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Uno de los ingredientes más comunes en las recetas latinas son los frijoles, en cualquiera de sus formas de preparación y color: negro, rojo o blanco. Esta semilla es conocida en otras partes del mundo como judías, habichuelas, porotos y alubias, entre otros. Los frijoles pertenecen a la familia de las legumbres y son una buena fuente de proteína, hierro vegetal, fibra, ácido fólico, tiamina, magnesio, potasio y zinc. Los nutrientes de las legumbres son similares a los de la carne, pero con menores niveles de hierro y sin grasas animales.

Todos estos componentes los convierten en un excelente sustituto de la carne y de los productos lácteos, es por eso que son muy usados en recetas veganas y/o vegetarianas. Los frijoles, así como otros granos, como los garbanzos o las lentejas son ricos de sabor, además de que pueden adaptarse a cualquier preparación. El problema con ellos viene después del consumo, pues suelen causar flatulencias o hinchazón abdominal, algo incómodo para cualquiera.

La nutricionista Tatiana Zanin comparte una serie de estrategias para evitar esos molestos síntomas sin sacrificar el consumo de las legumbres y así, contar con los nutrientes que aportan al organismo.

​Consejos
  • ​Es preferible evitar la cáscara, ya que es lo que produce las flatulencias. Si los vas a consumir en forma de sopa, lo ideal es licuarlos y luego pasarlos por un colador, para, finalmente, solo consumir el caldo y tener todos sus nutrientes.
  • Dejar los frijoles remojando la noche anterior al uso o por al menos doce horas hace que estos no provoquen gases y, además, puedes usar el agua del remojo para cocerlos, esto queda perfecto para recetas como arroz con frijoles, estofados o feijoada.
  • Si prefieres comerlos enteros y te olvidaste remojarlos con anticipación, hay un método que nunca falla y es dejarlos cocinar por más tiempo del que indica la receta, pues así se vuelven más suaves y será más fácil digerir el almidón


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