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Los hospitales públicos, hoy, son como una trinchera. El personal de salud sabe que en algún momento tendrá que ponerle el pecho a las balas invisibles del coronavirus y, mientras esperan la primera carga, se reúnen en grupos de 10, dejan un metro y medio de distancia entre unos y otros y hablan. Al medio de ellos, en el hospital de la Villa Primero de Mayo, está Digmar Aguilera, sicólogo terapeuta, que los ayuda a elaborar la espera. 

“Los operadores de salud se encuentran a la expectativa. Se podría decir que hay una calma tensa. No entran en pánico, pero le dan la importancia debida a lo que se viene”, dice. 

Para la gente que trabaja en los hospitales, la muerte viene con el cargo. Aguilera explica que están acostumbrados a tratar a pacientes con cáncer, con VIH, pero nada los preparó para el coronavirus. El problema no está en la tasa de mortalidad de la enfermedad, sino en lo fácil que es contagiarse de ella y lo hábil que es para transmitirse entre humanos. 

Tienen miedo de contagiar a sus familiares. Detrás de cada trabajador de salud hay un hijo, una pareja, unos padres. Tienen temor de infectarlos a ellos”, cuenta Aguilera con tono calmado. 

Explica que el personal está entrenado, lo cual permite sobrellevar situaciones que para el resto de los mortales son traumáticas, pero temen ser un medio de transmisión para el virus. El otro gran temor que los asecha es el de no poder atender a toda la población que resulte contagiada, temen ser desbordados por la enfermedad nacida en la región de Wuhan, en China.

Para ayudarlos a manejar esa carga, Aguilera ha armado grupos de terapia de 10 personas para evitar que la ansiedad les impida hacer su trabajo. Los ayuda a elaborar sus temores, a que no los paralice, que los usen a su favor para que les permita hacer un trabajo más eficiente y meticuloso. 

“En el conversatorio la ansiedad se siente en el aire”, describe. “Desde el departamento de Sicología tratamos de hablar de esos miedos, de sus preocupaciones. A la muerte uno se enfrenta con recursos propios. Cada sujeto es distinto. De lo que se trata es cumplir con los procedimientos para tratar de no infectarse”, dice Aguilera.

La población

Los médicos no son los únicos ansiosos. Tras tres días de cuarentena la población debe luchar contra su espíritu gregario para mantenerse lejos del virus. Aguilera sugiere, para evitar la ansiedad, informarse de manera correcta. 

Lo primero que debe hacer un ciudadano es conocer las medidas preventivas: el distanciamiento social, las medidas de aseo personal indispensables, los protocolos de limpieza del hogar, las formas correctas de entrar y salir de la casa. Sugiere volver todo esto un ritual.

Pero quizá el mayor problema de los humanos en tiempos de pandemias globales sea su carácter gregario. Para ello, Aguilera sugiere un correcto uso de las redes sociales. “El hecho que estemos en cuarentena no significa que tengamos que aislarnos socialmente”, dice, “saquemos lo positivo a las redes”.

Para mantener la cordura en esta situación extrema, aconseja no caer en extremos, no creer que a uno no le va a pasar nada ni que se va a morir con el coronavirus. “Hay que ser racionales, prevenir esta situación. Hay que decir: ‘Me voy a cuidar, voy a seguir las recomendaciones’”, sugiere.

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