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En la humilde vivienda de Juan Carlos Terrazas, mototaxista de Montero, no hay agua ni luz, así que ni siquiera se le cruzó por la cabeza pensar en una cena navideña.

Para él ya es un regalo tener en casa a su esposa María Matilde Egüez y a su bebé de dos meses, ambas sobrevivieron al Covid-19, a la intubación y a dos paros cardíacos cuando Matilde estaba embarazada de cinco meses.

Su historia se dio a conocer hace unos días en EL DEBER y varias personas se pusieron en campaña para revertir la mesa vacía. En la mañana de este 24, llegaron hasta la casa de Juan Carlos, hecha de venestas y calaminas. Le llevaron alimentos para un par de semanas, leche, pañales, juguetes, ropa y dinero en efectivo.

La pareja quedó muy agradecida por el gesto. "Íbamos a pasar como un día cualquiera, no es que la Navidad no nos importe, es que no tenemos cómo pagar una cena, además, con esto (muestra el dinero), iremos a Santa Cruz de la Sierra para que un pediatra atienda a la bebé porque tiene unos problemas de salud. Es triste pasar una Nochebuena sin recursos, pero nos alegra que personas que no nos conocen nos tiendan la mano", dijo agradecido.

La enfermera Teresa Núñez estaba deprimida. En su casa, también en Montero, la Nochebuena era un día más en el calendario. Hace tres meses que no le pagan por su trabajo, pero además, tres sillas quedaron vacías en la mesa. En cuestión de dos semanas, hace siete meses, fallecieron su esposo, su mamá y su suegra, debido al Covid-19.

Su historia también fue publicada en EL DEBER, y este jueves 24, el mismo grupo de gente solidaria que ayudó al mototaxista, visitó a Teresa para dejarle una buena cantidad de alimento, leche, pañales, ropa, dinero y un triciclo y un mp4 que sus hijos pidieron en una carta navideña. Asimismo, le donaron prendas y otros materiales de bioseguridad, ya que tampoco están dándole en su trabajo.

Teresa no quiere saber de chancho al horno. "Haré churrasco, como mis hijos me pidieron. Es para alegrarlos un poco, todos estamos muy tristes porque faltarán personas en la cena, pero gracias a algunos ángeles que se conmovieron podremos compartir una comida en familia", agradeció. 

Foto: Teresa Núñez, la enfermera de Montero

Alfredo Iraipi se encontraba postrado en una cama, hasta esta semana, debido a que la mitad de su cuerpo se encuentra paralizada. Los voluntarios de Davosan se enteraron de su situación y llegaron hasta el cuarto donde vive Alfredo, con tres personas más, para entregarle un frigobar, una silla de ruedas, una bicicleta, ropa de cama, zapatos, artículos de limpieza y alimentos. Asimismo, esta Nochebuena, otro grupo de personas le llevará la cena para que comparta con los suyos. "Somos muy felices al saber que podemos dar", dijo Dora Luz de Dávila, presidenta de Davosan.

Abandonados

Muchos de los menores con capacidades distintas, albergados en el Hogar AME, fueron abandonados a su suerte por familiares. George Micoti no lleva la sangre de ellos, pero tiene un compromiso a prueba de pandemia.

El rumano, a cargo del hogar, hace 16 años que no pasa una Nochebuena en su país ni con su familia sanguínea. Sabe que, si deja a sus chicos, nadie hará su trabajo. "Claro que me gustaría estar con mis parientes un rato, pero comprendí que en la vida hay que disfrutar lo que tienes, no lo que te gustaría tener. Igual ellos son mi familia, así que paso con esta familia de aquí", argumentó.

A Pedro Muiba, un varón de la tercera edad, hace dos semanas lo abandonaron en una plaza del distrito 6 cuando dejó de 'ser útil' como casero de una quinta

Conmovidos, los vecinos se movilizaron para contactar a la Dirección Municipal del Adulto Mayor, que tras buscar a sus familiares sin éxito, lo tuvo por unos días en su sede, hasta que las religiosas del Asilo de Ancianos lo acogieron. Hoy está feliz, bien cuidado y lejos de las personas que lo desecharon.

Foto: De azul, George Micoti, del hogar AME

Foto: Alfredo Iraipi con los voluntarios de Davosan

Foto: Pedro Muiba, el adulto mayor fue abandonado en una plaza después de servir por muchos años en una propiedad

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