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El Departamento de Santa Cruz paró y bloqueó en sus principales rutas para exigir una auditoría a las últimas elecciones generales, que Luis Arce Catacora no se posesione presidente el domingo y que la Asamblea Legislativa reponga los dos tercios para tareas de la administración de debates. Sin embargo, los analistas le auguran poco éxito en sus pedidos y advierten sobre el desgaste de las medidas de presión y expresión.

Desde la noche del jueves, la mayor parte de las rotondas de la ciudad fueron tomadas por miembros de comparsas, fraternidades y vecinos que hicieron cumplir el paro general de 24 horas que había comenzado un día antes en las provincias.

Desde la mañana, el sector transporte anunciaba que se plegaba al paro, pero que solo lo acataría durante 24 horas descartando continuar la medida de manera indefinida. “Tenemos deudas con los bancos”, justificaba el dirigente Mario Guerrero. Temprano se vio a mucha gente transportarse a su fuente de trabajo en motocicletas y bicicletas, bajo la tolerancia de los que bloqueaban en las rotondas.

A diferencia de otros paros, se vio un clima más distendido en las rotondas del centro, que permitían el paso de personal de salud, policías y de la prensa sin mayores problemas.

Hubo dos zonas conflictivas en la ciudad. Una fue el Plan 3.000, donde hubo enfrentamiento entre vecinos que bloqueban las principales arterias y los que querían una jornada normal. Allí se vio muchos lugares comerciales abiertos, aunque con menos gente comprando. 

El segundo punto de conflicto fue la zona de Warnes, en la carretera al norte. Hasta allí llegaron mototaxistas que pretendieron romper el punto de bloqueo de los cívicos, manteniendo varias escaramuzas que finalmente propiciaron la intervención de la Policía para evitar que pase a mayores. 

El momento más tenso se vivió al final de la tarde, luego de que el presidente cívico, Rómulo Calvo, diera por concluido el paro. Una caravana de una veintena de vehículos con miembros de la Unión Juvenil Cruceñista que se dirigía a Warnes fue retenida en el peaje de Viru Viru. De esa forma, la Policía evitó que se repita el enfrentamiento entre unionistas y norteños afines al MAS, que en octubre del año pasado se saldó con dos muertos.

Por otras vías
La evaluación del paro por parte del Comité pro Santa Cruz llegó alrededor de las 18:30. Durante el día, el ente cívico había dado muestras de unidad presentando juntos a los presidentes del Comité Cívico, la Unión Juvenil Creceñista y el Comité Cívico Femenino. Calvo había recorrido las rotondas -al igual que su predecesor y candidato presidencial, Luis Fernando Camacho- y se había mostrado en los barrios alejados de la ciudad. 

Cuando llegó el momento de los discursos, agradeció el sacrificio de los cruceños: “La población ha mostrado su descontento con la modificación de las reglas democráticas. Hemos tomado la medida de hacer un paro ante la negativa del gobierno de llamar a una auditoría al proceso electoral. Pero el paro nos afecta a nosotros mismos, ciudadanos, productores, artesanos, emprendedores, transportistas y gremiales. Sabemos de la imposibilidad de mantener esta medida en el tiempo”, dijo.

Expresó su decisión de continuar con las gestiones para auditar las elecciones a través de la justicia nacional e internacional, al mismo tiempo que manifestó que no se permitirá la persecución política de dirigentes, policías y militares que se movilizaron el año pasado. 

“Los políticos no fueron capaces de anteponer la patria a sus intereses personales. No nos han derrotado, Dios salve a Bolivia”, arengó.
Un directorio ampliado definirá las medidas a seguir, aunque algo ya fue adelantado por el presidente de la Federación de Fraternidades: serán medidas que afecten al nuevo Gobierno, no al pueblo, descartando así nuevos paros.

Desgaste evidente

Para los analistas, por más que el paro haya sido contundente en la ciudad, no tendrá ningún efecto de los buscados. José Orlando Peralta, politólogo, aseguró que el nuevo Gobierno no ha dado ni la más mínima señal de escuchar las exigencias de los movilizados, salvo Andrónico Rodríguez, presidente del Senado, que anunció que se analizaría internamente reponer los dos tercios. “A pesar de la unidad mostrada, se está reconociendo que estas medidas ya no van y se va a apelar a estrados internacionales. La posesión de Arce es irreversible”, dijo Peralta.

Tampoco le augura éxitos a largo plazo, salvo que el Tribunal Supremo Electoral acceda a una auditoría, cosa que ve difícil, dado el nuevo Gobierno ya estará posesionado y la vocal Baptista, que el jueves había puesto en duda la idoneidad del padrón, se retractó y aseguró que no duda de los resultados electorales. 

A esa retractación se sumaron los pronunciamientos del Centro Carter, instituto estadounidense de observación electoral, y del colectivo Observa Bolivia, que respaldaron la transparencia de las elecciones y el trabajo del Tribunal Supremo Electoral.

“Esto debió hacerse antes, no cuando el MAS ya había ganado las elecciones”, opinó Peralta.

Para Luis Andia, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Gabriel René Moreno, el paro cívico como medida ha perdido fuerza. Para él, el problema es que ha perdido objetivos claros y pese a que reconoce el esfuerzo de la gente por mantenerse en los puntos de bloqueo, no ha tenido la contundencia de otras movilizaciones. Opina que se están desvirtuando los elementos de presión del Comité. Recuerda que antes, los paros cívicos eran medidas extremas a las que se llegaban tras momentos de acumulación y eran una llamada de atención seria a los gobiernos, un elemento de presión muy importante que se ha devaluado.

  Lo mismo pasa, para él, con los cabildos, desde que se convocan por cualquier dirigente y en cualquier momento, haciendo que sus mandatos pierdan efecto. A eso le añade que nunca antes se había visto un conglomerado cívico tan dividido ni escenas como las de la madrugada del miércoles, cuando el directorio en pleno del Comité quedó como rehén.

Daniel Valverde, director del Observatorio Político Nacional de la UAGRM, calificó al paro como sin pena ni gloria, porque no cambiará nada de lo que sucede en el país. Reconoce que hay una “mecánica del paro”, que moviliza a algunos grupos organizados que hacen cumplir la medida, pero cree que el recurso está desgastado, al igual que los cabildos.

 “Esto es un ejercicio de autodaño que la nación nota cada vez menos. Va perdiendo no solo fuerza, sino credibilidad. Ambos recursos, el paro y el cabildo, corren el riesgo de dejar de ser referentes”. 

Para él, se deben analizar otras estrategias de manifestación, que no necesariamente pasan por las demostraciones de fuerza. “El Comité corre el riesgo de regresar a lo que fue antes de octubre de 2019. Necesita encontrar otra naturaleza, otro sentido, dejar de ser un grupo de choque o que demuestra fuerza”, dice Valverde.