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Por: Adhemar Manjón

Panza de burro, novela escrita por la autora española Andrea Abreu, sigue los vaivenes de dos niñas: una de ellas es la narradora -cuyo nombre no llegamos a conocer- y la otra es la amiga de ésta, Isora. Isora es su compañera de aventuras (con canciones de Aventura como fondo musical), es su amor platónico. 

Las dos protagonistas se mueven entre la modorra que les ofrece el verano en el lugar donde viven, Canarias (ahí nació Abreu hace 26 años), y las ganas de hacer algo más, de descubrir qué puede haber más allá de las restricciones que tienen a esa corta edad. Escrita con un lenguaje potente, repleto de neologismos y con un ritmo trepidante, Panza de burro es una novela que también puede ser un poema largo, larguísimo. Es un texto que tiene mucha ternura pero que también deja un sabor amargo, ese que queda cuando se empieza a crecer. 

Solo en España se han vendido más 40.000 ejemplares de este título y actualmente está siendo traducida a once idiomas. En Bolivia fue publicada recientemente por Dum Dum Editora.

 _Rita Indiana, Selva Almada, Fernanda Melchor, Aurora Venturini, Julio Cortázar, las canciones de Aventura y las telenovelas colombianas están entre tus influencias y referencias en Panza de burro ¿Qué encontraste en la cultura latinoamericana que no hay en la española?
Me siento mucho más unida a la cultura latinoamericana que a la española y no es una cuestión individual, tiene que ver con una realidad histórica: Canarias y países como Venezuela, Cuba o Puerto Rico han estado conectados desde hace cientos de años a través de las migraciones. 

En la zona de Tenerife donde yo me crie casi todas las familias tienen integrantes que viven o han vivido en Venezuela o Cuba, se escucha merengue, bachata y salsa, salimos a comer arepas y papas locas (un plato que fusiona lo canario y lo venezolano) y hablamos de una manera muy parecida a los países que comenté más arriba. Mi atracción por la literatura del otro lado del Atlántico se explica por la misma razón por la que, cuando a Canarias llegaron las telenovelas colombianas, la gente de aquí no podía quitar la vista de la pantalla: una cuestión de representatividad. Cuando leo un libro de Selva Almada, aunque ocurra a kilómetros y kilómetros de aquí, siento que puedo reconocer mi propio paisaje social. 

En todas esas referencias que nombras hay un elemento en común: la fuerte variabilidad del español. En Canarias se habla un español muy diverso que también merece un hueco en la literatura.

_Tu novela me hizo recuerdo a dos películas estrenadas en los últimos años en España, Estiu 1993 y Las niñas, donde las protagonistas son niñas/adolescentes en un momento de transición difícil ¿Qué creés que permite contar una historia desde esa mirada inocente de la adolescencia?
Precisamente la idea de que hay una inocencia intrínseca en la mirada de las niñas. Las niñas pertenecen a un grupo social anulado por norma. Se les priva de su derecho a la maldad y de su derecho a la sexualidad. Me gusta el contraste que se establece entre lo que culturalmente se espera de las niñas y lo que las niñas realmente hacen detrás de una puerta cerrada jugando a las barbies. En los últimos años ha habido una proliferación de libros que tratan este asunto. Yo los voy coleccionando como piedritas preciosas: Las niñas prodigio de Sabina Urraca, Vozdevieja de Elisa Victoria o La inocencia de Marina Yuszczuk, son algunos ejemplos.

_En libros escritos como Panza de burro, donde se hace tanto esfuerzo en retratar una oralidad, me da curiosidad en lo que piensa el autor de las traducciones ¿Es una cuestión que te preocupa esa traducción a otros idiomas?
Fíjate que cuando estaba escribiendo el libro sí pensaba que no iba a tener sentido traducir mi libro, que iba a perderse casi todo. Cuando el libro se publicó se me bajaron los humitos jajaja. Me siento agradecida de que se vaya a traducir a tantos idiomas, son más de 9 ya. Confío en la labor de las traductoras. No tengo miedo de lo que pase.

_Tu novela ha llamado la atención bastante en tu país por el lugar desde donde se escribe y se habla: desde la precarización laboral ¿Cuán importante era para vos tocar estos temas en este libro?
Estaba un poco cansada de no encontrar libros en los que los personajes no fueran burgueses y, al mismo tiempo, yo estaba pasando un momento económico muy complicado cuando escribí la novela. No sé si era importante o no para mí, fue más algo que me salió de dentro. Quería escribir el libro de dos niñas de diez años durante el verano de 2005 en un barrio del monte de Tenerife. No podía no incluir la cuestión económica. Además, pienso que en mi libro la relación con lo económico llama la atención en especial porque el dinero no abunda, pero el dinero está presente en todos los libros. Lo que pasa es que estamos acostumbradas a leer libros protagonizados por personas que no tienen problemas de solvencia, entonces se pueden permitir no preocuparse especialmente por ese asunto. Cuando los personajes de un libro no se preocupan por el dinero es porque esos personajes tienen bastante dinero.

_¿Escribir poesía te facilitó las cosas al momento de escribir de esta manera Panza de burro? ¿Fue importante la poesía para darle esa fuerza al lenguaje?
Por supuesto. De hecho, creo que Panza de burro sigue siendo, de alguna manera, un libro de poesía. Si te fijas en la forma de los capítulos, en los títulos, en algunos fragmentos, podrías decir que es un libro de poesía. Yo tuve una formación muy profunda en periodismo narrativo. Mi género literario preferido es la crónica y, como decía Juan Villoro, la crónica es el ornitorrinco de la prosa. De alguna manera, yo quiero que mis textos tengan también esa apariencia de animal híbrido. Una de las mejores poetas que he leído es Leila Guerriero y no es poeta, sino periodista. Eso es lo que busco. No dejar los límites demasiado claros.

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