1 de diciembre de 2022, 4:00 AM
1 de diciembre de 2022, 4:00 AM


Después de 36 de días de enfrentamientos en las calles y de cercos a la boliviana, ha retornado la calma en Santa Cruz, sin víctimas que lamentar. Hubo 36 días en que los cruceños y cruceñas ocuparon voluntariamente y con entusiasmo, decenas de rotondas “estratégicas”, en las circunvalaciones principalmente, ante la amenaza de masistas de todo pelaje y hálito, que amagaban invadirnos. Todo, por supuesto, fue un amago de guerra, casi como un entrenamiento para lo que pudiera venir. Sin embargo, pese a los 40 grados, dignos de la sala de máquinas de un viejo vapor a carbón, la gente salió a las calles en defensa de su ciudad y en demanda del Censo de Población y Vivienda, que ya se había pasado de lerdo y que daba la impresión de que al Gobierno no le interesaba realizar hasta que las elecciones del 2025 estuvieran bien cocinadas en favor del MAS.

La población se volcó a las plazuelas de manera dispersa para ocupar sus sitios de vigilia, no masivamente como en el multitudinario último cabildo, sino que para defender su barrio de lo que pudiera suceder. Y sucedió menos de lo que se esperaba. Los masistas, alentados por “quintacolumnistas” collas acambados, se hicieron fuertes en el Plan 3.000 y atacaron esporádicamente en algunos lugares de la ciudad, siendo rechazados. Pero lo peor, lo más peligroso, fue cuando cercaron las vías principales de la ciudad capital y del departamento entero. Fue un cerco breve, pero que amenazó con su propósito de perjudicar a la economía cruceña paralizando sus exportaciones. Hubo la peregrina idea de cercarnos por hambre (Boquerón, Leningrado), pero, repetimos, todo en miniatura. Puro amenazadores discursos bélicos, que a cualquier forastero le habrá hecho parar los pelos pensando en la proximidad de un cerco numantino.

Para quienes en el exterior han visto imágenes de la televisión boliviana, la guerrita en el Plan 3.000 no tenía nada que envidiar a lo que se ve en la guerra de Ucrania. Ruidos atronadores, explosiones que iluminaban el cielo nocturno, cohetazos que parecían disparos, ulular de ambulancias, angustia por lo que acontecía.

Afortunadamente, al final, los policías, defendiendo a los masistas, habían ahogado con gases a algunos ciudadanos y a otros les habían repartido algunos garrotazos. Finalmente, algunos ojos irritados y chichones.

Lo hermoso fue, sin embargo, el espíritu solidario y corajudo de los cruceños, quienes durante 36 días estuvieron al sol, vigilantes, tomando agua y comiendo de ollas comunes. Hubo música en algunas rotondas y mucha charla y chistes sobre la situación. Y aunque los masistas se quejaban de que algunos borrachos abusaban de los transeúntes, al parecer los borrachos eran ellos mismos, que tomaban coraje para pasar la noche lanzando fuegos artificiales. Una guerra sin héroes y con dos fallecidos en más de un mes: uno por ahogarse con los gases lacrimógenos de la Policía y otro por degollarse con una cuerda que no había sido retirada, al pasar en su moto en plena noche.

Finalmente, en vista de que no había solución que hubiera satisfecho plenamente a ninguno de los dos bandos en pugna, se llegó a un acuerdo dentro del sofisma que manejamos con maestría los bolivianos cuando no nos va bien: “Sin vencedores ni vencidos”. Así lo planteó en el armisticio de 1935 el Gobierno boliviano, después de que los paraguayos nos quitaron más de medio Chaco, pero hicimos como si lo creyéramos. Ahora lo hace el centralismo con los cruceños. El único que no cree en lo de “sin vencedores ni vencidos”, es el inefable Evo Morales, odiador de los cambas, que alentaba una guerra de verdad y que ahora está maldiciendo a quienes fumaron la pipa de la paz. Morales ha tratado de detener el entendimiento denunciando que Chuquisaca, Potosí y Oruro, van a perder parlamentarios y plata si se produce el censo, con lo que demuestra que, por su ‘brillante’ cerebro, jamás pasó la idea de hacer un censo, ahora que éste podría no favorecer sus intenciones de retornar al poder.

Que cada uno piense si hubo vencedores o vencidos como mejor le convenga. En el caso de Santa Cruz, nos interesa saber que Camacho, Calvo y Cuéllar cumplieron con su deber sufridamente, que serán objeto de muchas críticas tal vez, pero es indudable que obligaron al Gobierno a que, hasta el 2024, entregue los resultados correctos del censo, con la redistribución actualizada de ingresos económicos y de escaños parlamentarios a cada departamento. 

Suponemos que como resultado del censo también contaremos con un nuevo padrón electoral que ya no permitirá al MAS ganar otra elección presidencial tramposamente. ¿Es suficiente? Creemos que sí. ¿Se ha ganado? Sin duda que se ha ganado. ¿Se pudo ganar más? Siempre se puede ganar más. Pero eso de ganar todo lo que hay en juego sobre la mesa o en el campo de batalla solo se da cuando en la otra parte hay una rendición sin condiciones. “Unconditional surrender”, dicen los gringos cuando el enemigo está hecho talco, lo que no era el caso por la soledad con la que Santa Cruz enfrentó la disputa.

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