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Ayer, su cuerpo aun estaba en la morgue, porque nadie pudo encontrar ni un solo papel que refrendara su identidad. Eso ha obligado a sus amigos a gestionar la colaboración del cónsul de Croacia, país natal de este apasionado por el blues, que fue encontrado sin vida el domingo.

Los vecinos, acostumbrados a verlo cotidianamente por el kilómetro 9 de la carretera a La Guardia, lo vieron entrar por última vez a su cuarto el jueves. “Estaba tranquilo, subiendo su comidita”, contó su amigo, Roy Vélez, con quien volvió a tocar en algunas ocasiones, como una función benéfica para reunir agua para la Chiquitania o la inauguración de una guardería en el barrio.

“Drago nunca ensayaba, pero en este último tiempo, estábamos ensayando. A veces nos peleábamos y decíamos que estábamos como los viejos de los Muppets (Statler y Waldorf)”, dijo Vélez.

Apenada, una vecina ofreció su casa para el velatorio, porque Drago solía darle clases de guitarra a su hijo. Los amigos llevarán las cenizas al Bar Ruta 66, donde hace un tiempo apareció y retomó la guitarra. Luego esparcirán sus cenizas en el lugar, donde se quedará para siempre.