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Por:  Ma. Ingrid Rivero

Unas manchas en el rostro fueron la primera señal de alerta. ¿Qué provocó su aparición? Fue así que empecé a comprender las múltiples autoagresiones que nosotras mismas nos producimos en la cara, en ese afán de lucir únicas.

La alimentación, la exposición al sol, los cosméticos... todo provoca una reacción en la piel, que debemos conocer y saber cómo sacarle provecho. Con nuestras decisiones y un poco de ayuda extra, podemos conseguir un rostro resplandeciente, lleno de energía y la vitalidad de un estilo de vida saludable.

Francisco Javier Lavilla, especialista de la Clínica Universitaria de Navarra, constata que “son muy variadas esas agresiones que recibe la piel de la cara”. Las más frecuentes, son las producidas por las causas ambientales: la exposición a radiaciones ultravioletas procedentes del sol, excesivas y sin una protección suficiente, favorece un envejecimiento temprano de la piel; el viento resulta nocivo para el rostro, así como el exceso de humedad.

“Por otro lado, se debe tener cuidado con las agresiones químicas que provienen del humo o polvo que se deposita en la piel, como de la aplicación de determinados productos cosméticos (sobre todo mal conservados o no homologados)” destaca el especialista. El tabaco y la mala alimentación son otras causas nocivas para la piel.

Las personas tenemos diferentes tipos de piel. Aquellas que tiene un nivel de grasa prudente tienden a resistir mejor las agresiones. “La grasa, señala Lavilla, supone una capa protectora que recubre la piel de los agentes nocivos”. Las personas que tienen piel seca sufren con mayor intensidad las consecuencias de estos agentes nocivos. La falta de un manto protector resistente expone las capas más superficiales de la piel provocando daños, manchas y envejecimiento precoz.

Las recomendaciones apuntan a una buena hidratación y la aplicación de colágeno que frene la degeneración de las estructuras fibrilares que devienen en el envejecimiento de la piel y “las lesiones descamativas que se producen por una pérdida del manto protector de la piel. Los estratos superficiales quedan expuestos sufriendo un deterioro rápido que ocasiona la aparición de esas lesiones”.

Para evitar ese deterioro de la piel, conviene conocer las características de la misma. La piel grasa resultar más fácil de proteger, pero se debe tener cuidado con la limpieza. Esa piel acumula secreciones en mayor cantidad generando problemas con frecuencia de foliculitis. La piel seca debe ser protegida con más esmero.

Hay que evitar la exposición excesiva a las agresiones físicas (ultravioletas, humedad, viento) y químicas. Al final del día conviene protegerla con alguna crema hidratante. Se recomienda que las limpiezas sean dos veces al día, empleando esponjas o cepillos suaves. Eliminar el tabaco, controlar el estrés y hacer un masaje tonificante (nunca estirando la piel hacia abajo) de la musculatura facial, pues mejoran su firmeza y flexibilidad. En este sentido, la risa parece ser una terapia muy recomendable.

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