Escucha esta nota aquí

A las 10:45, con la mano derecha sobre el corazón, Luis Alberto Arce Catacora, economista paceño de 57 años, se convirtió en el nuevo presidente de Bolivia. El Juramento lo tomó David Choquehuanca, flamante vicepresidente ante los gritos de “¡jallalla Bolivia!” de parte de los asambleístas plurinacionales. Luego, con un discurso firme, sin olvidar los conflictos durante el año alejado del poder, Arce propuso caminar juntos para salir adelante.

Hasta el Palacio Legislativo llegaron delegaciones de 11 países, desde el rey de España, Felipe VI, hasta delegaciones de países como Guatemala, Emiratos Árabes Unidos, China, El Salvador, Paraguay, Venezuela y Rusia. 

Antes del juramento, Andrónico Rodríguez, titular del Senado, había tomado posesión a David Choquehuanca, que se encargó de imponer los símbolos presidenciales a un Arce vestido con un traje azul sin corbata. 

El puño en alto volvió al hemiciclo parlamentario para cantar el Himno Nacional, entonado en todas sus estrofas y en idiomas nativos. En ese momento, se escuchó el estallido de cohetes en La Paz y también en Santa Cruz de la Sierra.
Después, Choquehuanca pidió un minuto de silencio por los caídos en la confrontación política de los últimos 11 meses. Nombró a los muertos de Sacaba, Senkata, Betanzos, pero también a los de Montero y Ovejuyo. “Gloria a los caídos por la patria”, dijo el vicepresidente. 

Ahí, Choquehuanca comenzó un discurso de reconciliación. “Hoy quiero compartir nuestro pensamiento en unos minutos”, dijo y aseguró que comunicarse y dialogar es un principio del vivir bien. Explicó que en la cultura milenaria todo está interrelacionado, que nada está dividido, que nada está fuera, que todo está junto, que lo que se quiere es que todos tengan todo, que nadie le falte nada.

Luego, Choquehuanca reconoció que “el poder distorsiona la mente de los políticos”, que puede corromper” y que es un desafío gobernar con la sabiduría de los pueblos, en una revolución de ideas, con equilibrio para transformar. En ese momento se comprometió a promover la coincidencia con opositores, entre derechas e izquierdas, minorías creativas y mayorías tradicionales, entre gobernantes y gobernados. “El cóndor levanta vuelo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda”, dijo Choquehuanca.

El tiempo de Arce

Luego fue el turno del presidente Arce y fue firme en su recuerdo del último año. Se refirió a lo sucedido desde el 20 de octubre de 2019 como un desconocimiento a la voluntad popular y un "golpe de Estado". Nombró a los muertos de Sacaba, Senkata y el Pedregal, y los calificó como héroes de la recuperación de la democracia. 






Tuvo palabras para el Gobierno de Jeanine Áñez, al que acusó de no cumplir con sus propósitos de pacificar al país y de convocar de inmediato a las elecciones. Dijo que sembró muerte, discriminación y racismo, además de usar la pandemia para prolongar su gobierno “ilegal y ilegítimo”.

Con una frase de Marcelo Quiroga Santa Cruz, trató de marcar un antes y un después en su discurso: “No es el odio lo que impulsa nuestros actos, sino una pasión por la justicia”, dijo. 

Aseguró luego que hoy se inicia una nueva etapa en Bolivia, una etapa sin discriminación en la que su gobierno buscará unidad para vivir en paz, con pluralismo político y libertad de expresión. “Durante meses el Gobierno se llenaba la boca de democracia para unos, mientras intentaba proscribir no solo al MAS, sino al pueblo”; dijo

Aseguró que se quería instaurar una democracia excluyente, mutiladora de la plurinacionalidad y que a pesar de eso, el 18 de octubre se obtuvo una victoria histórica con más del 55%. “Somos mayoría”, gritó.

Ahí comenzó a hablar de las prioridades de lo que será su gobierno. Aseguró que de nada sirve elegir a las autoridades mediante al voto, si no hay acceso a la salud, educación, trabajo, ingresos y vivienda, “al derecho a disfrutar de la riqueza, que es para todos y no para unos cuantos”. 

Ese es otra vez el primer pilar de Arce: redistribución de la riqueza t reducción de las desigualdades, se comprometió a retornar al país al crecimiento económico y enfrentar la triple crisis instalada desde noviembre del año pasado: política, económica y sanitaria. 

En ese sentido, no está de acuerdo en echarle toda la culpa a la pandemia por la caída de la economía. Dice que un año Bolivia pasó de liderar el crecimiento económico de la región por seis años consecutivo a la peor caída de su economía en 40 años, con un déficit del 12,1%, pero que el del tiempo de la hiperinflación con la UDP. 

Denunció un drástico incremento del gasto público y un endeudamiento en un año de $us 4.200 millones, que se traducen en una deuda interna de $us 1.900 millones con el Banco Central de Bolivia, 800 millones en bonos y Bs 4.400 millones en el mercado interno. Dijo que solo en un año las reservas internacionales cayeron un 13%, de $us 6.459 millones a 5.578 millones. Solo en octubre de este año, disminuyeron en 700 millones. 




Luis Arce Catacora al asumir el poder de Bolivia /Foto: ABI

“No se veían esos números ni en el gobierno de la UDP. Ha aumentado el desempleo, la pobreza y las desigualdades”, dijo y aseguró que se regresará a la ruta del crecimiento con redistribución de ingresos. 

Luego aseguró que se ha planificado durante meses cómo reactivar la economía y la demanda interna, que cada día que pasa sin tomar medidas es un día que se complica más la economía, que necesitan esfuerzos sincronizados de todo el Estado, entre lo público y lo privado, así como entre las diferentes organizaciones políticas. “Estamos en la obligación de estar a altura del pueblo”, dijo y pidió la unidad entre oriente y occidente, campo y ciudad, para poner fin al miedo en Bolivia. 

Dijo que creía en la justicia, pidió acabar con la persecución y aseguró que aportaría la institucionalidad en el Estado. 

Luego de retomar banderas como “la diplomacia de los pueblos”, “un mundo multipolar” o la “integración sur-sur” como políticas internacionales, Arce se encaminó hacia el final de su discurso, la parte más emotiva. 

Recordó su recorrido por el país durante la campaña, todo el dolor y la esperanza que percibió en su intercambio con la gente. Prometió llevar consigo esas historias personales. “No nos olvidaremos de los que se han visto tan afectados en este año fatídico por el golpe pero también por la pandemia. Sus voces me acompañarán”, prometió.

Y luego remató: “Levanto mis ojos y veo que una Bolivia mejor es posible. Caminemos en paz, lado a lado para lograrlo. Vamos a salir adelante”.