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3 de noviembre de 2022, 7:00 AM
3 de noviembre de 2022, 7:00 AM

Y finalmente ocurrió lo que se venía advirtiendo: El Gobierno mandó a la Policía a defender a un grupo de aliados del MAS que hacían un cerco en La Guardia y reprimió brutalmente a pobladores que intentaban levantarlo; lo hizo con gases lacrimógenos y a golpes. Fue un vergonzoso espectáculo donde de un lado estaban los autores del cerco en alianza con los efectivos policiales armados, y del otro, ciudadanos que se defendían como podían. 

¿En qué lugar del mundo que no sea en una dictadura se ha visto a la Policía actuar en complicidad con uno de los grupos enfrentados? La Policía es una fuerza pública, del Estado boliviano, que ha sido creada para defender a los ciudadanos, y no una fuerza del Movimiento al Socialismo ni del gobierno de Luis Arce ni de ninguna otra autoridad. 

El martes ellos pasaron a formar parte de la vergüenza nacional, aunque ya antes venían mostrando su degeneración y decadencia cada vez que acompañaban y hasta transportaban grupos de choque del partido de Gobierno a los que protegían mientras estos cometían vandalismo en las calles de Santa Cruz. 

La brutalidad de los grupos de choque pagados por el Gobierno de Luis Arce derivó, entre otras cosas, en una inaceptable golpiza a un periodista a quien estuvieron a punto de matar delante de efectivos policiales que no movieron un dedo para defender a quien estaba suficientemente identificado como un trabajador de la prensa que solo cumplía con su función de informar. 

En las imágenes se vio también como la Policía disparaba gases lacrimógenos a quemarropa, esto es de frente y a pocos metros de personas que no estaban en ninguna actitud de enfrentamiento. 

Sin embargo, y a pese a todas las evidencias que mostraban claramente lo que ocurrió en La Guardia, el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, acusó a personas afines al Comité Interinstitucional de supuestamente agredir a seis patrullas policiales, y admitió con una dosis de cinismo que la Policía acompañó al grupo de choque. Del Castillo dijo que la Policía acompaña a los grupos movilizados, sean de un bando u otro, lo cual es una falta a la verdad porque los uniformados estaban solo del lado de los afines al Gobierno. 

El ministro no supo responder por qué la Policía disparó de frente y solo respondió que la institución actúa en cumplimiento de su reglamento. Pues no fue así, tratar de tapar el sol con un dedo no funciona. 

Por cierto, algo le pasa al ministro de Gobierno, que en su aparición ante los periodistas la noche del martes se lo vio en una actitud muy extraña, era una persona completamente perturbada, un hombre agresivo que evadía las preguntas de la prensa y hablaba al mismo tiempo que los trabajadores de la prensa, casi en un debate que nadie le había propuesto. 

Del Castillo habló del censo, con la mirada política que a él no le corresponde; dijo que técnicamente no es posible hacer el censo el año 2023, y al día siguiente fue desautorizado por el Ministerio de la Presidencia. En cualquier país con una democracia real, el papelón era para presentar renuncia al cargo por un asunto de dignidad personal. 

Estaba tan fuera de sí el ministro, que entró en contradicciones infantiles al declarar que el censo era un asunto técnico al que él no le entendía. Si es así, ¿qué hacía él especulando tan irresponsablemente sobre el asunto? Desafortunada actuación de un ministro que esa noche perdió el control y se despojó de su alta investidura para parecerse a un integrante de los grupos de choque de su partido.

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