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El desafío de todos los países que sufren el invisible ataque del Covid-19 es aplicar una suerte de darwinismo social para salvar lo que se pueda del aparato productivo o cuidar a toda la población con medidas muy cercanas a las emitidas por dictaduras, como la China, pero corriendo el riesgo de hacer pedazos su aparato productivo y, por consiguiente, su economía.

El gran problema es que no todas las dictaduras son ricas como la China, las hay pobres como Venezuela o peor aún como la de Turkmenistán, que ha decidido prohibir la palabra Coronavirus o Covid-19. Una manera de cerrar la boca para significar “si no te nombro, no existes”.

Escribo estas líneas desde Suecia, un país pequeño (447.430 Km2) y de pocos habitantes (10.230.185 h) altamente industrializado, bastante sano (la media de vida es 83 años). En Suecia se lee mucho, con Checa y Rusia comparten el primer lugar de los países europeos que más leen. Pero es enfermo de seguridad. Digo enfermo, porque asegura a su población desde el nacimiento hasta la muerte, todo financiado a través de impuestos progresivos. 

Esta forma de administración ha sido considerada un modelo que, sin embargo, fue modificado por los “mercadistas” que gobernaron ocho años consecutivos en este nuevo siglo. A pesar de sus modificaciones neoliberales, no pudieron destruir todo el aparato de seguridad porque los suecos, de un modo general, no quieren perderlo, aunque si modificarlo de acuerdo con las circunstancias. 

Hay administradores privados, pero los capitales son del estado (impuestos). Hoy se pagan 20 € por consulta, pero cuando se llega a los 100 € es gratuita y ello vale tanto para diagnosticar una apendicitis como por un trasplante de corazón.  El seguro social privado existe, pero ni los reyes lo tienen porque el servicio público tiene altísima calidad. Un ejemplo, el nacimiento de la princesa Victoria fue en el Hospital Carolino de Estocolmo, un hospital público.

El modelo

Hace años participé como periodista en un seminario sobre el Modelo Sueco en los predios de la Cepal en Santiago de Chile, aún gobernaba Pinochet. Los chilenos tenían interés en adecuar el modelo a la realidad chilena, algo que no sucedió, porque no puede haber copias de modelos sociales exitosos, para eso se necesitan antecedentes históricos, razones psicosociales e incluso la herencia religiosa. En Suecia se cierran iglesias por falta de feligreses. Es, sin duda, el país más secularizado del globo, con un alto grado de ateísmo y agnosticismo, aunque no deja de ser culturalmente luterano. El luterano no es arrogante ni ostentoso, es muy trabajador porque tiene en la médula el mensaje de Lutero: “Con el trabajo se gana el cielo”.

El estado

Hay que remontarse a 1.600, cuando se construyeron los cimientos del estado actual. Axel Oxentierna, regente de la casa real, le dijo a su hijo que la ignorancia debía ser remplazada por el conocimiento. Es el autor de la creación de ministerios sin poder de ejecución, pero rodeados de instituciones de expertos. Un ejemplo: El Ministerio de Transportes tiene instituciones que diseñan, prueban y ejecutan las líneas maestras de lo que debe ser el transporte. El ministro se ocupa de llevar a iniciativas al parlamento y luego vuelve con las leyes que las instituciones de expertos las ejecutan. Exactamente lo mismo con la salud. Hay un vocablo sueco que se puede traducir como: Ministerios sin timón, el timón lo manejan los que saben, los políticos deben explicar y convencer o al revés deben plantear a los expertos los cambios que viene de abajo.

Una explicación necesaria

La palabra Lagom es otra de las pautas del modelo. Nada a los extremos, al medio está lo correcto, no es una traducción literal sino conceptual. El Lagom sueco se aplica hasta en el fútbol. No hay un Zlatan sin los otros 10, mañana la estrella desaparece, pero el equipo sigue con vida.

La confianza ciudadana sobre sus instituciones es la más grande del mundo. Si alguna de ellas aconsejaría a su población salir desnudos porque los expertos (la ciencia) consideran que es bueno para la salud, habría protestas y reclamos hasta que les muestren los efectos de las pruebas, entonces irían a trabajar desnudos. Aquí juega un rol la prensa. Y en Suecia es muy libre de ataduras, tanto políticas como empresariales. De un modo general, está arropada de una gran credibilidad, porque es la que pregunta, debate e investiga lo que hacen los expertos y hombres de ciencia.

El Covid-19

La prensa internacional ha condenado la actitud sueca ante la pandemia, por su laxitud. La BBC escribía: “Los locales de comida en Suecia continúan recibiendo clientes. La mayoría están cerrados de mutuo propio y los abiertos restan el distanciamiento social, masas para dos a dos metros de distancia una mesa de la otra. Los buses siguen circulando, llevando a quienes trabajan en la salud, con los ancianos y en otros servicios afines, pero los vehículos no van llenos, van totalmente espaciados y para llevar a todos al trabajo o a la casa han multiplicado los viajes, así se evitan aglomeraciones. Para defender al chofer, los viajeros suben por la puerta del medio. 

Personalmente, estoy recluido con mi esposa en mi apartamento desde hace más de dos semanas, totalmente voluntario, en cumplimiento de un llamado del Gobierno y los expertos, que dijeron: “Los mayores de 70 para arriba deben quedarse en casa y evitar aglomeraciones. Si salen a hacer sus compras que lo hagan cumpliendo las reglas del distanciamiento y de ser posible en horas tempranas cuando no hay aglomeraciones, entonces los supermercados decidieron abrir a las 7:00 para los viejos. Y, no es que el Gobierno haya decretado o legislado, es producto de la responsabilidad ciudadana.

El Primer Ministro se paró frente a las pantallas y habló seis minutos, llamó a la responsabilidad ciudadana. Dijo: “Debemos hacerlo todos juntos o fracasaremos, se trata de mi responsabilidad como gobernante, pero también de la tuya como ciudadano”.

La ministra de Salud dijo: “La estrategia del Gobierno sueco es inhibir la propagación de virus, proteger a los grupos vulnerables y no sobrecargar el sistema de Salud, pero al mismo tiempo el Gobierno quiere reducir las consecuencias económicas y proteger a nuestras industrias con diferentes paquetes de estímulo del ministerio de finanzas”.

Suecia tiene una extraordinaria red de contactos científicos, de hecho, participan en varias tareas internacionales en búsqueda de una vacuna, pero, a la hora de comparar lo que dice un experto coreano y un experto sueco, le dan más credibilidad a este último porque ser experto no es sólo saber el resultado de las probetas sino conocer el cuerpo donde van a inocular.

Suecia nunca fue capitalista salvaje y tampoco socialista a la rusa. Suecia es Lagom capitalista y lagom socialista, con un gran respeto por los derechos humanos y las libertades individuales, pero no pude cerrar los ojos ante el avance la digitalización y la cibernética de la que son actores principales.

El ministro de digitalización dijo que para continuar la lucha contra el Covid-19 podrán disponer de la información de la BIG-data, pero despersonalizado, no como en China, que la tienen incorporada como control político.

Finalmente, los datos del 2 de abril son los siguientes:

Casos con COVID-19 – 5.466.

Personas en sanidad intensiva 429 

Muertos 282

Hay un crecimiento en el número de contagiados que los expertos en salud pública lo esperaban, pero en la más reciente conferencia de prensa dijeron que, posiblemente, en una semana se llegará al pico más alto porque lo que lanzaron un par de prohibiciones: No ir de visita a centros de ancianos, donde han aparecido algunos contagiados. Evitar aglomeraciones y seguir conservado la distancia de uno a dos metros. En estos días se hará prueba al personal de hospitalario y de sanidad porque se han dado algunos casos de contagio.

Mientras tanto, sigo el ejemplo de los suecos. Mi responsabilidad ciudadana no es solo conmigo y mi familia sino con la sociedad, me impone obedecer las prohibiciones como el quedarse en casa desde donde escribo estas líneas deseando lo mejor a mis compatriotas bolivianos que no tienen los medios del país desde donde escribo, pero, con fuerza de voluntad y disciplina se pueden vencer al Covid-19.  

¡Suerte!