Opinión

Y se fue el primer mes

6 de febrero de 2020, 3:00 AM
6 de febrero de 2020, 3:00 AM

Desde donde se mire, este mes de enero, además de “pasar volando”, ha sido testigo de eventos poco menos que inimaginables. Desde la tranquila rememoración del 22 de enero (cuando había justificados temores porque los sectores radicales del MAS realicen actos de violencia) hasta el anuncio de la Presidenta del Estado de que candidateará a la Presidencia en las próximas elecciones generales.

Se trata de hechos que en una sociedad organizada no pueden suceder, pues enero es un mesde acomodo para tomar fuerza y aguantar la rutina que acabará en diciembre. Precisamente confiado en eso fue que participé en una excursión a Santiago de Chiquitos, realizando paseos al mirador del Valle de Tucabaca desde donde se observa la reserva natural que presenta paisajes de gran belleza.

Luego, al balneario El Chorro en Roboré donde se aprovecha las aguas del río para nadar y refrescarse, cuidados por una cadena natural de piedra y vegetación imponente, solo hollada por la acción impúdica de militantes del MAS que pintarrajearon una especie de altar natural con los colores de su partido.

De ahí, a hacer uso y abuso de las aguas minerales de Aguas Calientes, donde, en su origen, el agua emerge caliente de la tierra y uno se sumerge en la arena provocando que el agua masajee el cuerpo y unos pececillos mordisqueen las durezas de las extremidades inferiores. Y a medidaque se sigue el curso del río el agua se enfría de a poco y aumenta el hondo de manera que uno se puede zambullir para que el agua refresque todo el cuerpo...

Los efectos positivos de esta sesión acuífera en la piel, en el cuero cabelludo y, en el caso de los de la tercera edad, en las articulaciones, especialmente las rodillas, son inmediatos.

Además, los lugares visitados son cuadros de nuestra realidad pluri-multi, con agregado menonita e incluso de un grupo de parejas exhibiendo collares y pulseras vistosos, escuchando música a un volumen que se entendería si fueran sordos, apropiados de un sectorcito del lugar, bastante efusivas entre ellas, aunque sin intenciones de provocar a nadie.

Corresponde anotar una experiencia inverosímil. Aunque los lectores, hombres y mujeres, de esta columna no crean, fueron cuatro días sin acceso a televisión, celulares ni wifi... sin que quienes participamos del paseo enloqueciéramos. Más bien, a varios nos asustaron, cuando pasamos por Roboré en el retorno a Santa Cruz, escuchar el timbre y sentir la vibración de los celulares que nos advertían que también retornábamos a la rutina.

Y bastaron pocas horas de inmersión en la rutina para comenzar a perder los beneficios físicos y mentales de las aguas de Aguas Calientes y el no uso de las tecnologías de la información.

Pero, antes de que se eliminen todos los síntomas de ese encuentro con la naturaleza, que parece haber recuperado su capacidad para sanarse de los incendios que sufrió, corresponde anotar, por un lado, que estos viajes muestran que el país es mucho más de lo que quienes aspiran a conducirlo creen. La gente está dispuesta a recorrer nuevos caminos buscando mejores horizontes si quienes se ofertan a estar en la vanguardia dan pruebas de que son creíbles.

Por otro lado, que el ciudadano común y corriente no exige más de lo que racionalmente sabe que puede pedir, como se desprende luego de charlar con personas que no ambicionan vivir del erario nacional sino a que su aporte al Estado le sea devuelto en mejoras en las condiciones de vida común.

Y en cuanto a la actividad política seguida desde las redes sociales se puede apreciar que así como el MAS tuvo la capacidad de convencer a la mayoría de que su proyecto de poder la beneficiaría, la derecha ha logrado hacer creer que su crisis de identidad y liderazgo es una crisis nacional.

Mientras tanto, seguimos caminando a tientas, pero caminando al fin.

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