5 de enero de 2021, 5:00 AM
5 de enero de 2021, 5:00 AM


Finalmente ocurrió lo que se temía: la normalización de la actividad productiva y comercial en el país, el retorno de las reuniones, las fiestas y las aglomeraciones, y el no uso de los barbijos terminaron produciendo un feroz rebrote de la pandemia del Covid-19, o segunda ola, como se la quiera llamar, que han vuelto a colapsar las salas de terapia intensiva, como en los días más críticos del año pasado, y la demanda de plasma inmune ha inundado las redes sociales.

Era previsible. No hay quien pueda con la cultura boliviana del descuido y la irresponsabilidad, pese a los múltiples mensajes de prevención que vieron y escucharon durante todo este tiempo. Es como en el fútbol: cuando a nuestra Selección comienza a irle bien el equipo se relaja, se confía y ahí viene la goleada que nos propina el equipo contrario. Con el virus está pasando exactamente lo mismo.

Un estudio de seroprevalencia de la Alcaldía cruceña mostró que el 11 por ciento de los cruceños tienen Covid-19, frente al 2 por ciento que registraba similar estudio en el mes de noviembre.

La encuesta descubrió que el 72 por ciento de los contagiados son asintomáticos, lo que significa que, si bien ellos mismos no presentan ninguna o mínima sintomatología, son portadores del virus y por tanto elevan más el riesgo de contagios en otras personas allí donde vayan, sea el trabajo, la casa o la calle.

Las historias de dramas humanos han vuelto a ocupar la atención de los medios de comunicación, como el caso de la señora Lenny Suárez que con la ayuda de su nieto estuvo buscando atención hospitalaria de emergencia porque tenía saturación de 92 con tanque de oxígeno. Durante siete horas buscó atención y fue rechazada en tres hospitales públicos y otros privados de Santa Cruz por falta de espacio.

Por último, hasta el fin de semana había al menos 70 médicos cruceños con Covid-19 y el número se eleva a 170 si también se cuentan enfermeras y trabajadores de la salud.

Esos son apenas unos primeros pincelazos de este nuevo cuadro dramático que tiene por nombre ‘Segunda ola del Covid-19’ y que fue pintado por un autor que firma como ‘Bolivianos’. En el frente político, partidos y candidatos y pronto militancias buscarán desesperadamente el voto ciudadano para las elecciones del 7 de marzo. Y todos sabemos que la lucha por el voto es encarnizada, no respeta protocolos ni restricciones de aglomeraciones ni se usan barbijos.

En este contexto, el ex senador y ex ministro Oscar Ortiz ha propuesto el diferimiento de la fecha de las elecciones para evitar un colapso hospitalario que ha comenzado a manifestarse en Santa Cruz y La Paz.

La idea cuando menos debe debatirse con urgencia tomando como referencia los informes de las autoridades de salud y los comités científicos de emergencia, dejando de lado los intereses y los cálculos político electorales de alcaldes, alcaldesas y gobernadores. Sabemos que esto último es como pedirle peras al olmo, pero al menos porque en este caso estamos hablando de vidas humanas ellos deben postergar sus aspiraciones para salvar la vida de la gente, de esa misma a la que los políticos dicen deberse.

La vida está primero, el voto puede esperar, y finalmente los políticos que tengan que acceder a alcaldías y gobernaciones de todas formas lo harán más tarde. Por ahora la urgencia del país está nuevamente en la salud y la sobrevivencia de los ciudadanos expuestos a este mortal rebrote.

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