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Entre el 24 de julio y el 4 de octubre, 71 días, se produjeron dos secuestros en Santa Cruz, entre los que se puede trazar puntos en común: las dos víctimas eran empresarios, los secuestradores estaban liderados por avezados delincuentes extranjeros y los datos de las víctimas los proporcionaron sus extrabajadores.

Pero estos dos casos también tuvieron como común denominador la resolución ‘limpia’ con la liberación de los plagiados, sanos y salvos. ¿Cómo se dio esto? Gracias al trabajo especializado de policías en dos ámbitos, que son técnicamente como se deben manejar los casos de secuestros: la negociación con los plagiadores, ya sea directa o a través de los familiares de la víctima, y la investigación profunda del entorno del plagiado, explica el jefe de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), Johnny Aguilera.

“Contamos con personal especializado que instala un cuarto de mando para tener información directa de las víctimas, no solo del plagiado, sino de su círculo familiar para una investigación seria de quiénes podrían tener alguna intención de cometer el secuestro”, explica Aguilera.

Noticias de dos secuestros

“Hola amor, ¿puedes prestarte plata?, ¿puedes conseguir...?”. Así aparecía en un video Pedro Choquehuanca, un empresario salteñero que la noche del 24 de julio fue secuestrado junto a su esposa, a quien liberaron luego de recibir Bs 43.000, para que consiga más dinero para que liberen a su esposo.

Pedro estuvo dos días con las manos encadenadas entre sí y con otra cadena ajustada a su tobillo izquierdo, que lo unía en el otro extremo a un árbol. Cuando lo hallaron estaba en la zona del Urubó, al aire libre. Los secuestradores pretendían $us 300.000.

A una cantidad aún mayor, $us 350.000, aspiraban los secuestradores del empresario A. A. G., que el 3 de octubre fue plagiado y en cuestión de cinco horas la Policía logró ubicarlo en un domicilio en la avenida Jenecherú.                

En el primer caso se trata del brasileño Marcelo Silva Borges, alias ‘Vida Loca’ (aún prófugo) y en el segundo participó el argentino Juan Darío Almendrado, uno de los cinco malhechores más buscados de su país.

En ambos hechos fue clave que los familiares denuncien el secuestro a la Policía, pues mientras más pronto se lo hace, hay más posibilidades de recuperar al plagiado con vida, porque mientras más se tarda, los secuestradores pueden trasladar a la víctima ampliando así el radio de acción a investigar.

El abogado Javier Suárez, que representó a la víctima de uno de los últimos secuestros, destacó la labor policial en investigación y negociación, con las que se dirigió la operación que permitió el rescate de su cliente.

‘Juego sicológico’

Un expolicía, con conocimiento en sicología criminal, califica la negociación como un ‘juego sicológico’ entre el secuestrador y la Policía, la víctima o sus familiares.

En ese ‘juego sicológico’, señala, hay una especie de puja por el control de la situación en que, si bien en primera instancia lo tiene el secuestrador, la Policía trabaja por tomar el dominio.


Sobre eso, Aguilera dice que ese ‘juego sicológico’ tiene la particularidad de que no hay un poder del Estado frente a este tipo de delitos, pues los malhechores siempre tienen el as bajo la manga de amenazar con hacer daño al plagiado si no se sigue sus directrices. “Ahí entra la habilidad del negociador, pero su labor no es aislada, pues el éxito de la misión depende de un cúmulo de cosas, la buena negociación y la investigación de Inteligencia para establecer grupos delictivos del pasado y su modus operandi”.