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El rock boliviano demostró en 2020 que goza de buena salud, a pesar de la pandemia y de una cuarentena que mantuvo alejado a los artistas de los escenarios. Bandas y solistas han podido mirarse hacia adentro y conectarse con mucha gente a través del streaming y las redes sociales.

“Pienso que se está viviendo una etapa de reinvención, atravesando y adaptándose a los nuevos desafíos que le presenta la época en la manera en cómo se graba, cómo se distribuye y cómo se monetiza la música en la actualidad”, explica el productor Igor Tavera.

El músico destaca, de los últimos años, el trabajo del Grillo Villegas, uno de los principales referentes del rock boliviano desde hace tres décadas, “por el compromiso que tiene con su arte, dejar un legado musical importante y la búsqueda por no repetirse”. Tavera también menciona a la banda cochabambina Mammut.

Para el radialista Pato Peters, lo apropiado ahora es hablar no solo de un rock, sino también de un pop boliviano, debido a que la mayoría de los artistas vienen siguiendo esa línea que, desde hace varios años, marcaron grupos como Octavia.

En ese sentido, celebra la diversidad y la inclusión de elementos de otros géneros, desde la electrónica, el rap y el folclore hasta un pop más definido.

“Me parece que, finalmente, estamos saliendo de ese rock puro de guitarras, que sonaba muy a hard rock en Santa Cruz y de ese punk que sonaba muy a Lou-Kass, por decirlo de una manera”, comenta el crítico musical.

Peters destaca lo que está haciendo Canela Palacios, una cantante paceña que ha sacado su disco Sur. Asimismo, menciona a Blossom, un dúo que radica en Nueva York; Mateo Cuiza, un cruceño de 21 años que vive en Argentina y ha lanzado un EP titulado Canciones en el bunker.

También se refiere a Jane De La Cruz, “una chica cruceña que vive en Brasil y que, mediante el rap, aborda temas que muchos han dejado de lado, lo suyo es una denuncia social”.

El periodista no deja de lado a Vero Pérez, que ha lanzado su disco solista y musicalizado una colección de poemas. “La saca de su zona de confort y presenta un trabajo más íntimo”, afirma.

También resalta lo que está sucediendo en Tarija, con propuestas como las de la banda Camarú y el disco Vino galáctico. También menciona a la agrupación Suke.

“Destaco a La Luz Mandarina, que si bien, ha lanzado un EP en 2019, el año pasado ha comenzado a cosechar los frutos de su trabajo. Para mí, es el grupo de rock indie más importante de Bolivia”, expresa Peters.

Mención aparte le otorga a la aparición de las mujeres, a través de solistas y agrupaciones. “Es otra visión, la mujer tiene otra mirada de la música y eso le está haciendo bien a nuestro rock-pop boliviano. Hay muchas chicas y en Santa Cruz es donde más se nota este movimiento, desde Las Majas hasta Izha, Mila Magal y Mayra González”, añade.

La presencia femenina será destacada por Peters en su podcast de música boliviana Sonidos de acá, que está preparando lo mejor del año pasado.

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