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El domingo se cumplieron 50 años de la muerte de Willy Bendek, el gran campeón de automovilismo, ídolo deportivo nacional.

“El único camba al que lo querían en todos lados”, dice su hijo Pimpo, a tiempo de recordarlo luego del homenaje de la víspera.

La historia cuenta que se corría un circuito callejero el 14 de noviembre de 1971 en Santa Cruz de la Sierra. Había ganado con BMW en la categoría 1.600 centímetros cúbicos e iba a conquistar el triunfo en Fuerza Libre con un potente Ford Mustang.

Pero el destino quiso que no se consumara la victoria, una de las tantas obtenidas por el popular piloto cruceño. La gente que se había ubicado en gran cantidad al borde de la “circunvalación” (hoy segundo anillo) pese al caluroso mediodía para ver ganar a Willy, terminó siendo testigo de la tragedia.

El accidente ocurrió en el segundo anillo “a la altura de la avenida Alemania, a metros del restaurante La Buena Mesa (avenida Cristóbal de Mendoza)”, precisó Carlos ‘Chichi’ Santos.

“Yo estaba en El Trompillo con un amigo de mi padre, Pollo Franco, y otros amigos”, señala Carlos Bendek, “Pimpo”, hijo de Willy, que en ese momento tenía 13 años y se encontraba al otro extremo del lugar del accidente.

“Todo era medio confuso en ese momento, nos enteramos de lo ocurrido por la radio y tuvimos que ir a ver”, agrega Pimpo que continuaría los pasos de su padre al vincularse al automovilismo, en el que logró un título nacional en 1993, en el Grupo Multivalvular.

Gonzalo Alaiza, quien tenía que ser copiloto de Willy en esa carrera y no fue porque la noche previa asistió a un festejo en Cotoca, recuerda que “casi en la mitad de la vuelta 15 ocurre el accidente por la potencia de la máquina y porque el Mustang no llevaba llantas para carrera. En una ‘chicana’ pincha una llanta, el auto (se estrella contra un muro) y se incendia  por alta volatilidad del combustible (usaba gasolina de aviación)”

“Las llantas de su coche estaban resecas. A la altura del Cristo Redentor le presté las gomas de mi auto Mustang. De haber presentido o adivinado el final, jamás lo hubiera hecho”, relataba su amigo René Cronenbold en 1995.

“Puchi” Alaiza caminó aproximadamente kilómetro y medio. Al llegar al sitio del accidente no quería dar crédito a lo que veían sus ojos. “El Mustang de Willy estaba totalmente quemado y ellos carbonizados. Quedé conmocionado. La muerte de Willy y Chacho (Araúz) fue un golpe muy fuerte para el automovilismo boliviano”.

“Con la muerte de William Bendek y Efraín Arauz se cierra una de las épocas brillantes e inolvidables del automovilismo boliviano”, escribió el periodista Julio Diego Lazarte Lazo.

Santa Cruz lloró por la muerte de su ídolo. Hubo sendos homenajes como la construcción de un monumento y la nominación del estadio de fútbol con el nombre del camba más querido en el país. Pero en los años ochenta fue cambiado a estadio Tahuichi Aguilera.





“Era una persona con mucho carisma, querendón de su tierra y el primer piloto que le dio éxitos y alegrías a Santa Cruz; fue siete veces campeón, pero además un defensor de las causas cívicas, incluso fue preso por eso”, señala Pimpo Bendek.

“Me gusta el automovilismo porque es un deporte de riesgo. Yo vivo así, por ello creo que mi existencia es apasionante (...) Hay que jugarse por el primer puesto, el segundo no sirve (...) Las veces que agarro el volante es para ganar o para matarme”, confesaba Willy en una entrevista.

Vivió intensamente sus 37 años; es el único camba que lo querían en todos lados, dice Pimpo, quien lo seguía por las radios.

“Cuando fui dirigente de Blooming y cuando corría, viajé por todo el país y la gente me contaba anécdotas de él, y comprobé que era una persona muy querida”, agrega.

Santa cruz lo despidió como el ídolo que era, con una multitudinaria concentración de gente que se concentró en la Catedral para el velorio, la misa de cuerpo presente y luego acompañó sus restos hasta el cementerio general.

“Fue algo sin precedentes, el presidente Hugo Banzer y su gabinete estuvieron presentes, además de sus amigos, Chicho Elío, Widen Razuk, Pollo Franco, que era un grupo unido, como hermanos”, recuerda Pimpo.

Fue hace cinco décadas, sin embargo a Willy Bendek no se lo olvida, al contrario, está en la memoria de todos los cruceños.

Los restos del Mustang que conducía Willy, destrozado y calcinado



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