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En la 45.ª ceremonia de los Premios César del cine francés, el nombre de Roman Polanski retumbó para bien y mal.

En el primer caso porque recibió el César a la Mejor realización por su película J’accuse (El oficial y el espía), aunque el César a la Mejor película fue obtenido por Les Misérables, de Ladj Ly.

En la otra cara de la moneda, Polanski transformó en escándalo la ceremonia de los César dentro y fuera de la Sala Pleyel, donde se concedieron unos premios que iluminan un rosario de crisis sociales, culturales, políticas e institucionales.

Polanski y su película estuvieron en el corazón de la gran polémica nacional. Numeroso público abandonó, airado y protestando, la sala donde se concedían los César. Horas antes que comenzara la ceremonia, centenares de manifestantes protestaban en las cercanías de la Sala Pleyel. “¡Violanski: los César de la vergüenza!”. “¡Polanski, violador, cine culpable!”. “¡Solidaridad con las mujeres de todo el mundo!, era el griterío de las feministas en las afueras.

Varios días antes la directiva completa de los César había renunciado por la controversia.