El envejecimiento conlleva el deterioro del mismo cuerpo y hace que los padres puedan perder la vista, dejar de caminar, perder el oído paulatinamente

14 de marzo de 2024, 9:00 AM
14 de marzo de 2024, 9:00 AM

Isabel Ríos pasa sus tardes deshaciendo pan seco junto a su padre, Manuel, quien luego llevará estas migas al patio y alimentará a los pajaritos que se le acercan. “Es una de las pocas actividades que disfruta y le da algo de lucidez”, dice la mujer que ya bordea los 60 años.

Manuel, de 95 años, sufre de demencia senil y cada vez es más difícil cuidarlo, pero su hija hace todos los esfuerzos para que se sienta cómodo, lo asea, lo hace pasear en su silla de ruedas, lo lleva al baño y lo ayuda a vestirse cada mañana, una tarea desafiante que a veces comparte con sus hermanas, pero que Isabel lleva a cabo con amor, aun cuando la desgaste física y emocionalmente.

“Este camino está lleno de desafíos, principalmente la enfermedad”, explica la directora de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, Liudmila Loayza.

Loayza indica que el envejecimiento muchas veces llega con enfermedades inflamatorias como el reumatismo o la artritis, condiciones cardiacas, renales, hepáticas, o el deterioro de las funciones cognitivas, como la demencia senil o el Alzheimer, las cuales pueden limitar la manera en la que los padres o familiares se desenvuelven y los hace dependientes de sus hijos, lo cual puede generar una carga emocional y física sobre los hijos.

“El envejecimiento conlleva el deterioro del mismo cuerpo y hace que los padres puedan perder la vista, dejar de caminar, perder el oído paulatinamente, son desafíos que enfrentan los hijos, porque los padres ya no están en las mismas condiciones de un adulto y se vuelven más dependientes y hay una carga emocional que hace que los hijos no puedan comprender en plenitud esa nueva etapa de los padres”, explica.

Loayza indica que esta carga emocional puede ser especialmente difícil si el deterioro de los padres es severo y no le permite reconocer el mundo que los rodea, como en el caso de la demencia senil o el Alzheimer, ya que los hijos se convierten en cuidadores permanentes o “niñeros” de sus padres, porque éstos no pueden valerse por sí mismos y eso puede generar desgaste duplicado, ya que no solo los hijos se ven en la obligación de cuidar a una persona enferma, sino que deben presenciar el deterioro de quienes los cuidaron cuando eran niños.

“El factor emocional es determinante, cuando un padre presenta una enfermedad que lo ha deteriorado mucho, por ejemplo, una demencia senil o un Alzheimer, esto causa un impacto muy fuerte en los hijos, porque éstos se vuelven en cuidadores primarios y existe un doble desgaste emocional, porque hay un involucramiento emocional, porque no es cualquier persona la que está enferma, es su papa, su mama, es su progenitor”, agrega.

Esto es un factor determinante que hace, muchas veces, que los hijos, al ponerse en un papel de cuidador primario, se desgasten emocionalmente y también su vida se vaya deteriorando poco a poco, descuidando su propia salud o sus relaciones con los otros familiares. También pueden llegar a sentir depresión o ansiedad por la impotencia de no poder hacer algo más por sus padres que están enfermos, acota la experta.

Unifranz

Se debe partir de la idea de que la ancianidad es una parte del ciclo vital

Evitar o mitigar el desgaste emocional

Una recomendación que ha dado buenos resultados es contar con apoyo profesional para el cuidado de los padres, de esa manera se libera a los hijos en cierta medida y se evita un mayor desgaste emocional.

“Si los padres tienen una condición de salud muy deteriorada que exige que los hijos se vuelvan cuidadores primarios, es importante contar con un apoyo extra, como un cuidador especializado para ayudar en esta etapa de la vida cuando estas personas se vuelven muy dependientes, cuando hay que llevarlos al baño, cambiarles los pañales. Es bueno tener ese soporte y ese apoyo para que los hijos no sientan ese desgaste que también tiene un componente emocional”, indica.

Este es el caso de Isabel, quien señala que llegó al punto de no poder más con el cuidado de su padre.

“Mi padre requiere de cuidados especiales que yo no puedo darle y contratamos una enfermera que lo atiende durante el día hasta que toma su cena, ella no hace todo, pero nos libera a mí y a mis hermanas de algunas tareas y podemos hacer otras cosas, aunque siempre estamos cerca de él”, explica.

Lidiar con la vejez

¿Cómo pueden los hijos mantener una relación positiva con sus padres ancianos? Loayza indica que se debe partir de la idea de que la ancianidad es una parte del ciclo vital y que debemos tratar a los adultos mayores como quisiéramos que nos traten a nosotros, con cariño, con respeto y amor e incluir a los nietos en el cuidado y atención de los abuelos.

“Todos, o casi todos, vamos a ser ancianos, y como esperamos que nos traten a nosotros es como debemos tratar a nuestros padres. Es muy importante para la familia que cuando los ancianos ya están empezando con el retiro de la vida activa, los hijos los ayuden con cariño y respeto, porque van a ser los nietos quienes van a ver estas actitudes de sus padres con sus abuelos y van a aprender con el ejemplo”, acota.

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Es muy importante para la familia que cuando los ancianos ya están empezando con el retiro de la vida activa, los hijos los ayuden con cariño

La experta agrega que, mediante el ejemplo, los nietos van a aprender a tratar y saber cómo tratar a sus padres cuando lleguen a esa etapa es propicio enseñarles las etapas de la vida humana, decirles por ejemplo que cuando se hace mayor ya no ve bien y cómo podemos ayudar a las personas mayores.

“Todo esto con cariño, con amor y con agradecimiento, porque estas personas han tratado con amor a sus hijos y con el mismo amor deben ser tratados ahora que son dependientes”, apunta.

Por otra parte, Loayza advierte que debemos cuidar a nuestros padres hasta donde se pueda y no aislarlos a menos que sea estrictamente necesario.

“Si bien hay casos extremos en los que llegan a enfermarse con una demencia senil que ya no se puede controlar en la casa porque necesita una intervención multidisciplinaria, recién, en último caso podemos recurrir a una casa de reposo donde podemos ayudar en esta última etapa. Pero, aún así, no nos podemos desvincular de nuestra familia. No tenemos que asustarnos de la vejez porque todos vamos a ser ancianos y nos tenemos que preparar para esta etapa”, concluye.

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