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“Si quieres fama y una hermosa estatua hecha de ti mismo, no seas guionista. El escritor desaparece. Trabaja a la sombra”, le decía Jean Claude Carrière en 2012 al diario inglés de The Guardian. Su comentario no tenía ánimo de queja ni de polemizar. Era la manera como él entendía su trabajo, porque describía el guion “como un capullo que se descarta una vez que surge la película real”, pero además decía que esa casi invisibilidad que le daba ser guionista le daba una ventaja, ya que “Un cineasta no puede hacer otras cosas sin tener esa etiqueta de ‘director’. Pero un guionista puede hacer cualquier cosa”.

Y Carriére, que falleció el lunes pasado a la edad de 89 años hizo de esas palabras un precepto, porque además de trabajar en más de un centenar de películas, escribió obras de teatro, novelas, texto para óperas, fue docente y director de la escuela de cine La Fémis, trabajó en el campo de la ciencia, coescribió libros con el Dalai Lama, una serie de televisión y sus conversaciones con Umberto Eco acerca de tecnología y el futuro del libro fueron publicados en dos libros muy citados en la actualidad.

Es por eso que medio en broma y medio en serio él se definió como “un enciclopedista en la época de los hermanos Lumière”

La obra de Carrière abarcó seis décadas y si bien se hizo conocido como el guionista de los filmes de Buñuel y de obras de Peter Brook, su trabajo en el cine abarca culturas, religiones y períodos históricos, desde Cyrano de Bergerac (1990), en el que Gérard Depardieu ofreció una de las mejores actuaciones de su carrera, hasta la adaptación de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera (1988) con Daniel Day-Lewis. 

La adaptación de Carrière de 1979 de la novela de Gunter Grass El tambor de hojalata, dirigida por Volker Schlöndorff, ganó el Óscar a la mejor película en lengua extranjera y la Palma de Oro en Cannes. Además, fue nominado al Óscar por el guion de La insoportable levedad del ser junto con el director Philip Kaufman, y ganó un César francés en 1983 al mejor guion original por El regreso de Martin Guerre, protagonizada por Depardieu. 

En 2014, Carrière recibió un Óscar honorífico por sus guiones, también se le reconoció por sus ensayos, ficciones, traducciones y entrevistas.

“Creo que ha sido, si no el mejor, uno de los mejores guionistas europeos. Él tenía una característica súper importante que era, que no escribía los guiones solo. Los hacía junto al director y ha trabajado con los mejores directores. 

La otra importancia es que tiene una manera particular de escribir los guiones que se aleja de los manuales tradicionales, es decir: principio, medio y fin. Si bien sus guiones pueden tener eso, pero él va contando la historia día a día. Así trabajaban con Buñuel. Se tomaban un trago por la mañana y hablaban del guion y todo lo que hablaban lo pasaba al limpio por la tarde, leía al día siguiente y así iban avanzando. 

Actualmente el cine americano trabaja más con escaletas, estructuras y todo, eso no quiere decir que no tengan estructuras, sino que es otra manera de encarar el trabajo. Es una escritura sin tanto mapa, que hace que le de cierta riqueza a todas las películas de él”, explica el cineasta paceño Marcos Loayza que tuvo a Carrière como maestro en un taller , que el francés impartió en los años 90 en Quito, Ecuador.

Otra característica que destaca Loayza es que él escribía para el proyecto, no es que hay tenido un estilo definido del que no se movía, Carrière se adaptaba al carácter del director y a lo que pedía la historia. Eso lo puedes ver en dos películas emblemáticas y muy diferentes entre sí como La insoportable levedad del ser y en contraparte Cirano de Bergerac

El director de Cuestión de Fe también recuerda su carácter tranquilo, su excelente sentido del humor y su serenidad “Para nosotros, como alumnos, se abrió plenamente a todas las consultas que le hicimos y tenía eso de los maestros que se destacan más por su sabiduría, que por la genialidad del momento”, concluye Loayza.

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