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Por Brissa Pabón 

Adela Zamudio fue escritora, artista, maestra y defensora de los derechos de la mujer. La originalidad de su voz y la conciencia de su posición de género en el medio intelectual, la hacen la figura femenina más representativa del siglo XIX en Bolivia.

Cultivó la poesía y la narrativa, fue autodidacta y de ideas revolucionarias para su época, algo que no era tarea fácil; no dentro de una sociedad que asfixiaba la iniciativa de la mujer que intentaba cambiar el devenir natural de ese entonces.

El rescate de su obra

Virginia Ayllon, narradora, poeta y crítica literaria, se ha dedicado fundamentalmente a rescatar y difundir con clara crítica la obra de Adela Zamudio, entre muchas otras. 

Empezó en los años 90 del siglo pasado a escribir y publicar cuentos y poemas propios, hasta que surgió en ella la necesidad de buscar reconocerse en otras escritoras, las anteriores y las contemporáneas. Eso la llevó a conocer la literatura escrita por mujeres en el país y en el mundo.

Virginia Ayllón es la responsable de libros como La ausencia de Adela Zamudio (Nuevo Milenio, 2012); Cuentos (Plural, 2013) o El pensamiento de Adela Zamudio (Plural, 2019).

“A la vez que me hundía en ese mundo de la palabra femenina también me daba cuenta de cierto ‘ninguneo’ de la obra de varias escritoras que, sin embargo, eran hermosas e importantes propuestas escriturales”, indica Ayllón.

Sin darse cuenta, estaba ‘rescatando’ la obra de Lindaura Anzoátegui, María Virginia Estenssoro e Hilda Mundy. Y al hacerlo, aparecía la figura y la obra de Zamudio. “Yo sabía que debía ‘hincarle el diente’. Desde entonces busqué, leí y estudié esta enorme obra literaria”, cuenta.

Una mujer corriente, pero brillante

Desde la percepción de Ayllón, Zamudio, como toda persona, era compleja. Y si algo tiene que resaltar de ella, es su capacidad perceptiva del presente que le tocó vivir, atenta a los detalles y su relación con las preceptivas morales y las instituciones.

“Lo mismo y como toda mujer, ella fue una cuidadora y a veces se olvida esta faceta; fue el pilar de una familia que perdió sus bienes y no acumuló riqueza. Así, al final de sus días ella estuvo a cargo de sus tres sobrinos, con su magra renta de maestra jubilada”, relata.

Le gusta verla en sus otros pasatiempos como la pintura, el ajedrez o la botánica. “Era una mujer común y corriente, podría decir, pero brillante, brillante”.

Humanista ante todo

La escritura de Zamudio es fundamentalmente romántica, con algunos signos modernistas y hasta realistas. Su producción concentra escritos sobre la naturaleza, las relaciones humanas, la mujer, los derechos de los animales, la ética, los arcanos de la existencia humana y la educación.

“En todo ello, su pensamiento es humanista, arrojando siemprepreguntas sobre el sinsentido de cómo se perciben y viven socialmente la familia, la educación, el amor, la política, la soledad, etc”, explica Ayllón.

La presidenta Lidia Gueiler instituyó el Día de la Mujer boliviana desde el 11 de octubre de 1980, en memoria de Adela Zamudio.

Pionera del feminismo

Adela es considerada precursora del feminismo boliviano por atreverse a cuestionar un orden social considerado como natural en ese entonces. En su novela, sus cuentos, poemas y ensayos, Zamudio logró desbrozar los principales elementos del sistema social de dominación de la mujer.

“No hay que equivocarse, ella no solo defendía los derechos de la mujer, ella explicó el sistema de dominación patriarcal”, sostiene. “A la vez, no hay que verla como una agitadora feminista porque ella expuso sus ideas en hermosa literatura”, añade.

Una voz moderna

El pensamiento de Adela Zamudio es moderno por lo que dialoga muy bien con el pensamiento de las jóvenes actuales, especialmente de las que tienen entre sus preocupaciones vitales la situación de la mujer en Bolivia.

“En la actualidad, hay una gran recepción de la obra de Zamudio, a manos de mujeres jóvenes, que la leen en colectivos o clubes de libro. ¡Y estamos hablando de obras publicadas hace más de 100 años!”, afirma, Ayllón.

Zamudio no ha sido ni es una poeta olvidada. Sus palabras están inmortalizadas en obras emblemáticas que invitan a cuestionarnos y a desafiar lo que nos rodea.


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