22 de agosto de 2023, 4:00 AM
22 de agosto de 2023, 4:00 AM

Fueron dos fines de semana con elecciones en tres países. El denominador común ha sido el hartazgo ciudadano expresado en el voto, lo que ha dejado resultados sorprendentes e inciertos. El mensaje claro es para los políticos que han estado turnándose el poder en los últimos años y que no supieron dar respuesta a las inquietudes de la ciudadanía.

Argentina, golpeada por una muy dura crisis económica, votó por un outsider llamado Javier Milei, que tiene propuestas fuera de lo común, pero en quien ven que puede llevar una salida al tormento financiero de ese país. Los análisis políticos dicen que hubo un voto de bronca contra el sistema (kirchnerismo y macrismo a quienes se les carga el bulto de la inflación y la aguda situación actual). Tras los comicios, la economía se desordenó aún más con la moneda nacional por los suelos y la inflación imparable. Hay que ver si el hastío sigue sumando respaldo para este inusual candidato a la Presidencia de Argentina.

El hartazgo tiene otro matiz en Ecuador. Allí impera la inseguridad ciudadana, las mafias del crimen organizado han cobrado mucho protagonismo y pretenden imponerse por encima de los poderes constituidos. La última elección dejó tres personas muertas, al menos dos candidatos, y varios atentados armados contra otros postulantes. Los dos últimos crímenes ocurrieron días antes de los comicios y dejaron miedo en la ciudadanía.

Allí era favorita la candidata Luisa González, alfil del expresidente Rafael Correa, que gobernó ese país durante una década y que intentó prorrogarse en su momento. Ella lidera el resultado, pero deberá enfrentarse en segunda vuelta a Daniel Noboa, de 35 años, millonario e hijo de un político ya conocido en ese país. Lo novedoso es que Noboa aparecía en los últimos lugares de las encuestas y sorprendió al escalar tanto, incluso superando al voto póstumo que podía haber marcado los comicios tras el asesinato de Fernando Villavicencio. Su planteamiento principal es el combate a la corrupción y, al parecer, convence.

La segunda vuelta en Guatemala también fue un revés al continuismo y la vieja política. Bernardo Arévalo, del partido Semilla, se impuso como presidente con el 60% de los votos. Esta agrupación y su líder eliminaron obstáculos hasta última hora, no solo políticos sino también institucionales pues hasta el Ministerio Público había anunciado que le retiraría la sigla a horas del inicio de la votación.

Los candidatos mencionados tuvieron discursos de crítica a los políticos actuales, plantearon agendas renovadas y así sedujeron a la población. Hilando más fino, los otros aspirantes a las presidencias no empatizaron con los electores, se mantuvieron ausentes de la problemática cotidiana y se fueron alejando del electorado, fórmula del fracaso especialmente para quien cree que teniendo el poder es cuestión de prebenda y exitismo.

En Bolivia no se visualiza un outsider por el momento, pero sí hay cansancio ciudadano por las formas tradicionales de la política. En el partido gobernante hay una encarnizada y bochornosa pelea que llega a extremos de violencia y acusaciones entre los bandos. Los partidos de la oposición no están exentos de pugnas, pero, sobre todo, ninguno destaca por llegar al ciudadano con alternativas que den respuesta a sus necesidades.

 En ambos escenarios tendrán que cuidarse porque las reacciones del electorado pueden ser insólitas, ya se lo ha visto en tres países de la región.

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