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El rápido avance de la variante Delta y el ritmo lento de vacunación son los factores que han llevado a las autoridades de Los Ángeles, la ciudad más poblada del oeste de Estados Unidos, a recomendar el uso de la mascarilla en espacios públicos cerrados sin importar si la gente ha sido vacunada o no. 

El 15 de junio el gobernador Gavin Newsom anunció la reapertura de California y proclamó con bombo y platillo el fin de la mascarilla obligatoria para los inmunizados. Dos semanas después tuvo que dar un paso atrás a su entusiasmo.

La exigencia de las mascarillas es para los supermercados, tiendas, cines, teatros y centros de trabajo. También creen que es mejor usarla en los sitios públicos donde no se sabe si los asistentes están o no vacunados. Esto, al menos, hasta que los expertos “entiendan mejor cómo y entre quiénes se transmite la variante delta”, señala un comunicado emitido el lunes. “Todos deberían enfocarse en la máxima protección con la menor interrupción de nuestras rutinas al mismo tiempo que los negocios operan con restricciones como distanciamiento social y restricciones de aforo”, añade el documento.

El Estado ha detectado hasta el momento 123 casos de la variante delta, que ha sido considerada hasta dos veces más contagiosa que otras mutaciones. La mayoría, 110 pacientes, en personas que no estaban vacunadas. Una decena dio positivo pese a tener las dos dosis de la vacuna, pero nadie entre los infectados necesitó cuidados hospitalarios. Los tres casos restantes son de personas que tenían solo una vacuna.

La tasa de la vacunación es uno de los indicadores que más preocupa a los encargados de la gestión de la pandemia. Más de 41.4 millones de vacunas han sido administradas en la entidad. Tres de cada cinco personas en el Estado han recibido al menos una de las dos dosis. Las autoridades sanitarias afirman que la gente inmunizada tiene mejor protección contra las variantes, incluida la delta. “Esta es una pandemia para la gente que no se ha vacunado”, dijo el jueves Barbara Ferrer, la encargada de Salud para Los Ángeles.

El mensaje del Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles, una zona con una población de 10 millones de personas o hasta 12 si se suman los habitantes de condados vecinos, ha sido un duro golpe para el tono festivo del mensaje de Newsom. La sugerencia aún no llega a convertirse en una orden, pero es una señal clara de preocupación en una región que fue la puerta de entrada al virus y uno de los peores epicentros de la epidemia en Estados Unidos, afectando sobre todo a latinos y afroamericanos.

El número de hospitalizados está creciendo. Actualmente hay 1.272 personas ingresadas en todo el Estado, de 40 millones de habitantes. La tendencia en general de hospitalizaciones ha ido a la baja si se la compara con los meses pasados, los peores desde marzo de 2020, pero representa un incremento de 4,4% respecto a dos semanas atrás. En el condado de Los Ángeles el cambio de un día a otro ha sido de 23 pacientes, un aumento del 8%. El anuncio de Newsom ha provocado un relajamiento en una batalla que está lejos de terminar. Las autoridades del Estado han reportado este martes 762 nuevos casos y cinco nuevas muertes. En California el virus le ha costado la vida a 63.000 personas.

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