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Desde hoy hasta el 8 de marzo, la sala Guaraní del Centro de la Cultura Plurinacional (CCP) recibe al Teatro de los Andes con Un buen morir. La obra, que ha recorrido varios escenarios del mundo, está por tercera vez en Santa Cruz y Gonzalo Callejas, actor y escenógrafo, describió su profundidad y belleza. También detalló los proyectos del grupo.

_Llegan por tercera vez a Santa Cruz con Un buen morir, ¿cómo describirías la obra?
Un buen morir es la última creación del Teatro de los Andes y ya lleva dos años de haberse estrenado, pero igual es una obra nueva, porque en Bolivia se presentó pocas veces y mucha gente quedó con la expectativa de verla.

Es una obra muy íntima, no es como las otras puestas de Los Andes, donde se hacen cosas grandes con temáticas más profundas y actuales. 

Esta obra tiene que ver con la relación de pareja, el paso del tiempo, la vejez, la enfermedad y ciertas decisiones que se toman. Aun así, tiene las características de Los Andes, con mucha imagen, imágenes muy potentes; la escenografía, que cuenta la historia; y la música, que fue compuesta por nuestro compañero Lucas Achirico. O sea, sigue teniendo nuestra característica, estilo e impronta.

_En esta etapa trabajan con directores invitados y en esta obra con el chileno Elías Cohen. ¿Qué les ha aportado?
Ya hace ocho años que nos separamos oficialmente de nuestro director y maestro por 20 años, el dramaturgo César Brie, y decidimos trabajar con directores invitados. Esto también, porque entre los que quedamos ninguno se ‘direccionaba’ a ocupar ese rol, aunque todos tenemos la capacidad y siempre estamos pensando en la escena y sus posibilidades.

Un director es el guía y el que siempre va tejiendo los hilos. En esta ocasión hemos invitado a un director que también es coreógrafo y trabaja con la ‘fisicalidad’ de los actores. De hecho, Un buen morir es una coreografía del inicio al final, tiene una secuencia de acciones y movimientos, y eso es en lo que ha aportado.

Esta obra trabaja con muchos lenguajes y es muy compleja en su estructura. Cohen aportó dándole un trabajo muy físico.

_La obra tiene solo dos actores en escenario y una escenografía sencilla. ¿Cómo captar al público con solo eso?
En una obra todos los elementos están equilibrados, todo debe tener su importancia y su razón de ser en la escena. Cuando esto está completo y la escenografía, la actuación y el texto confluyen en la obra, esta se vuelve potente.

Deteniéndonos en el texto, le pertenece a un poeta chuquisaqueño, Alex Aillón. Él no es dramaturgo y no escribió la obra, nosotros hemos agarrado sus textos y los hemos transformado. Eso hace que sea muy metafórica, muy poética y uno no se fija en los detalles, sino en el todo.

_¿Y después de Un buen morir qué viene, están trabajando en una nueva temporada?
Este año vamos a girar y cumplir invitaciones, primero por Bolivia. Después, tenemos invitaciones a España, Italia, Canadá, Brasil, Ecuador y Argentina, algunas están confirmadas. Esto se va a iniciar a mediados de julio. Antes, en marzo vamos a estar en el Festival de Teatro de La Paz, el Fitaz.

En Sucre probablemente inauguremos un espacio, en un centro cultural que ha estado abandonado por muchos años. Si logramos tener este lugar, que estamos gestionando hace dos años, vamos a empezar a hacer temporadas e iniciaremos una escuela piloto que tenga nuestra manera de trabajar. Sería una escuela itinerante que trabajaríamos por módulos, pero está todavía en diseño.

De todos modos, seguimos haciendo residencias en nuestra sede de Yotala, a las que viene gente de todas partes del mundo. Son residencias intensivas, que duran de dos a tres semanas.

En 2021 cumpliremos 30 años y no es poco para un grupo como el nuestro, que ha tenido un gran recorrido, que es referente a nivel latinoamericano y que ha tenido un trabajo de creación colectiva y de teatro de grupo. Por eso, estamos organizando y gestionando financiamiento para hacer un gran festival y encuentro con grupos amigos de Bolivia, de América y de Europa.

_¿Seguirá habiendo formación para los jóvenes talentos?
Siempre ha habido esa preocupación y, antes de la escuela de Santa Cruz, mucha gente venía a estudiar con nosotros. Claro que siempre hemos sido independientes económicamente y hemos dependido de nuestras giras y funciones. Entonces, antes lográbamos financiar a jóvenes para que vengan a estudiar por un año o dos, pero ahora Bolivia ya no es un país barato y se nos hace difícil financiar estos estudios.

Sin embargo, siempre tenemos alumnos alrededor y proyectos pequeños. No es necesariamente una escuela formal, pero sí pequeños talleres. Los Andes es un proyecto que ha abierto las puertas a mucha gente que quería dedicarse y trabajar su arte por completo. De esos alumnos, algunos se quedan a trabajar algunas temporadas con nosotros. Lo seguimos intentando, lo que nos frena son los recursos, que no encontramos.

Todos los años, a nuestras residencias viene mucha gente y últimamente tenemos la beca Giampaolo Nalli, que financia a jóvenes bolivianos para poder asistir. Eso queremos hacerlo más efectivo con apoyos económicos, porque la formación es esencial.

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