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"Fue la primera cosa deportiva que realmente disfruté en mi vida", dice Charly García mientras mantiene la mitad del cuerpo dentro del agua y es rodeado por micrófonos y cámaras. El ícono del rock en español acaba de realizar una especie de proeza. Una locura, dirán algunos. Una más de Charly dirán otros. 

El viernes 3 de marzo de 2000 el artista argentino volvía a convertirse en el centro de atención y en ocupar los titulares de los medios por temas extramusicales. García se se había lanzado desde el balcón de su habitación, situada en el noveno piso, a la piscina de un hotel en Mendoza. La imagen dio vuelta al mundo y hoy se la recuerda como una de las mayores locuras del genio de la música.

La noche anterior la había pasado muy bien en un show en el estadio Malvinas Argentinas, donde participó de un show gratuito para más de 30.000 personas en el marco del ciclo Argentina en vivo, organizado por la Secretaría de Cultura. El espectáculo se desarrolló sin inconvenientes, el músico estaba feliz por tocar con sus amigos (entre ellos, la gran Mercedes Sosa) y parecía haber dejado atrás los incidentes que había protagonizado en viajes anteriores a la provincia argentina.

No obstante, el after show no tuvo un final feliz. Charly terminó detenido, luego de protagonizar un incidente en La reserva, un pub local. En su declaración, alegó que una señora vestida con una remera negra quiso pedirle un autógrafo. Charly no accedió y la mujer, enojada, le estrelló un vaso en la cabeza. Lo que no dijo fue que él le respondió lanzándole una silla, razón por la que fue denunciado y terminó en la comisaría.

Horas después, fue liberado y regresó al hotel Aconcagua. El mismo hotel en el que ese fin de semana se hospedaría el presidente Fernando de La Rúa. El mismo lugar donde lo esperaba Nito Mestre, su compañero de Sui Generis, con el que se preparaba para grabar Sinfonías para adolescentes, disco que marcaba el retorno del dúo después de 25 años (desde aquel inolvidable Adiós Sui Generis en el Luna Park).

Charly durmió toda la mañana del viernes. A la media tarde, prendió el televisor. Esta vez no lo arrojó por la ventana, como había hecho tres años antes el mismo hotel. Cambiando de canal, comprobó que su detención era el tema del día en todos los programas de chismes. Asomó al balcón y vio un grupo de reporteros que se encontraban en el estacionamiento.

Desde allí, sin tomar impulso, saltó. Cayó en la parte más profunda. El músico mide 1,94. La parte baja de la piscina, 1,20. No se dio tiempo para hacer cálculos. Simplemente se tiró. Tres segundos fue lo que demoró en caer. 

"No fue predeterminado. Nunca nos dijo nada. Estábamos con una situación difícil, con un problema judicial, que terminó unas horas antes declarando en los Tribunales de Mendoza y con varias horas sin dormir. En un momento pasó por el balcón y se tiró", recordó Fernando Szereszevsky, su agente en aquellos días.

Szereszevsky añadió: "Lo primero que dije fue 'se mató'. Un asistente que estaba también en la habitación respondió: 'Y sí, se mató´. Entonces fuimos al borde del balcón y lo vimos nadando. Me puse a llorar, bajé corriendo los siete pisos por la escalera. Yo estaba con taquicardia. Lo primero que hice fue agarrarle la cara y preguntarle: '¿Qué hiciste? Él me respondió: ´Decile al policía de Mendoza que, si es igual a mí, que se tire del noveno piso´".

Los periodistas, que presenciaron el salto, ingresaron corriendo. Tal vez pensaban encontrar un cadáver. Lo que vieron fue a un experto en demoler hoteles, nadando plácidamente, demoliendo cualquier intento de primicia morbosa. Lo rodearon y bombardearon con una serie de clásicas preguntas inoportunas.

Charly salió del agua. Después escribió Me tiré por vos y Noveno B. Hoy, las aguas están calmas. Hace 20 años estaban agitadas. Say No More.


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