieron Bs 3.000 de “bono de lealtad”.

 ¿Lealtad para dejar pasar la violencia contra los opositores y contra los cambas? ¿Será que todos los uniformados están convencidos de que ese es su triste rol?

Un periodista de esta casa periodística y otros de varios medios también fueron víctimas de la intolerancia. Primero, los obligaron a alejarse del ingreso al aeropuerto “porque no querían a la prensa cerca”; cuando lograron entrar al aeropuerto, ya no los dejaban salir. 

Al periodista de EL DEBER le bloquearon el paso porque su cédula fue expedida en Santa Cruz. Finalmente fueron escoltados por un vehículo policial.

Los últimos acontecimientos son reveladores. O es que al Gobierno no le queda más argumento que la violencia para retener el poder o es que ya perdió el control de sus bases, fue rebasado y no está en condiciones de garantizar la paz social.

Mientras tanto, el mundo vio que el Estado fue incapaz de resguardar la seguridad de los pasajeros en el aeropuerto internacional de El Alto. Que no le echen la culpa a la oposición.

Presidente: ¿en qué momento se descompuso tanto la realidad del país? Presidente: ¿sigue siendo capaz de gobernar para todos los bolivianos?

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