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“Se está haciendo todo sobre la marcha. La epidemia nos tomó por sorpresa y con los pantalones abajo”, dice un médico especialista en emergencia de un hospital de tercer nivel. No está de turno. El ruido ambiente del teléfono delata que está cuidando a una niña pequeña, que apenas comienza a hablar. Él sabe que es el tipo de soldado sanitario más expuesto, el que está en primera línea, el que tendrá que lidiar con el paciente sospechoso de coronavirus cuando ingrese por la puerta de emergencias. “A todo el mundo agarró por sorpresa la epidemia, no solo a Bolivia”, aclara.

Este emergencista cuenta que en su hospital hubo una reunión donde se aclaró el protocolo: el paciente sospechoso que ingrese será aislado, evaluado y luego se comunicarán con el Servicio Departamental de Salud para que los especialistas evalúen si debe quedarse aislado en su casa o si deben internarlo en el hospital del Covid-19, situado en el Distrito Municipal 5.

Así, el sistema público de salud de Santa Cruz de la Sierra trata de encauzar al coronavirus, separándolo de los pacientes comunes, mientras se preparan para la “tormenta” anunciada por las autoridades.

Expectativa y realidad

El problema es cuando esa capacidad sea sobrepasada, qué va a pasar, ¿cómo lo vamos a tratar?”, se pregunta el internista y echa en falta protocolos más generales. Dice que hasta el momento los profesionales intensivistas apenas sobrellevan esta carencia con información constante de los portales de información médica. Se nutren de los informes de la Organización Mundial de la Salud y de los artículos científicos que sus colegas de otras latitudes redactan en la medida en que el coronavirus arrasa sus salas de cuidados intensivos y al personal de salud. 

Si lo que se viene es una tormenta, en los hospitales municipales de segundo nivel lo que se vive se parece mucho al ojo de un huracán. “El hospital se ha vaciado. Hay muy poca gente que viene a consulta externa, pero aún así no nos dejan cerrar el servicio”, dice Gina Roca, médica del hospital de la Villa Primero de Mayo. 

Allí las consultas están funcionando vacías y ellos han propuesto cerrarlas para que el personal de salud haga turnos de 24 horas y luego descanse por varios días, para prepararse para lo que vendrá. 

Roca se queja de pacientes que llegan para controles de rutina, arriesgándose a un contagio por coronavirus por algo que no es vital en este momento, y le preocupa el equipamiento para evitar que el personal termine enfermándose y agravando el déficit ya calculado de trabajadores de salud para enfrentar la pandemia. En la Villa solo dejaron 10 trajes completos (una especie de overoles impermeables) para decenas de profesionales.

Eso sí, Roca cree que cuenta con ventajas frente a otros colegas que trabajan en otros hospitales. En la Villa Primero de Mayo hay un hospital nuevo, con filtros de aire, que al menos ayudarán un poco frente al virus.

En la Villa han habilitado la terapia intermedia como sala Covid-19. Son cinco espacios, cada una equipada con respirador.

Otros casos

En el hospital del Plan 3.000 sí han aplicado los turnos de 24 horas. Allí, pensaron en destinar la terapia intensiva como sala para pacientes con coronavirus, pero están a la espera de lo que determinen las autoridades del Municipio. 

Tienen todo el recorrido planeado: el paciente ingresará por Emergencia y será contenido en una sala que cuenta con puerta trasera para evitar que haya contactos cruzados con el resto del personal. Allí les han dejado 80 uniformes y se han enterado que el hospital de la Pampa de la Isla, el que se usó para pacientes contagiados con dengue, será vaciado para habilitarlo como un segundo nosocomio Covid-19.

Esto fue confirmado por Raúl Hevia, secretario municipal de Salud, que estima que hasta el miércoles el hospital estará vacío y los pacientes que aún están internados por dengue serán remitido a los hospitales de tercer nivel.

Hevia trata de mantener la calma antes del temporal. Dice que siguen al pie de la letra las instrucciones que les han dado desde el Comando de Emergencia Departamental, que paciente sospechoso pasa a control del SEDES, que los hospitales de primer y segundo nivel no son para el coronavirus, que el infectado será tratado en su casa o en lugares especializados.

Esa es la versión oficial, ese es el protocolo. Pero los médicos no son tan optimistas.

“El problema es la transmisibilidad, la replicación rápida del coronavirus. No estamos preocupados por el manejo del paciente, sino con qué hacer con tanto paciente”, dice el emergencista. 

En el mundillo de los trabajadores en salud calculan que la principal oleada de enfermos llegará en mayo, junto con el invierno, estación donde el virus se replica a placer. Creen que la única forma de frenar un desastre es con cuarentena, pero también critican que el aislamiento solo se cumple hasta el cuarto anillo, por lo que tarde o temprano, comenzarán a haber casos positivos por oleadas. 

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