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De manera inesperada, el presidente Luis Arce relevó el martes al Alto Mando Militar que él mismo había posesionado hace poco más de un mes y eligió a nuevos jefes militares que apenas instantes después prometieron investigar y castigar a los autores de las muertes de Sacaba y Senkata en noviembre de 2019.

‘Este mando garantiza el esclarecimiento de los hechos ocurridos en octubre y noviembre del año pasado; lo haremos sin escatimar trabajo ni tiempo para dar con los responsables de tan nefastos actos que enlutaron a la familia boliviana’, afirmó el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, César Vallejos.

Ese discurso bien podría ser el de un dirigente político del Movimiento Al Socialismo, pero no, en realidad corresponde al nuevo máximo jefe militar del país, que además tuvo otras expresiones que claramente revelan su afinidad con el gobierno del Movimiento Al Socialismo.

El cambio del Alto Mando es la señal más inquietante y perturbadora en lo que va de la gestión del Gobierno de Luis Arce, porque denota un retorno a las estrategias de los 14 años de gobierno de Evo Morales, cuando los jerarcas militares se pusieron al servicio del poder político, en un franco manoseo de una institución armada que debiera estar únicamente al servicio de la Patria y no de ningún político.

Hay que recordar que el anterior Alto Mando Militar había expresado el malestar de la institución por los procesos a militares por las muertes que se produjeron en Sacaba y Senkata. Cuando se aprehendió al general Alfredo Cuéllar el 24 de noviembre por las muertes de Sacaba, el Alto Mando calificó de ‘desconcertante’ la detención y argumentó que el jefe militar solo cumplía órdenes para resguardar y proteger el bien común, en el marco de principios de legalidad y proporcionalidad.

Con el acto del martes, las Fuerzas Armadas vuelven a esa condición de descrédito que les caracterizó durante la larga gestión anterior del MAS, porque una vez más se apartan de su misión constitucional, de la que nunca debieran apartarse, sea quien fuere el Gobierno de turno.

Para completar el sometimiento de la nueva jerarquía militar solo faltaría que retomen la consigna cubano comunista humillante de ‘Patria o muerte, venceremos’, como ocurrió entre 2006 y 2019.

Además de Vallejos, los nuevos jefes militares son Augusto García Lara, jefe del Estado Mayor General accidental del Comando en Jefe; Miguel Ángel del Castillo, comandante del Ejército; Marcelo Heredia, comandante de la Fuerza Aérea; y Francisco Baldivieso, comandante de la Armada.

Con esa posesión, el gobierno de Arce pasó a la reserva a dos promociones de generales, con lo que confirma que eligió la lealtad, pasando por encima de la institucionalidad de las Fuerzas Armadas. Según expertos en temas de seguridad, los nuevos jefes militares son generales de brigada, es decir, sin la suficiente experiencia y jerarquía para dirigir la institución.

Y finalmente, el compromiso del nuevo comandante en jefe para ‘dar con los responsables’ de los hechos de Sacaba y Senkata denota que César Vallejos desconoce sus atribuciones y la de la institución que ahora preside, porque ni a él ni a las Fuerzas Armadas le corresponde investigar nada; para eso el Estado tiene sus propias instituciones de la Justicia.

Es una lástima que una institución otrora tan respetada del país, como las Fuerzas Armadas, sea objeto del manoseo político y que algunos militares se presten a una manipulación que mancilla el honor y la dignidad de la entidad que en el pasado se consideraba la ‘institución tutelar de la Patria’.

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