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Hubo tiempo para que los vecinos la filmen, para llamar a la Policía y tratar de captar la atención del centro de salud a cuyas puertas estaba recostada el martes pasado, ya en el tramo final de su vida.

Fernanda Antelo era el nombre que utilizaba en las calles, lugar donde encuentran una opción laboral muchas personas trans, que sufren discriminación y falta de acceso digno a la educación desde su temprana juventud.

Fue desalojada del lugar que alquilaba y cuando la dejaron en el centro Lazareto, el martes, permaneció casí un día esperando alguna atención, según cuenta Muriel Arteaga, la activista trans que se movilizó para ayudarla.

Después fue llevada a su domicilio, con algunos familiares, por el Plan 3.000 y luego al centro Pueblo Nuevo. Ahí, les dijeron que estaba poniendo en riesgo al personal e incluso a quienes intentaban ayudarla.

Con una orden para el hospital San Juan de Dios, subieron a un taxi. En ese centro, le dijeron que no podían atenderla. Era viernes y tuvieron que retornar a la casa de los familiares. El sábado, extenuada y débil, murió mientras sus allegadas buscaban quién la atienda.

Esta población es vulnerable cultural y económicamente, explica el activista Álvaro Chuvé. Se vulneran sus derechos humanos y considera que es el más afectado de toda la comunidad lgbt+.

Chuvé dice que fue discriminada cinco veces: Por ser mujer, trans, pobre, por tener una enfermedad y por ser trabajadora sexual.

El activista Alex Bernabé, dice que se pedirá una investigación a la Defensoría del Pueblo. Esperan que esa institución se manifieste para que, pese a que está rebasada, el sistema de salud atienda a esta población.