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En enero de 2020, los cineastas bolivianos recibieron un espaldarazo con el lanzamiento del Fondo de Fomento al Cine y Arte Audiovisual Bolivianos, un mandato de la Ley de Cine 1134 del 20 de diciembre de 2018, que aprobó Bs7 millones para el financiamiento de proyectos nacionales. Pero el apoyo quedó en ilusión; los realizadores presentaron sus propuestas, fueron seleccionados por un jurado y sus nombres se encuentran dentro de un sobre sellado que descansa en el escritorio de un notario desde marzo.

Cual película de suspenso; desde entonces han atravesado por la pandemia del coronavirus, la desaparición del Ministerio de Culturas y Turismo, el cambio de Gobierno y la reposición y ampliación del Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización y la acefalía de la Agencia del Desarrollo del Cine y Audiovisual Bolivianos (Adecine), encargada de administrar el ansiado fondo, pero los cineastas siguen firmes a la espera del ‘claquetazo’ inicial.

Tras más de un mes de gestión, la ministra de Culturas, Sabina Orellana, indicó que revisará los documentos y procedimientos pendientes para elegir al nuevo ejecutivo de Adecine, pero que prefiere no dar declaraciones sobre el bono o la situación del sector cultural.

‘Stand-by’

Para el cineasta Paz Padilla, delegado de la Coordinadora del Audiovisual Boliviano, el vacío en Adecine afecta en la búsqueda de recursos, elaboración de proyectos, generación de alianzas y lanzamiento de concursos. Estima que más de 140 proyectos seleccionados son los que aguardan el apoyo financiero.

“Son proyectos de gente joven, óperas primas, la participación fue revolucionaria, se empezaba a sentir el recambio generacional”, expresó el también miembro del Consejo Asesor del Cine. “Hay una generación que ya ha hecho lo suyo, pero hay tres por debajo que están esperando su oportunidad”, añade.

Con esfuerzo propio

Óscar Salazar es el director de Fuertes, su ópera prima y una de las películas bolivianas de mayor proyección internacional en 2020.

Preseleccionada en 12 festivales internacionales, seleccionada en ocho y premiada en tres de ellos, la producción, caracterizada por una factura técnica altísima, se acercó al millón de dólares.

Como la mayoría de las producciones independientes, fue financiada con inversión propia, apoyo empresarial y ahora con la venta de DVD. Además, espera su difusión en plataformas de streaming y televisión de pago.

Salazar postuló al fondo estatal para el desarrollo de su segunda película, La Sociedad del Rayo. Indiferentemente de la respuesta, planea seguir adelante con la producción de su nuevo filme en 2021. De igual manera, Diego Mondaca y su tercer filme, Chaco, autofinanciado y con el que participó en 16 festivales y obtuvo siete premios. Él postuló con dos proyectos, uno para la difusión de Chaco y otro de desarrollo, sin novedades. “Es una muestra del desinterés de armar y articular políticas culturales y de no ver la cultura como un valor”, expresa Mondaca, que exhibe Chaco en los cines hasta hoy.

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