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26 de julio de 2023, 4:00 AM
26 de julio de 2023, 4:00 AM

Laura Rojas Ayala

La municipalidad de Santa Cruz, desde hace 34 años, es administrada por el apellido Fernández. Sin lazos familiares comunes, Percy y Jhonny llevan el mismo apellido y también han coincidido en el cargo que ocuparon en la Alcaldía cruceña.

Antes, las gestiones municipales eran de dos años. En 1990 Percy fue electo alcalde y luego ganó tres elecciones consecutivas, con una amplia mayoría, hasta que en noviembre de 1995 el fatal accidente de aviación de don Max Fernández promovió un “voto póstumo” a favor de su hijo Jhonny, quien venció dos elecciones consecutivas e inició una gestión de 10 años al frente del Ejecutivo municipal.

¿Cómo han logrado ser alcaldes Percy y Jhonny? ¿Cómo han logrado cautivar la preferencia del voto ciudadano? Si analizamos el crecimiento poblacional, la juventud es la que alimenta el padrón electoral departamental en un alto porcentaje y es justamente el voto joven el que inclina los resultados en favor de uno u otro candidato. El plan de gobierno es lo de menos –ya que no se cumple- y lo importante es la estrategia de campaña. Percy lo entendió y conquistó el voto joven retomando el sillón municipal en tres gestiones consecutivas: 2005-2010, 2010-2015 y 2015-2019.

Durante los años que Jhonny Fernández ejerció el cargo de alcalde (1995-2005), la institucionalidad municipal se vino abajo. Dependencias fueron tomadas por personal sin preparación y los hechos de corrupción sucedieron sin interrupción (No les digo que roben, pero saquen algo). Un caso emblemático fue el de la construcción de la doble vía a La Guardia, justo donde quedaba “su cervecería y su quinta”. ¿Hoy la historia se repite, con la carretera a San Miguel de los Junos?

El hijo de Máx Fernández retornó a la municipalidad después de 14 años, haciéndose conocido como “Tío Jhonny” o usando el mote de “Jhonny Cash” para llamar la atención de los jóvenes, que desconocían los antecedentes de su pésima y corrupta administración municipal, en el entendido que un gran porcentaje de electores que emitieron su voto en 2020, no habían nacido o tenían un año cuando su “tío” destrozaba la ciudad en su primera gestión.

Por ese desconocimiento ganó Jhonny. Por sus camisas de “Chapo”, por sus tiktoks burdos, por sus metidas de pata, por sus trajes chillones y coloridos, pero caros hasta el ridículo. Y, por supuesto, por sus promesas monumentales: tren urbano o monorriel, canales cubiertos para su uso como discotecas al aire libre, computadoras para todos, desayuno para todos, bonos para todos, mercados para todos…

En el pasado, el gobierno municipal tuvo interinatos que pasaron casi inadvertidos: Jesús Cahuana, Romy Paz, Roberto Fernández, Rómulo Calvo y Desiré Bravo.

La excepción fue Angélica Sosa, muy cuestionada en sus acciones y que hoy guarda una ilegal y excesiva detención preventiva, gracias a la alianza de UCS con el gobierno del MAS, que ejerce una manipulación de la justicia que no permite a nadie defenderse en igualdad de condiciones. Angélica tiene tres imputaciones, no se demuestra con pruebas fehacientes su culpabilidad, no tiene sentencia en primera instancia y, en consecuencia y aplicando los principios constitucionales y procesales previstos en las normas bolivianas, es inocente mientras sus detractores/acusadores Jhonny, UCS y el MAS tienen la carga de la prueba y deberán probar que es culpable.

Amén de los cuestionamientos y procesos penales que tiene la exalcaldesa, se nota su ausencia en la administración de la municipalidad, en la conservación y mantenimiento de espacios públicos, en la proyección y el desarrollo de la urbe cruceña, que yace estancada desde el retorno de “Jhonny Cash”.

Mientras la administración de Sosa estuvo recuperando áreas verdes, vías y espacios públicos, reordenando mercados y devolviendo la calidad de ciudad a Santa Cruz de la Sierra, hoy vemos que la capital cruceña está tomada por comerciantes hasta su última esquina, cada acera es un espacio en alquiler para informales, los micros se adueñaron de cada calle del casco viejo, la basura se acumula en avenidas, plazas y rotondas, mientras cada día se presenta una nueva denuncia de corrupción que involucra a funcionarios municipales de todo rango, mientras al mismo alcalde lo salpican acusaciones de compra de terrenos “mágicamente” beneficiados con carreteras pese a la baja densidad poblacional de la zona, cuando no es la organización de “guerreros digitales” para atacar opositores o la invención de “atentados” para tapar su falta de apoyo a reivindicaciones regionales como el censo de población y vivienda que el MAS se negó a realizar.

Angélica hizo mal en continuar, en sus meses de interinato, con un gabinete de secretarios, directores, asesores y aliados políticos que, en varios casos, no estuvieron a la altura de las circunstancias y no supieron acompañar los planes de desarrollo municipal heredados desde el inicio de las gestiones de Percy. Pero (y este es un gran “pero”) la ciudad tenía orden, limpieza y proyección.

Hoy, el desencanto de los cruceños, jóvenes y no tan jóvenes, con la gestión de Jhonny Fernández es tan evidente que los nuevos ”influencers” de la política local son los concejales opositores que, en franca competencia por conseguir nuevos seguidores o “likes en sus redes sociales, denuncian día a día los innumerables casos de corrupción en la alcaldía cruceña, que de honorable ya no tiene nada.

Hoy, la gente ve que los hospitales y módulos escolares se caen a pedazos por falta de mantenimiento, los parques y plazas están sin limpieza, estudiantes son agredidos y hasta apuñalados en sus establecimientos por el deterioro de las cámaras de vigilancia, los vecinos ponen cuotas y pagan servicios de jardinería privados, se envenena a los menores con desayuno escolar de pésima calidad, la ciudad misma es un mercado gigante, porque ninguno de los problemas que “Jhonny Cash” prometió resolver ha sido resuelto.

La complicada situación actual del municipio más poblado del país, lleva a cada vez más cruceños a preguntarse: ¿Acaso no merece Santa Cruz de la Sierra una autoridad edil a la altura de sus expectativas? Lo cierto es que muchos ciudadanos tomaron lo dulce por amargo, y recién ahora se dan cuenta que la gestión que prometió luz y claridad, está sumiendo a la capital oriental en la más completa oscuridad.

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