En la última década, el mundo ha sido testigo de un preocupante incremento en las tasas de obesidad y síndrome metabólico, dos condiciones interrelacionadas que representan una grave amenaza para la salud pública global

1 de marzo de 2024, 10:37 AM
1 de marzo de 2024, 10:37 AM

“No me acuerdo cuándo y por qué empecé a comer de forma desmedida. Recuerdo que cuando todavía estaba en primaria, mis compañeros ya me hacían bullying, me decían ‘la gorda’ o se hacían la burla de mí”, recuerda Alejandra, una odontóloga que tuvo que hacer tratamiento con especialistas médicos, nutricionistas y psicólogos para superar el problema de obesidad que la aquejaba desde que era niña.

Hoy, siete años después y 55 kilos menos, asegura que “el proceso fue muy duro y doloroso”, pero que el apoyo de su familia fue fundamental a lo largo del tratamiento que inició cuando ingresó a la universidad.

En la última década, el mundo ha sido testigo de un preocupante incremento en las tasas de obesidad y síndrome metabólico, dos condiciones interrelacionadas que representan una grave amenaza para la salud pública global.

Esta tendencia, impulsada por diversos factores socioculturales, económicos y ambientales, plantea desafíos significativos para la calidad de vida de las personas y los sistemas de atención médica.

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El continente americano tiene la prevalencia más alta, con un 62,5% de adultos con sobrepeso u obesidad

Danitza Vargas, médico y coordinadora del diplomado en “Obesidad y síndrome metabólico”, de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, asegura que hay muchos factores que desencadenan este síndrome, con una consecuencia inevitable en la calidad de vida de las personas que lo padecen.

“El principal factor es el estilo de vida sedentario sumado a una dieta poco saludable, el consumo excesivo de alcohol y tabaco y no tener sueño de buena calidad”, puntualiza.

Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dan cuenta que la obesidad y el sobrepeso han alcanzado proporciones epidémicas ya que las tasas de obesidad casi se han triplicado en los últimos 50 años y han aumentado casi cinco veces en niños y adolescentes.

El continente americano tiene la prevalencia más alta, con un 62,5% de adultos con sobrepeso u obesidad. La epidemia no es ajena a los niños y adolescentes. En el grupo de edad de 5 a 19 años, el 33,6% de los niños y adolescentes están afectados por sobrepeso u obesidad, y el 8% de los niños menores de cinco años, según estimaciones de UNICEF, la OMS y el Banco Mundial.

En el caso de Bolivia, en 2022 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advirtió que el país “está un poquito peor que el resto de América del Sur”, con un 28% de la población con problemas de obesidad.

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¿Obesidad y síndrome metabólico, qué son?

La obesidad, definida como el exceso de grasa corporal, se ha convertido en una epidemia mundial, afectando a personas de todas las edades y grupos socioeconómicos.

Sus causas son multifactoriales, incluyendo la dieta poco saludable, la falta de actividad física, el estrés crónico, la predisposición genética y el entorno obesogénico. Esta condición no solo conlleva riesgos para la salud física, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión y ciertos tipos de cáncer, sino que también impacta negativamente en la salud mental y la calidad de vida.

Por otro lado, el síndrome metabólico, un conjunto de trastornos que incluyen la obesidad abdominal, la resistencia a la insulina, la hipertensión y dislipidemia, aumenta aún más el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes. Este síndrome se ha convertido en una preocupación creciente debido a su prevalencia y sus graves implicaciones para la salud a largo plazo.

“Este grupo de afecciones que se presentan al mismo tiempo aumentan el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria, un accidente cerebro vascular, diabetes y otros problemas de salud”, puntualiza la académica.

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La lucha contra la obesidad y el síndrome metabólico es un imperativo de salud pública que requiere un enfoque integral

Consecuencias en la calidad de vida

Las consecuencias de la obesidad y el síndrome metabólico en la calidad de vida de las personas son profundas y multifacéticas.

Quienes padecen estas condiciones enfrentan una mayor probabilidad de experimentar limitaciones físicas, baja autoestima, depresión, discriminación y una reducción en la esperanza de vida. Además, el impacto socioeconómico de estas enfermedades se extiende a nivel comunitario y nacional, generando costos enormes para los sistemas de salud y la productividad laboral.

Según Vargas, “las enfermedades que incluye el síndrome metabólico pueden ser limitantes para la persona que lo padece, por ejemplo, en el límite de movimiento por el exceso de peso llegando a la dependencia física para realizar actividades cotidianas, entre otros”.

Tips para evitar la obesidad 

El mejor tratamiento, según Vargas, es enfrentar cambios en el estilo de vida y sugiere siete tips:

● Tomar agua pura diario

● Llevar una dieta equilibrada

● Mantener un peso saludable

● Hacer ejercicio diario

● Dejar el tabaco

● Reducir el consumo de bebidas alcohólicas

● Tener al menos 6 horas de sueño de buena calidad

“El apoyo del entorno familiar y fraternal son el pilar principal para que los pacientes con Síndrome Metabólico puedan llevar a cabo su tratamiento, acompañándolo con la dieta saludable, apoyándolo con la actividad física diaria, no incitar al consumo de bebidas alcohólicas o tabaco, sin dejar de lado el apoyo emocional brindado por los mismos”, manifiesta la académica.

La lucha contra la obesidad y el síndrome metabólico es un imperativo de salud pública que requiere un enfoque integral y una acción concertada a todos los niveles. Solo mediante el compromiso colectivo de gobiernos, instituciones de salud, la industria alimentaria, la sociedad civil y los individuos, se puede revertir esta tendencia alarmante y promover un futuro más saludable y próspero para todos.

“Desde la infancia debemos cambiar el ‘estilo de vida moderno’, la alimentación debe ser lo más natural posible evitando los productos alimenticios ricos en azúcares como los jugos, gaseosas, leches saborizadas con exceso de azúcar, galletas dulces, cereales de caja con exceso de azúcar, así como los embutidos o la comida chatarra, que suelen ser la alimentación del día a día”, reflexiona la académica.

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