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Por Brissa Pabón 

Guiscela Hurtado es ingeniera agrónoma. Si bien lleva en el rubro siete años, ganarse el respeto y la confianza desde su posición de mujer en una profesión estigmatizada para hombres, no le ha sido fácil. 

Actualmente es técnico responsable de ventas en la empresa agroindustrial Mainter. Destacando como la primera mujer que trabaja dentro de esta área

Una profesión estigmatizada

La batalla contra los prejuicios de género comenzó desde la universidad. “Mi madre no quería que estudie esta carrera, pero le prometí que no la defraudaría. Pasé momentos difíciles, tuve que dejar y retomar los estudios, hasta que conseguí graduarme”, cuenta. 

A lo largo de sus cinco años de estudios universitarios tuvo muy pocas compañeras mujeres. De 100 alumnos, 80 eran varones y 20 mujeres, pero terminaron la carrera sólo cinco  de ellas.

Guiscela se graduó de ingeniera agrónoma junto a cinco compañeras mujeres entre cien estudiantes. 

Cuando inició su vida laboral, las subestimaciones continuaron. “Fue difícil, en algunas experiencias laborales, mis colegas hombres apostaban a que no iba a durar un mes y luego terminaba convirtiéndome en el alfa de todos ellos”, relata.

Llegó a pasar momentos desagradables en entrevistas de trabajo, siendo cuestionada hasta por la carrera que había escogido. “He tenido entrevistas con personas que me preguntaban por qué había escogido estudiar agronomía, siendo yo joven y simpática. Me decían que mejor buscara un esposo adinerado y disfrutara de la vida”.

También tuvo que soportar comentarios sexistas, como que “La mujer es para la cocina y no para manejar una camioneta y andar por el campo”.

Guiscela ha sabido ganarse la confianza de sus colegas y clientes demostrando sus conocimientos profesionales.

Incluso, Guiscela cuenta que en una ocasión el encargado de una propiedad se sobrepasó y ella tuvo que recurrir a darle una bofetada. “Me tocó ponerlo en su sitio porque se pasó de confianza, le dije que no se equivoque conmigo. Salí de la propiedad y me fui llorando, indignada”, comenta.

Momentos incómodos que ha vivido también con clientes que dudaban de su capacidad por ser mujer, aún teniendo un puesto consolidado y años de experiencia. 

“Creo que muchos hombres se sienten intimidados, porque piensan que el campo y el agro es algo totalmente de ellos, entonces se sienten invadidos y hasta un poco ofendidos de que una mujer pueda hacer su mismo trabajo y muchas veces mejor que ellos”, relata. 

Guiscela actualmente realiza asistencia técnica y brinda asesoramiento en agronomía.

Una nueva etapa

La empresa agroindustrial Mainter le abrió las puertas como técnico de ventas, dejando en sus manos carteras importantes. No sólo han apostado por ella, sino también, han apostado por cambiar todos los prejuicios de género en el rubro.

“Estoy muy agradecida porque si la empresa te apoya, la gente también te apoya”, afirma.

Ahora realiza asistencia técnica, visita a los clientes tanto en campo como en ciudad, planifica salas técnicas, propiedades, hace conocer los productos y brinda un buen asesoramiento. 

Agronomía como vocación

En su familia, Guiscela es la única ingeniera agrónoma, algo que considera hereditario de su abuelo materno. “En toda la familia el único que fue agricultor, aunque no tuvo estudios porque eran otras épocas, fue mi abuelo; y yo la verdad que lo conocí muy poco, era bebé, pero él siempre vivió en el campo y ahí nace esa conexión”. Además confiesa que es algo que le apasionó desde niña y que prefería jugar a cuidar plantas que muñecas.

Entre sus mayores sueños está realizarse como empresaria, continuar en el rubro y poder dar la oportunidad a “todas esas mujeres a las que le han cerrado la puerta”.

Asegura que “con convicción, esfuerzo y perseverancia se pueden lograr todos tus sueños”, y que “no existe una carrera que solo sea para hombres o solo para mujeres”.


"Morita", su mascota, la acompaña en sus labores en el campo desde los tres meses de edad.


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