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Una trupé de actores, músicos, zíngaros, aragoneses y españoles acompañan a la violinista ucraniana Tereza Polyvka. Todos dirigidos por Joaquín Murillo, ponen en escena El funeral, una comedia negra que, más que una obra teatral, es un espectáculo musical diferente. Che y Moche es el elenco español que participa por primera vez del Fitcruz y se presentará mañana, a las 19:30, en el Teatro de la Cultura de Tarija y el domingo 28, en la Casa de la Cultura de Santa Cruz (22:00). El funeral es uno de los espectáculos más representados en la última década en España, con alrededor de 1.200 presentaciones. El director del elenco conversó con EL DEBER a su llegada.

_¿Qué representa para el elenco participar del Fitcruz?

Para cualquier compañía que consigue trascender más allá de su propio país, es siempre un síntoma de fortaleza, de que se están haciendo bien las cosas y de que el trabajo que uno hace es bien recibido más allá de tu propio país. Ya estuvimos en el festival de La Paz y ahora estamos en el Fitcruz con mucha alegría. Sabemos que hay una gran tradición teatral, un rigor en programación muy importante y que la selección de espectáculos es magnífica. Estar seleccionados es todo un honor y un placer.

_¿Cuál es el origen de Che y Moche y cómo califican la experiencia de hacer teatro?

Nuestro origen está en el teatro experimental universitario, durante la década de los 90. Venimos de la formación académica de la Escuela de Arte Dramático. Luego dimos clases en la universidad. Comenzamos con aulas de investigación, con gente que se formaba y de allí fuimos configurando una compañía que hacía espectáculos de creación. Siempre es bueno formarte, trabajar e investigar, y encontrar un sello muy personal. Esta fusión entre música y teatro nos da un sello muy identificativo.

_¿Cómo definen el espíritu de la obra El funeral?

Es un espectáculo en el que tratamos de tocar dos ejes fundamentales. Un poco, la identidad del ser humano más allá de las fronteras y donde se encuentra. De ahí ese espíritu zíngaro, que caracteriza a un ser apasionado, que siempre va de un lugar a otro sin rumbo fijo. Por otra parte, está la muerte. Es un tema muy recurrente en la historia del teatro. Para nosotros fue una cosa muy original poder encontrar a través de la música la tradición y el espíritu zíngaro del este de Europa. Creo que es un espectáculo que, de una manera muy festiva, trata de buscar una catarsis con el público. Nos debemos mucho a la gente que se ha movido por Europa y ha recalado en nuestro país. A partir de ese encuentro surgen ideas nuevas. Empaparte de esa gente permite hallar muchos puntos de coincidencia.

_¿Cómo califica el teatro que se hace en España en la actualidad?

Es muy ecléctico. Yo creo que Europa está en un momento muy convulso, sobre todo en temas de identidad. Pero el teatro siempre va por delante. Cuando las cosas están muy crispadas, el teatro se fortalece, se engrosa, es muy necesario. El arte es el que tiene que dar puñetazos en la mesa y mover conciencias. En ese sentido, el teatro está muy vital. Hay muchas compañías y muy diversas. España es un país muy grande, es así que no tiene nada que ver el teatro andaluz con el vasco, con el catalán o con el gallego. Es un país teatral, muy fuerte, con mucho teatro independiente.

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