21 de junio de 2023, 4:00 AM
21 de junio de 2023, 4:00 AM

Como padres, como miembros de esta sociedad y como seres humanos, no podemos sino sentir escalofríos por las terribles noticias que llegan desde los colegios, esos espacios a donde van nuestros hijos a estudiar. Una niña de seis años fue apuñalada por otro de 11 años; un niño de 12 años fue abusado sexualmente por cinco estudiantes de quinto de secundario de otro establecimiento educativo. Un colegio público y otro privado, lo que muestra que no es un problema de clase social, sino una llamada de atención acerca de lo que les pasa a nuestros pequeños en los lugares donde creemos que pueden estar seguros.

Es el tema de conversación en este momento. En la mayoría de los casos con una actitud de escándalo, de búsqueda de culpables, de crítica o de indignación. Y sí, todo eso junto forma parte de la mente colectiva, pero hay poca reflexión a fondo, poca responsabilidad asumida como miembros de esta sociedad.

Lo que estos hechos demuestran es que hay soledad y desorientación en muchos de los niños y adolescentes en este momento.

La soledad en que viven, como efecto de la ‘excesiva’ ocupación de los padres en el trabajo o con sus vidas llenas de todo, hace que se refugien en un dispositivo que tienen a mano: los teléfonos celulares y las redes sociales. Un reportaje de la Red Globo demuestra que, aunque estén solos en sus dormitorios, los muchachos no están fuera de peligro. ¿Sabe usted en qué redes sociales está su hijo y a quiénes tiene de contactos o amigos? ¿Está al tanto de las nuevas opciones, de los retos, etc?

Las redes sociales, tan superficiales como son, les plantean retos increíbles y preocupantes. Que se filmen mutilándose o que demuestren con videos y fotografías que pueden hacer cosas extremas que llegan incluso a lastimar a otros seres humanos o a mascotas indefensas. Cuando esto ocurre, por lo general, no estamos los adultos para orientar, aunque probablemente estamos para castigar.

La reflexión invita a tomar conciencia sobre la nueva realidad que hay en el mundo con redes sociales e internet al alcance de un click. ¿Cómo se redefine el rol de madre y de padre? Ya no alcanza solo con proveer. Ahora plantea nuevos desafíos que demandan desaprender para volver a aprender, revisar los valores que tenemos y los que transmitimos en las charlas cotidianas, en las prioridades, etc.

Los niños agresores, en los casos mencionados, ¿son víctimas o victimadores? Lo más probable es que se haga escarnio de ellos, que se los expulse, que les caigan las peores sanciones morales y sociales, pero sin atender las causas reales de todo esto.

Ahora fueron dos colegios, pero pueden ser muchos más. Sin duda alguna hay muchos establecimientos donde pasan cosas muy crueles con los estudiantes. El bullying está a la orden del día. Los padres no se fijan en las huellas que la violencia en sus hijos y, cuando lo hacen y denuncian, es probable que encuentren a directores o maestros insensibles e indiferentes frente a esa realidad. Pocos son los que se juegan y trabajan a conciencia para frenar esas prácticas tan dolorosas

Lo que está pasando en los colegios es una fuerte llamada de atención para los adultos. No podemos dejar en manos de YouTube, de Twitch, de Discord, TikTok o de Instagram el tiempo de nuestros hijos. Quizás es improbable que se pueda evitar el uso de los dispositivos electrónicos, pero al menos estemos ahí para conversar, sobre todo para escuchar, ¿de qué hablan los niños, los adolescentes?; ¿Cuándo callan y por qué lo hacen?

Ser papá o mamá es una tarea de gigante responsabilidad. No se puede delegar. Lo que hagamos y lo que dejemos de hacer incidirá directamente en los hijos que le entregamos a la vida. Hay que tomarlo en serio.

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